—Deposita el dinero en la cuenta del cirujano plástico para que pueda realizarme la abdominoplastia —bebió un sorbo de te caliente.
—No.
—¿Por qué no?
—Ya no es mi responsabilidad.
—Claro que sí, soy tu esposa —dijo molesta —. Por si no te has dado cuenta mi vientre quedo flácido y con una enorme cicatriz.
—No exageres, solo son diez centímetros —lleve a mi hijo a la ventana para que sintiera el calor del sol.
—¡Por culpa de ese mocoso arruine mi cuerpo!
—Eso lo hubieras pensado antes de tratar de encadenarme embarazándote— sonreí con burla —. Ninguna mujer puede retenerme. Tu no sabe cuántas veces pague en clínicas privadas para que les colocaran métodos anticonceptivos a mis amantes.
—Tu ni siquiera te preocupaste por mí.
—Decidiste dejar de tomar las pastillas en el momento menos indicado. Debiste de conocerme mejor antes de suponer que era un ángel caído de cielo que podías chantajear con algo tan delicado como lo es un bebé.
—Nos casamos, somos marido y mujer es normal que los hijos sean parte del matrimonio.
—Eso sería normal si los dos nos amaramos con locura, aspecto que no es asi.
—Yo si te amo.
—Yo no. Solo fuiste calentura de una noche de copas, un error que estoy tratando de resolver.
—Dame una oportunidad de demostrate lo cariñosa que puedo ser contigo.
—No me demuestres nada a mí. Tu hijo te necesita y no has querido ni verlo.
—Luka no me importa —rodo lo ojos cuando le recordé lo mierda que ha sido con la criatura que llevo durante nueve meses en su interior —. Es un niño más en esta sociedad.
—No es cualquier humano. Luka es mi hijo y es mi apellido el que hará temblar al mundo cada vez que sus pies caminen por esta tierra.
—Di lo que quieras, no me interesa.
—Aja.
—Señor, todo está listo —el chofer llamo a la puerta entes de entrar.
—Perfecto.
—Al fin me iré de este lugar —con calma Deniska se levantó de la camilla y fue directamente al baño para cambiarse. Sostenía la herida de la cesárea con sus manos mientras una enfermera la ayudaba a ponerse el abrigo y una palestina sobre la cabeza.
—Disfrute a su bebé —dijo la señorita.
—Gracias —cubrí a mi pequeño con una segunda manta.
Deniska se enterró entre los edredones de su cama al instante en el que llegamos al penthouse. Tuve que pedirle al personal que adaptaran la cuna de mi pequeño en mi habitación ya que su madre no se hará cargo de él. La ama de llaves realizo un informe de todas las posibles niñeras que pueden ayudarme a vigilar a Luka mientras estoy trabajando. Revisé a detalle toda la información y decidí contratar a una mujer de cuarenta años, es enfermera y pedagoga. Estimulara a Luka a temprana edad, un factor importante para que se desarrolle con rapidez.
—Ven acá campeón —levante su cuerpo y lo coloque sobre mi cama —. Resulta que papá se quedara contigo todo un mes, la realidad es que no sé lo que vamos a hacer todo ese tiempo ya que la pediatra me dijo que no puedes salir al exterior —observe sus diminutos ojitos verdes.
Es difícil explicar lo que siento cada vez que mi hijo me mira con tanto amor, tal vez sea una reacción a la falta de cariño con la que me crie desde muy pequeño, carecí de atención y de todo lo referente que un padre puede darte hablando sentimentalmente por supuesto, ya que en el aspecto económico lo tuve todo sin medida. El sueño que estoy viviendo es una fantasía de la que no quiero despertar. Probablemente tenga que sufrir un poco más para ser feliz. Se bien todo lo que me espera a partir de ahora, son inteligente como para conocer que la etapa más dura del desarrollo de mi bebé es esta y se complica más el asunto si añado la asquerosa actitud de su madre para con Luka. No es posible que no quiera verlo ni amamantarlo. Por estupideces como esa el riesgo de contraer más enfermedades es mayor.
—¿Qué sucede? ¿Qué pasa Luka? —estaba por terminar un libro cuando el llanto de mi hijo me hizo levantarme del sillón para cargarlo —. Se que tienes hambre, no te desesperes —camine por el corredor hasta llegar a la cocina. Calenté un poco de agua y coloqué dos cucharadas de formula. Antes de llevar el biberón a su boca me cerciore que la temperatura fuera la indicada —. Aquí tienes.
—Señor —la ama de llaves entro corriendo —¿Necesita algo?
—No. Todo está bien —dije sin mirarla —. Asegurate de que mañana se presente la niñera.
—Como ordene señor.
En mi habitación espere a que Luka bebiera toda la leche para después sacarle el aire. Esforcé a mi sistema a que se mantuviera tranquilo al cambiarle el pañal, respire profundo antes de abrir la bomba de, ya saben, no es necesario que lo diga para que me entiendan. Prácticamente me convertí en un papá soltero.
Por la mañana hable con la niñera interrogándola sobre los conocimientos que posee además de que me intereso conocer su ambiente familiar y social. Después de llegar a un acuerdo con su salario y de convencerla para que accediera a quedarse en la casa a tiempo completo por fin pudo mostrarme las maneras en las que debo cuidar a Luka. El primer baño en el que participe fue todo un desastre, salí empapado de la regadera y la verdad es que no se ni porque ya que sumergí el cuerpecito de mi hijo en una tina especial para él. Lo siguiente que sucedió me dio la oportunidad de elegir las prendas que utilizaría el bebecito para cada día. Deseaba vestirlo con algo más formal y elegante pero desafortunadamente no puede hacerlo ya que al nacer todos los niños necesitan ropa suave y de algodón para evitar rozaduras. La nana me recomendó que lo alimentara a libre demanda. Las primeras consultas con el pediatra fueron maravillosas porque pude resolver todas mis dudas acerca de la paternidad y del crecimiento de mi pequeño.
La estimulación llego poco después de que Luka se adaptara mejor a mi cama que a su cuna. Prefiero una y mil veces tenerlo junto a mí que a unos escasos metros de distancia. Leíamos cuentos para niños antes de dormir o por lo menos antes de que él se quedara profundamente dormido. La música no la hice parte de la diversión ya que no soporto los ruidos, prefiero el sonido que hace su garganta cada vez que pide y exige mi atención. Aprendí a masajear su piel y a estirar sus extremidades con aceites de olores muy dulces. Cada día era una aventura nueva, alguna vez termine con el pecho y la espalda vomitadas a causa de que la leche se regresaba por el conducto menos indicado, pero… nada que no pueda solucionarse con un largo y relajante baño.
Todo va saliendo de maravilla… nada puede salir mal a estas alturas…