Ada pov.
Estaba teniendo el mejor de los sueños, hasta que mí madre llegó a arruinarlo, debería ser ilegal despertar a uno un sábado tan temprano.
–Hija son las doce del mediodía y tu acá aplastando el trasero.-dijo casi a los gritos.–Alex vendrá por ti en una hora, así que levántate.-ordenó y cerró la puerta, generando un gran estruendo.
Okey no era tan temprano como lo creía.
–Si mamá, buenos días.-pongo los ojos en blanco antes de estirarme y dirigirme al baño por una ducha de agua caliente.
En cuanto el agua caliente cae sobre mis hombros siento como se relajan, pero ese momento de relajación termina cuando recordé que Alex vendría.
Vuelvo a poner los ojos en blanco.
Termino de darme la ducha, envuelvo mi cuerpo desnudo con una toalla y salgo para vestirme en mi habitación.
Abro el placar y me detengo a mirar las prendas que cuelgan de las perchas, decido ponerme unos jeans azules ajustado con una blusa negra lisa y unas zapatillas también negras.
Seco un poco mi cabello y lo cepillo, agrego algo de maquillaje a mi rostro y para cuando me miro al espejo, parece natural y eso me gusta.
Bajo las escaleras y en la sala está mi padre y mi madre balbuceando una que otra palabra.
–Buenos días.-digo mientras me dirijo a la cocina por mi desayuno.
–Buenos días hija.-contestan al unisonó.
En la cocina me encuentro con Rosa, una mujer joven, muy bonita y amable. Rosa trabaja acá desde hace 2 años y es la mejor en todo lo que hace, en lo personal, le tengo un gran aprecio.
–Buenos días Rosa.-digo mientras me siento en una de las sillas de la isla.
–Hola dormilona, por fin te levantas. -dice mientras me sirve un jugo de naranja y unas medias lunas. –Ya va a estar el café. -me anuncia y me dedica una sonrisa.
–No, gracias Rosa, hoy no quiero café.-digo mientras comienzo a desayunar.
–Está bien cariño.
Acabo con mi desayuno y miro el reloj que se encuentra colgado en la pared.
11:45.
Pronto llegará Alex, me recuerda mi subconsciente.
Pongo los ojos en blanco por tercera vez en el día.
Subo a mi habitación por mi celular y mi bolso, cuando se escucha el ruidoso motor del coche de Alex.
Bajo a la sala y tanto mi madre como mi padre están en la puerta recibiéndolo como si fuese un Rey.
Me encuentro con los ojos color avellana de Alex y ruedo los ojos en forma de molestia.
–Mira cariño quien llego.-anuncia mi madre con una estúpida sonrisa en su rostro.
La observo unos minutos pensando en que responder.
–Alex.-digo cortante y paso por su lado dirigiéndome afuera.
–Hola amor.-dice él muy infeliz con una sonrisa de burla.
–Vamos?-pregunto ya molesta.
–Claro.-les dirige la mirada a mis padres que me observan con molestia. –Nos vemos luego señores Brown. –Dice mientras comienza a caminar hacia su Mazda Vision Coupe para luego abrir mi puerta.
En cuanto está dentro, arranca el motor.
–Donde tenemos que ir hoy?-pregunto mientras miro por la ventana.
–Tenemos que visitar a Richard, ya sabes.-dice sin quitar la vista del camino.
Richard era un hombre de unos cuarenta y ocho años al que le hacíamos recados y a cambio de nuestros recados, el realizaba favores a nuestros padres, nunca se nos era informados de que tipos de favores eran, como todo lo que hacíamos de seguro no eran buenos ni mucho menos legales.
–Bien y luego?-pregunto sin interés alguno.
–Te llevo a casa princesa.-hace una pausa. –o podríamos ir a otro lugar. -dice con voz de seductor.
–Deja de bromear Alex.
Suelta una risa que es contagiosa y no puedo evitar reírme también.
A veces era extraña nuestra relación, odiaba su arrogancia, pero no siempre era así, había días como hoy, que dejaba toda esa arrogancia de lado y se convertía en aquel niño agradable que una vez conocí con quién disfrutaba pasar el rato a su lado.
–Podrías dejarme en casa de Brooke?- miro por primera vez su perfil para ver qué tipo de expresión se reflejaba en su rostro.
–Porque? Ve sola.-contesta de manera seca y sigue conduciendo.
Ahí está, damas y caballero, regreso Alex.
El silencio invadió el automóvil, creando un ambiente algo incómodo. Sabia que no le caía bien mi amiga, pero no tendría que verla, solo me tenia que llevar hasta su casa, ni siquiera tenía que bajar.
Bufé y me crucé de brazos. –Olvídalo, llévame a casa en cuanto terminemos con esto.
–Bien como tú quieras.
¿Acaso era bipolar o solo un idiota más?
Luego de 15 minutos aproximadamente de puro silencio, llegamos al depósito en donde Richard hacia sus negocios y tenía su “mercancía”.
Alex estacionó enfrente de la puerta y se quitó el cinturón de seguridad, lo cual yo también hice.
–No tienes que bajar si no quieres.– Dijo en forma seca.
No me gustaba nada este hombre, pero tampoco dejaría que el se encargara de todo. No iba a darle la oportunidad para que luego se lo cobrara.
–No, estoy bien, iré contigo. -Anuncié mientras abría la puerta del coche y evitaba ver su rostro molesto.
Hoy era un lindo día, como para salir con amigos, quizás la mayoría de los adolescentes normales lo están haciendo, pero no, Alex y yo no lo éramos.
