Pamela Competir con la Lía era perder de entrada, y lo supe desde el principio. No me tomó semanas entenderlo ni analizarlo como en una junta de negocios. Me tomó una noche solitaria. Una sola noche fría. Sebastian dormía a mi lado, de espaldas como siempre, respiración lenta y profunda que llenaba la habitación oscura, cuerpo grande y musculoso ocupando la mitad de la cama king con sábanas de hilo egipcio que costaron una fortuna pero no calientan nada. Yo lo miraba en la oscuridad absoluta, estudiándolo como se estudia a un enemigo amado que no quieres perder. Sus hombros tensos incluso dormido, como si cargara peso invisible. La mandíbula apretada con fuerza, barba de dos días raspando la almohada. El hombre que el mundo llama magnate intocable… y que yo sabía roto por dentro, aunqu

