Emma dejó la copa de champán sobre la mesa, sus dedos temblaban levemente. Su mente seguía dando vueltas a las palabras venenosas de Caílin y la tensión palpable con Elijah. Necesitaba salir de ahí. El aire en el salón se sentía espeso, cargado de miradas y susurros que la asfixiaban. —Voy al baño —susurró a Raúl, quien la miró con sospecha pero asintió. Mientras se dirigía hacia la salida, un estruendo la hizo detenerse en seco. El sonido de un disparo desgarró la elegancia de la velada. Los gritos se alzaron al instante, la multitud comenzó a dispersarse entre empujones y pánico. Emma sintió cómo el instinto de protección la invadía, pero antes de moverse, un fuerte brazo la envolvió, empujándola hacia el suelo. —¡Emma! —La voz grave de Raúl resonó cerca de ella. Su cuerpo cubría el

