Episodio 3

1165 Words
—¿Qué hace esa mujer aquí, Elijah? ¿Tú la invitaste? —Silencio. —ordenó el hombre, aunque sus palabras sonaron débiles. Estaba en shock, al igual que ella. —Por supuesto que no hice eso. Emma no le creía, para nada. Elijah era un obsesivo de primera, nada sucedía en su entorno sin que él lo supiera; si Caílin estaba en la hacienda, es porque él la invito. Apretó los labios en una fina línea, muy indignada. Había soportado toda clase de humillaciones durante su matrimonio, ¿pero esto? Los Williams cruzaron el límite de su paciencia. Y si esa sería su última noche con ellos, al menos haría que no la olvidarán jamás. —¿No crees que debemos ir a saludar? —preguntó componiéndose. Elijah la miró como si le faltará un tornillo en la cabeza. —¿Te has vuelto loca? —Elijah enarcó una ceja en su dirección, lanzándole una mirada escrutadora. Elijah respiraba con fuerza, tratando de contener su frustración. Los ojos se le encendieron con una chispa de furia contenida mientras miraba a Emma, como si quisiera encontrar una explicación a su comportamiento. En su mente, no podía concebir que la mujer con la que había compartido años de matrimonio ahora se comportara de esa manera, tan calmada y desafiante. —¿No te bastó con todo lo que nos hiciste a Caílin y a mí? —espetó Elijah con voz áspera, acercándose un paso más hacia ella. Sus ojos se estrecharon, y un músculo en su mandíbula se tensó—. Nos separaste para siempre. El rostro de Emma se mantuvo imperturbable, aunque el brillo en su mirada revelaba una determinación que él no había visto antes. Los años de soportar las mentiras y las infidelidades de Elijah la habían endurecido, forjado una coraza que él apenas comenzaba a descubrir. —Yo no los separé —respondió ella, su voz apenas un susurro que logró helar el aire entre ellos—. Fuiste tú quien la dejó por casarte conmigo. Nadie te obligó, Elijah. Las palabras parecieron un golpe para él, pero Emma ya no estaba dispuesta a contenerse. Había pasado demasiado tiempo permitiendo que la culparan por todo. Si Caílin estaba en la hacienda, era solo para añadir una última traición a la larga lista de afrentas que había soportado de los Williams. Y esta vez, ella no sería la víctima. Elijah la miró con incredulidad, como si no pudiera reconocer a la mujer que tenía delante. Su voz bajó a un murmullo, cargado de una mezcla de exasperación y súplica. —Emma, por favor... No hagas esto. Te lo ruego. —¿Hacer qué? —Una sonrisa irónica curvó los labios de Emma—. ¿Decir la verdad? La tensión se hizo insoportable. Un murmullo incómodo se levantaba en el salón, donde algunos invitados empezaban a notar que algo andaba mal. Emma pudo sentir las miradas de los presentes clavándose en su espalda, pero no le importaba. Ya no. Esta era su última noche en la hacienda y no pensaba desperdiciarla ocultando lo que sentía. —He soportado suficiente —dijo finalmente, girándose para darle la espalda a su marido—. Ya no tengo por qué quedarme. Buenas noches, Elijah. Elijah observó cómo Emma se alejaba con un destello de desprecio en sus ojos. Para él, ella no era más que un obstáculo que debía soportar, un error en su vida que había sobrevalorado su importancia. Cuando la vio marcharse por las escaleras, no sintió ninguna pérdida; solo la furia de ver que, una vez más, ella intentaba salirse con la suya, armar un escándalo para dejarlo en evidencia frente a todos. Apretó los dientes, luchando por mantener la compostura mientras los murmullos aumentaban a su alrededor. No dejaría que una escena ridícula arruinara la noche. Sin embargo, en el fondo, la actitud desafiante de Emma era una molestia que le costaba ignorar. ¿Cómo se atrevía a darle la espalda, como si fuera ella la agraviada? Para Elijah, esa salida de Emma no era más que la confirmación de su carácter insoportable y la prueba final de que su matrimonio nunca tuvo sentido. Emma subió las escaleras sin volverse, su corazón latiendo con fuerza, pero su expresión serena. Al llegar a su habitación, cerró la puerta detrás de sí con un golpe suave pero definitivo. Ese sonido fue como un punto final, una clausura para todos esos años de engaños, silencios y promesas rotas. Se dejó caer sobre la cama, sintiendo la inmensa liberación que suponía finalmente haberle dicho a Elijah lo que pensaba. Sabía que no sería fácil marcharse de la hacienda, pero estaba preparada para afrontar las consecuencias. Esa era su última noche como la esposa sumisa que Elijah había moldeado a su gusto. A partir de ahora, comenzaría a escribir su propia historia, lejos de los Williams y su venenosa influencia. Con esa decisión clara en su mente, Emma cerró los ojos, dispuesta a descansar como hacía tiempo no lo hacía. Emma despertó de golpe en plena madrugada, con la sensación de que algo no estaba bien. Una voz apagada, pero insistente, rompía el silencio de la noche. Se levantó de la cama y se acercó a la puerta, abriéndola apenas lo suficiente para escuchar con claridad. Las voces, un murmullo agitado, provenían del despacho de Elijah. Guiada por un instinto inexplicable, salió de su habitación y avanzó por el pasillo en penumbras, procurando no hacer ruido. Al acercarse, reconoció la voz de Caílin. Se detuvo fuera del despacho, pegando la espalda contra la pared. —Sabía que esto era lo que planeabas —decía Caílin con voz suave, pero cargada de intención—. Todo lo de la familia de Emma ahora es tuyo, Elijah. Todo lo que ella tenía, te pertenece. No tienes por qué seguir atado a ella. Nosotros podríamos estar juntos, como debía ser desde el principio. Emma sintió un nudo formarse en su estómago. Apoyó la cabeza contra la pared y cerró los ojos, respirando con dificultad para no ser descubierta. La realidad de las palabras de Caílin le cayó como un balde de agua fría. No era la primera vez que se enfrentaba a la traición, pero escuchar cómo se trazaban los planes para deshacerse de ella, después de todo lo que había soportado, le hizo hervir la sangre. Dentro del despacho, Elijah permanecía en silencio, aparentemente evaluando las palabras de Caílin. Cuando finalmente habló, su voz sonaba distante, calculadora. —¿Y qué te hace pensar que quiero volver a lo de antes? —preguntó, dejando entrever una ligera burla—. El pasado es eso, pasado. —Elijah... —La voz de Caílin tembló, traicionando una mezcla de inseguridad y deseo—. Sé que me extrañas, lo sé. La única razón por la que te casaste con Emma fue por lo que su familia podía darte. Ahora eso ya lo has conseguido. Y aquí estoy, dispuesta a perdonarlo todo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD