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1717 Words
Sea dónde sea tu parte del mundo: Es tiempo que seas tú lo que suceda. —OG. Leghan. 1   Todos tienen un punto de impacto. Ese que ocurre en el momento menos imaginado, pero después de años de haberlo anhelado. Ese punto en el que solo se sabe que la vida está a punto de cambiar. Si había algo que Cesia no esperaba que ocurriera ese día, era que uno de sus mayores anhelos finalmente se manifestara en su vida. Corrió hasta el auto y se adentró en el asiento del copiloto, sintiendo que el corazón estaba por salirse de su garganta. —¿Qué? ¿Qué pasa? —preguntó Danna, su amiga y compañera de trabajo. —Es que… — se cubrió el rostro con las manos —… es que es. —¿Es que es qué, mujer? — se quejó frustrada — ¿Te hicieron algo? ¿Tengo que ir a pelear? —¡No! — la detuvo antes que abriera la puerta. —¿Entonces? Cesia la soltó y dejó caer las manos sobre su regazo mirando hacia el frente. —Lo encontré — declaró al fin. Decirlo en voz alta hizo que una lágrima de felicidad corriera por su mejilla. Había estado anhelando ese momento desde que tenía memoria, había soñado con ese instante el doble de veces de las que había respirado y finalmente se había vuelto real, mejor de lo que había imaginado. —¿Qué cosa? ¿El café? —No — rio bajando la cabeza —. A él. —¿A él quién, Cesia? Solo la miró, y le tomó un par de segundos a Danna analizar su expresión para luego abrir la boca como nunca antes y cubrirla con las manos en una muestra de sorpresa. —¡No puede ser! ¿A él? ¿Estás segura? — preguntó sin poder creerlo — Como ¿realmente, realmente segura? Asintió. Todo lo que imaginó que sentiría se quedaba muy corto en comparación a lo que había sucedido. Fue mucho mejor de lo que tanto soñó e imaginó. Cesia recordó el momento exacto que actuó como una introducción al punto de impacto. Fue tres días atrás cuando estaba en la cafetería atendiendo una nueva decoración. Era muy temprano en la mañana y se había retrasado la entrega de unas luces que había pedido y que necesitaba colocar para una sesión de fotos especial que tendrían esa tarde. Por lo que habían tenido que abrir mientras ella seguía terminando la decoración. Cosa que no le gustaba demasiado. Estaba instalando en la pared una de las luces led, intentaba darle una forma de ola que subía, pero cuando estaba colocando la cinta que debía subir, su altura no era suficiente, por lo que necesitaba subir a la escalera, y su estrés había sido tanto que no notó que la misma le había quedado muy lejos para tomarla sin soltar las luces. —No puede ser — se quejó en voz baja. Estiró su brazo, no quería gritarle a uno de los trabajadores que fueran a socorrerla, no era bien visto cuando tenían clientes. Pero justo cuando estaba por darse por vencida y despegar las luces para poder tomar la escalera, alguien se acercó con la misma. —¿Necesitas esto? Cesia miró al portador de la voz gruesa y masculina, se trataba de un joven alto, hombros amplios, cabello marrón y ojos color ámbar. —Sí, muchísimas gracias — respondió aliviada mientras él ubicaba la escalera —. Eres muy amable. —Bueno, no agradezcas demasiado — continuó mientras ella subía a la escalera con cuidado —, disfruté viendo por un tiempo cómo te estresabas por no alcanzar porque eres muy bajita. Te veías muy tierna. Cesia rio y negó con la cabeza. —Igualmente, gracias por decidir ayudarme luego de verme sufrir. —No hay de qué —se posicionó recostado de la pared —, Cesia. Es un nombre peculiar. —Como yo — dijo con seguridad mientras terminaba su trabajo. —Tienes mucha confianza o no te gusta recibir elogios. —No tengo tanta confianza — se bajó de la escalera —, y me gusta recibir elogios, pero depende de la persona que me los haga —le guiñó un ojo divertida. Seguido se dirigió a una caja para colgar algunos adornos. —¿Entonces no te gusté? Cesia rio, había tratado con muchos chicos antes, tenía muchos primos, y durante sus días de universidad, de manera que conocía las jugadas por lo que no se ponía nerviosa o se impresionaba por ellas. —Ya, puedes ir a disfrutar de tu café —respondió amable mientras se colocaba de pie —. Gracias de nuevo por la escalera. —Nunca me habían sacudido tan rápido — se hizo el ofendido colocando una mano en su pecho. —No sé por qué, pero algo me dice que no te crea. —Tienes razón, es que no soy de los que coquetean seguido. —Oh, sí, probablemente eres todo un jugador. —¿Noto sarcasmo? Cesia rio de nuevo, el joven le resultaba agradable y gracioso al mismo tiempo. Había algo en él que