Emma se quedó inmóvil en el sofá, con los ojos fijos en la puerta por donde Elijah acababa de salir. Su corazón seguía latiendo con fuerza, pero su expresión no mostró ni un atisbo de debilidad. Si Elijah creía que la tenía bajo control, estaba muy equivocado. —Él no va a ceder, ¿verdad? —preguntó Raúl después de un momento, rompiendo el silencio. Emma dejó escapar un suspiro y levantó la barbilla, decidida. —No, no lo hará. Pero yo tampoco. Raúl frunció el ceño, visiblemente preocupado. —Emma, ¿hasta cuándo vas a aguantar este juego? Sabes que no es sostenible. —Esto no es un juego, Raúl —replicó Emma con firmeza, mirando directamente a sus ojos. —Esto es una guerra. Y no pienso perder. —¿Por Brenda? —preguntó él con cautela, bajando la voz como si temiera que alguien más pudiera e
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