Capitulo 6.

1310 Words
Último trimestre de embarazo. —Bienvenido a casa señor Marchetti —la ama de llaves me recibió en la entrada del penthouse. —¿Cómo va todo por aquí? —dejé el saco y la gorra de mi uniformé sobre el respaldo del sofá. —Su esposa no ha podido dormir en estos últimos días que usted estuvo de viaje, los síntomas del embarazo se han incrementado —dijo tristemente —. Hemos tratado de ayudarla, pero… me temo que no es posible. —Me encargare de ello. —Como usted ordene señor. —Mmh — regrese a mi hogar días antes del nacimiento de mi hijo, no podría ni siquiera pensar en dejarlo solo. Respiré profundo antes de entrar a la alcoba donde encontré a Deniska recostada alrededor de almohadas que la ayudan a mantener su abultado vientre cómodo —¿Cómo estás? —Mal —respondió sin abrir los ojos. —Estas a días de dar a luz, es normal. —Lo se. Ven a tranquilizar a tu hijo, está pateándome — señalo el lugar en donde tome asiento para colocar mi mano sobre su barriguita —. Le encanta escucharte. —Hola campeón, muy pronto estarás en casa —me acerque para depositar un casto beso. —¿Por qué regresate? Pensé que no te importábamos. —La que no me importa eres tú, mi hijo es lo único que tengo en esta vida —sé que la verdad es dolorosa, pero prefiero hablar con sinceridad —. Podrás largate a donde quieras cuando me entregues a mi pequeño ¿entendiste? —No será tan fácil… no pienso darte el divorcio. —Lo harás por las buenas o por las malas… si decides lo segundo te advierto que no va a ser agradable para ti. —Y dejame en paz que no estoy de ánimos como para discutir contigo. —Aja —sonreí —. Descansa… si puedes. Disfruté de comer un poco de fruta picada antes de ducharme para sumergirme en la comodidad de mi cama, fueron muchas horas de vuelo que obviamente no pude descansar como se debe. Al instante en que mi cuerpo sintió la suavidad del edredón me quede profundamente dormido. Fue extraño que Morfeo se apiadara de mi por lo menos media hora llevándome a un mundo de oscuridad donde no podía sentir absolutamente nada más que tranquilidad. Desperté con la piel bañada en sudor y con una extraña sensación en los ojos. Con calma me incorpore deslizando mis pies por la alfombra. —¿Drako? —¿Qué? —fruncí el ceño con los ojos cerrados. —He roto fuente. —¿Tienes contracciones? —fui al vestidor y me cambié de ropa lo más rápido posible. —Si. —Ok. Iremos al hospital. —Está bien — respiro dos veces antes de recargarse en el buro —. Duele —apretó los dientes. —Tranquila, todo estará bien —la cargué antes de salir de mi habitación —. Envíen las maletas a la clínica —le dije a la ama de llaves. —Si señor. —¡Aaah! —Deniska apretó mis brazos con fuerza cuando sintió una contracción —¡Apresurate! —Eso hago —la acomode en el asiento trasero de la camioneta. Enseguida el chofer condujo por la carretera y aparco en la entrada de la clínica donde previamente le avise al director que ya íbamos en camino. —Hola, adelante —dijo el ginecólogo —. Debe esperar en la sala señor Marchetti, le avisaremos cuando todo esté listo. —Mmh — escuche la conversación de un par de señoras mayores mientras esperaba. —Señor Marchetti, ya puede entrar a ver a su esposa —dijo una enfermera. Camine junto a la chica quien me guio hasta la alcoba de Denis —. La señora esta estable. El ginecólogo espera que en las próximas horas se llegue a la dilatación correcta para poder ingresarla a quirófano. —Gracias. —¡Me duele! —No te quejabas asi cuando estábamos en la luna de miel —encendí el televisor. —¡¿Qué estás haciendo?! —Ver mi serie favorita mientras tu estas en labor de parto. —¡Me estoy muriendo y a ti solo te preocupa ponerte al día con eso! —No me preocupa nada, yo no daré a luz. —¡Y que yo sufra por tonta! —Asi es. Nunca debiste dejar de cuidarte. —¡Maldita sea! —Deja de quejarte, no puede estar tan mal… solo respira. —¡Es lo que hago! —por los gritos y quejidos de Deniska no pude disfrutar de la serie, es estresante la actitud que adquirió después de media hora de contracciones. Varias veces las enfermeras han venido a tranquilizarla —¡Quiero ver al ginecólogo! ¡No soporto el dolor! —Señora, debe de mantenerse relajada. Las respiraciones son importantes para que soporte el dolor —la enfermera reviso el suero. —¡Ya sáquenme a esta cosa! —Háganle una cesárea, no soportara el parto —dije con fastidio. —Traeré al ginecólogo para que pueda hablar con usted — minutos después ya me encontraba firmando la autorización para que se llevará a cabo la cirugía. —Puede estar presente en el nacimiento de su hijo si asi lo desea. —Prefiero quedarme aquí a esperar. —Está bien —dijo el médico. Le informe a la aerolínea que tomaría un mes de descanso ya que mi hijo estaba a punto de nacer. —Señor Marchetti, ya puede ver a su bebé —con una enorme sonrisa la pediatra me llevo a los cuneros —. Es el varón de la manta amarilla. > Mi pequeño niño es una cosita tan frágil y rosada que es increíble que en estos momentos lo esté mirando. Por fin puedo presumir de un ser que es totalmente mío, nadie podrá arrebatármelo. Al tenerlo entre mis brazos mi columna se estremeció como si miles de corrientes eléctricas quisieran destruir mis huesos. Bese su diminuto rostro y las comisuras de mis labios se elevaron para dar paso a una sonrisa completamente de felicidad. El olor que desprendía era adictivo. Comparar el acto que realice al inclinar mi espalda para rozar mi nariz muy cerca de su pecho como la forma en la que los animales reconocen a sus crias. Tan fascinante manera de un padre al olfatear a su cachorro. —Bienvenido Luka Marchetti —movió sus manitas intentando huir de la cobija que lo tenía prisionero —. Soy papá mi amor. —En unos momentos le daremos un biberón para que lo alimente —dijo la pediatra —. Su esposa se encuentra estable, ya la han trasladado a su habitación —escuche lo que la doctora me dijo sin quitarle la vista a mi hijo. —Mmh —asentí con la cabeza. Todo el tiempo mantuve a mi primogénito muy cerca de mí. Mis brazos se convirtieron en una amplia cuna en donde Luka estiro el cuerpo empujando sus piernas hacia adelante. Memorice cada detalle de su hermoso rostro. Se parece mucho a su madre tiene sus ojos, su boca y hasta la nariz. Por un instante dude sobre el parentesco que tengo con la criaturita que mueve la boca buscando ser alimentado por su madre algo que nunca va a suceder ya que Deniska se negó a amamantar a su propio hijo. Las enfermeras muy amablemente me enseñaron como es que debo colocar el biberón para que Luka beba la leche de fórmula que el pediatra recomendó para él. Es un proceso sencillo, aunque tiene complicaciones como el de golpearle con ligeros toquecitos la espalda para que saque todo el aire que succiono por el chupón. Deje que las asistentes se encargaran de cambiarle el pañal y de bañarlo.
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