le caía muy bien, pero no era nada parecido a la atracción, así que definitivamente no era su chico. —Que tengas un feliz día — volvió a despedirlo mientras se concentraba en los adornos. —Vale, vale — abrió las manos —. Pero no prometo que sea la última vez que me veas. —Tomaré la advertencia. Luego de allí, se había ido y no lo había visto hasta ese día, cuando había ido a una distribuidora buscando un café en específico que quería probar. Esa tienda tenía todo tipo de cosas, pero no esperaba que allí fuese a tener su punto de impacto. Al terminar de hablar con la encargada, Cesia, se dirigió a la puerta, donde se había encontrado con nada más que con el chico de la escalera. —¡Cesie! — saludó animado acercándose  ella. —Soy Cesia —corrigió amablemente —, pero hola, chico escalera. —Ah, me diste un apodo, no sabía que íbamos tan rápido. —Seguramente — respondió sarcástica. —Te dije que no sería la última vez que nos veríamos, pero parece que me alcanzaste primero. —Sí, es que me propuse a buscarte y al fin te encontré de nuevo. —Tu sarcasmo lastima — se puso una mano en el pecho. —Ya está  resuelto. La voz que provino de un chico apareciendo detrás de ella, hizo que su corazón saltara con fuerza golpeándole el pecho. Siempre creyó que todo iría más lento en ese momento, peor no fue así, en cambio, fue como una inyección de adrenalina. Miró que el hombre se detuvo junto al chico escalera y solo lo supo. Sus ojos que tenían una forma única eran oscuros, muy oscuros, su piel era pálida, sus facciones viriles. Su porte era imponente. Era alto, sus hombros eran anchos, pero no era exageradamente musculoso. Su cabello oscuro era corto a los lados y un poco más largo de arriba. Cuando su mirada se encontró con la de ella, fue una guerra de emociones, no podía definir ninguna, estaban mezcladas. Las cejas de aquel hombre se alzaron y sus hombros se relajaron. Era él. La persona a la que nunca había visto, pero que tanto había esperado. —Oh, sí, pero primero, ella es Cesia — la presentó —, es la chica de la cafetería que te había comentado. Pero Cesia estaba tan impactada que no podía mover un solo dedo. —Cesia, él es Min, es como mi hermano. Min.                            Su nombre hizo eco en su cabeza, retumbando en su pecho. —Y ahora que lo pienso, no te he dicho que mi nombre es Taegan. Solo asintió. Estaba absorta en capturar en su mente cada detalle de su compañero y este parecía tampoco querer moverse ni hablar porque no lo había hecho. —¿Min? —le codeó Taegan. —Sí, mi nombre es Min — habló para luego aclarar su garganta —. Es un gusto conocerte —extendió su mano hacia ella. Sin dudarlo un segundo, Cesia la estrechó, pero actuó sin saber cómo lo estaba haciendo realmente. —El gusto es mío — sonrió lo mejor que pudo. Él sonrió de regreso. Era él, no tenía duda alguna. No le importaba si era calificada como una romántica empedernida, solo sabía que era él. —Muy bien, puedes soltarla — Taegan separó sus manos —. Es hora de irnos, Min. —¿Ya? ¿Así? —reprochó tan rápido que quiso golpearse a sí misma. Taegan rio y se cruzó de hombros. —Sabía que me habías extrañado. Pero Cesia no dejaba de observar a Min. —Tranquila, te dije que no sería la última vez que nos veríamos — colocó una mano en su hombro —. Nos volveremos a encontrar. —Ya debemos irnos — indicó Min halando a Taegan de manera que su mano se alejó del hombro de Cesia —. De nuevo, fue un gusto conocerte, Cesia. La manera en la que su nombre había sonado al ser dicho por él, no la olvidaría jamás. Había soñado muchas veces cómo sería su nombre pronunciado y no se comparaba en nada a lo increíble que había sonado aquello. —Igualmente, Min. Él asintió en su dirección y sus parpados se cerraron un poco. —Adiós, chica, nos veremos pronto — se despidió Taegan para luego girarse y ser quien halara a Min. Este último la miró hasta que se giró. No pudo concentrarse en lo que estaba experimentando porque la única verdad era que estaba consumida por él, por grabar en su mente cada detalle de su rostro, pero le pareció muy poco tiempo para dejarlo impreso en su mente.  Sin embargo, no importaba demasiado, él ya había quedado grabado en su corazón.  Si era amor a primera vista, no lo sabía, le daba igual cómo lo llamaran, lo cierto era que no había experimentado nada que activara todos sus sentidos como lo había hecho simplemente conocerlo.  Ese había sido su momento de impacto. El instante que anunciaba que al fin, la historia de su vida estaba comenzando. 
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