Capitulo 1

1250 Words
Ya nada sería lo mismo. Mi vida había sido siempre hermosa, tenía a mis padres y al mejor de los Cicarelli, para mí ¿Qué más podía querer? —Regina, levántate, ya es hora de ir a clases. —Ya voy, mamma. Otro día más en mi agetreada vida de estudiante, estaba en mi último año y ya soñaba con entrar a la universidad a estudiar pedagogía, me encantaba la idea de enseñar y sobre todo a niños pequeños, se me daba bien y en los últimos años me había dedicado a ser niñera para juntar dinero y no hacerles la carga tan pesada a mis padres. Me levanté, como ordenó mi hermosa madre y fui corriendo al baño, otra vez me había quedado dormida soñando con mi hermoso príncipe azul, Lorenzo Cicarelli… Vamos que el chico era un Adonis, metro noventa de puro músculo, unos ojos negros como la noche y esa boquita que daban ganas de morder. —Deja de pensar en estupideces, Regina. Él jamás se ha fijado en ti. Me recordaba a mí misma la cruel realidad. Lorenzo era el tercero de los hermanos Cicarelli y el más apetecido por el sexo femenino, él había salido hace dos años del colegio y estudiaba Administración en la universidad mientras ayudaba a su padre en la empresa. Las cosas para los Cicarelli habían cambiado mucho desde aquel día que la señora Cicarelli, junto a Bruno y Giovanni se habían ido, pero aún recuerdo la cara toda golpeada de Bruno y los gritos que se escucharon esa noche, es que su padre se había transformado en un ser déspota y malhumorado que quería hacer un matrimonio arreglado para beneficio de su empresa ¡Dios, estábamos en el siglo XXI! y ese señor se creía en el medioevo. Con la partida de el mayor y el menor de los hermanos, otros que cambiaron fueron Lorenzo e Ítalo. Ya no eran los chicos más vivaces y, aunque me seguían tratando como una princesa, me fueron dejando poco a poco a un lado, hasta casi desaparecer nuestra interacción.. Lo que nos lleva al tienpo presente, donde en la casa Cicarelli vivíamos el señor Cicarelli, Lorenzo, mis papás y yo. De Ítalo sabía que estaba bien en el ejército y de Gio y Bruno solo sé que Gio se encuentra en Roma y Bruno con su mamá viajaron a Estados Unidos. Extrañaba tanto a esos dos. Bueno a todos, pero sobre todo a ellos, pues siempre fueron buenos conmigo y me trstaban como a su hermanita menor y que decir de la señora Cicarelli, ella no hacía distinción entre nosotros y decía que era la hija que nunca tuvo, lo que hacía enojar a mi mamá, pero se le quitaba de inmediato cuando le decía que era como su hermana y yo su sobrina. Salgo de mis recuerdos con esa familia, mientras seco mi cabello y comienzo mi nuevo día vistiendo mi uniforme escolar. —Ya estoy lista. —Por fin, niña, pensé que tendría que sacarte con una grúa de la cama. —Mamma… —Apresúrate y toma tu desayuno que ya voy atrasada a la fábrica. —¿Y pappa? —Salió de madrugada con el señor Cicarelli y Lorenzo, creo que me dijo que irían a Génova por un cargamento de telas. Eso era otra cosa que había cambiado, mi padre, la mano derecha del señor Cicarelli y él habían comenzado varios negocios con un hombre un tanto tenebroso y estoy segura que algo de mafioso tenía, porque cada vez que venía a la casa de los Cicarelli me miraba con ojos lascivos, de solo pensarlo se me pone la piel de gallina. —¿Terminaste? —Ya, vamos. Me iré comiendo la tostada en el camino—le digo tragando el vaso de leche y mordiendo mi tostada. —Está bien,, chiquilla endemoniada. Tomamos nuestras cosas y salimos de casa. Nosotros vivíamos en el mismo terreno que los Cicarelli, en una pequeña casita que estaba en la parte trasera. Todo era perfecto o eso pensaba en ese momento… Me despedí de mi mamá, mientras ella tomaba el bus hacia la textilera, en cambio, yo me iba caminando pues el colegio me quedaba cerca. —Hola preciosa, buenos días —me saluda Carlota, mi mejor amiga y la eterna enamorada de Ítalo. —Hola Carlo, buen día ¿Cómo dormiste? —Soñando con mi hermoso militar—suspira y veo como se le cae la baba de lo enamorada que está. —Toma—le digo entregándole un pañuelo. —¿Y para qué quiero eso? —Para secarte la baba, idiota— salgo corriendo pues suena la campana y aprovecho de escabullirme del regaño de mi amiga. —¡Regina! ¡Me la vas a pagar, cría del demonio! Entramos a nuestra sala y comenzamos las clases como cada día, aburrido y monótono, pero era necesario, sobre todo para mantener mis notas y poder acceder a una beca en la universidad. Cuando estábamos en la clase de matemáticas entró de improviso la asistente de la directora. —Profesor, necesito llevar a la alumna Castello a la oficina de la directora. —Ya escuchaste, Regina, por favor acompaña a la señorita Lucca. Me levanté de mi pupitre y comencé a caminar hasta la puerta, pero la señorita Lucca me habló. —Será mejor que traigas tus cosas. Hice lo que me pidió y tomé mis libros y mochila, para hacer de nuevo la caminata junto a la señorita Lucca a la oficina de la directora. Al estar frente a la puerta de la oficina y después de tres golpecitos se escuchó el adelante y la asistente de la directora abrió la puerta y me dio el paso. Dentro de la oficina estaba la directora y un oficial de policia sentando frente a ella. Debo decir que me asusté pues no entendía por qué había un policía buscándome. —Regina, por favor toma asiento. Me indica la directora y yo le hago caso sin chistar. —¿Para qué me ha llamado señora directora? —Eso te lo va a explicar el oficial Vincenzo, querida. El oficial mi miró con un dejo de tristeza y bajó los ojos como si me pidiera perdón por lo que me iba a decir. —Regina ¿Sabes dónde está tu padre? —¿A que se debe la Pregunta señor oficial? —Lo estamos buscando igual que a su jefe, pero no los hemos podido contactar. —Pero eso podría resolverlo mi madre, ella debe estar a esta hora en la textilera—digo tranquilamente, pues es la verdad. —Lo siento, Regina. Es por esa misma razón que los estamos buscando. —No lo estoy entendiendo, oficial. La directora se levanta de su silla y se acerca a mí, también en su mirada hay tristeza. —Regina, hubo un incendio en la textilera y por desgracia una de las víctimas fue tu madre. Esto no podía ser cierto, me despedí de ella para venir a la escuela ¿ cómo podían ser tan crueles de decirme tamaña estupidez? Peor aún ¿Cómo podían decírmelo sin ningún filtro? Comencé a hiperventilar y mi visión se empezó a nublar, solo los veía como manchas y sus voces parecían ahogadas. —Regina… Regina… ¡reacciona! Fue lo último que entendí y caí en un profundo pozo sin fondo. ------------------------------ Copyright © 2025 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative
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