Teníamos que hacer creíble nuestra relación, teníamos que fingir que realmente nos amábamos.
Quizás algunos creían que nuestra vida era puro lujos y era perfecta, pero si tan solo supieran que para tener todos aquellos lujos tuvimos que hacer muchas cosas de las cuales ninguno se siente orgulloso. Vivimos mintiendo acerca de nosotros, si supieran que toda esa perfección que les hacemos ver es toda una farsa, nuestra vida es muy miserable por más lujos que tengamos.
No había notado que me había quedado encerrada en mis pensamientos y paralizada al lado del coche hasta que Alex pegó sus labios a mi oído. –¿Estas bien?
Asentí en forma de respuesta, mientras entrelazaba nuestros dedos para comenzar a caminar hacia la entrada de aquel horrible lugar.
Tocó la puerta y esperamos hasta que nuestro querido Richard viniera a recibirnos.
Estuvimos esperando alrededor de 5 minutos, Alex ya estaba impaciente y no dejaba de presionar mi mano con fuerza.
–Oye, sé que no te gusta esperar, pero podrías intentar no romper algún tendón de mi mano.
Soltó una risita y dejo de apretar mi mano. –Perdona.
–Bien, me debes algo por eso.
–Como qué?
–Se agradable de nuevo, realmente lo extraño.-me sincere.
–Pedís mucho.-hizo una pausa. –Además tú sabes porque soy así, las cosas tampoco fueron fáciles para mi Ada.
–No es un justificativo, las cosas no fueron fáciles para ninguno ¿te lo recuerdo?
Soltó una bocada de aire. –No es necesario recordar el pasado. -miró el suelo con pena.
–Perdón, Alex no quería….
El sonido de mi voz se perdió con el fuerte ruido de la puerta abriéndose, por fin Richard aparecía.
Alex en cuestión de segundos cambio su postura y su rostro, ahora se encontraba serio, el apretón de su mano ahora era firme.
–Lamento mucho a verlos hecho esperar, ya saben cómo son los negocios muchachos.-miró fijamente a Alex, quién estiró su mano como forma de saludo, este la estrechó sin problemas. Su mirada se posicionó en mí. –Hola cielo, tanto tiempo.-dijo con una voz seductora que sonó asquerosa en mis oídos.
Alex se aclaró la garganta. –¿Qué tenemos para hoy?-preguntó con su tono seco y serio de siempre.
–Veo que están apresurados. -Alex asintió. –Bien, será simple, tienen que entregarle unos bolsos a un tipo, súper fácil muchachos.-explico.
–Bien, ¿A dónde? -pregunta Alex.
–Tienen que dejarlo a las 21:00 pm, en un bar, te pasaré la dirección por mensaje.-hace una pausa. –Bien, les diré a mis hombres que te carguen los bolsos en el baúl, ya regresó.
Ni siquiera espero una respuesta de nosotros, sólo se dio la vuelta sin más y se perdió en el interior del depósito.
Oí un bufido a mi lado y sentí como la mano de Alex se alejaba de la mía.
–Odio a este tipo.-Dijo mientras sacaba un cigarro del bolsillo de sus jeans.
–Creí que lo habías dejado.
–Si lo hice, pero este hombre me estresa e irrita tanto que lo necesito como para relajarme.
No respondí nada y saqué mi celular para distraerme un rato.
Luego de unos largos minutos, la puerta volvió abrirse dejando ver a dos hombres cargando un bolso en ambas manos, mientras que Richard los seguía detrás.
Alex tiro su cigarro y abrió el capot del coche.
Eran grandes y se veían pesados, no sé cómo pasaríamos desapercibidos con el tamaño de los bolsos.
Ya estaba comenzando a frustrarme.
–Esta noche dejaras solo dos de ellos y mañana te avisaré cuando tendrás que dejar los otros dos.-Habló dirigiéndose a Alex. –¿Entendido?-Preguntó con un tono de voz más alto.
Ambos asentimos y comenzamos a caminar hacia el coche.
Murmuré un adiós y subí al auto.
–Cuídense.-Fue lo ultimo que dijo antes de que arrancara el coche.
El camino de regreso fue tranquilo, ninguno habló y ni siquiera intentamos hacerlo.
Frenó el auto en frente de mi casa, agarré mi cartera y bajé del coche.
–Vendré por ti a las 20:00pm, por favor no tardes mucho y ya sabes ponte prendas que no llamen tanto la atención.
–Lose Alex, no necesito que me lo recuerdes.
–Bien, adiós.
Asentí en forma de respuesta, di media vuelta y comencé a caminar hacia la entrada de mi casa, oí como el motor del su coche arrancaba y de apoco se iba alejando hasta que el ruido se hizo inaudible.
Introduje las llaves en la puerta y entre. Fui directo a la cocina en busca de Rosa, ella se encontraba lavando los platos, en cuanto me escucho dejo de hacerlo.
–Cariño llegaste, ¿qué tal te fue?-preguntó con una agradable sonrisa.
–Bien.-respondí sin ánimo alguno.
–Me alegro mi niña, ¿necesitas algo?
–Si, algo de comer, ¿podrías preparar pastas?
-Claro que sí.
–Bien, gracias Rosa.-hice una pausa. –Mis padres ¿sabes dónde están?
–Tuvieron que salir, dijeron que pronto regresan cariño.
–Está bien, estaré en mi cuarto.
–Avísame si necesitas algo más ¿sí?
–Si Rosa, no te preocupes.-dije mientras le dirigió una sonrisa.
Asintió y comenzó a cocinar.
Mientras tanto me dirigí a mi cuarto.