Capítulo 9
En aquella habitación sólo se encontraban ambos chicos, Rose y su madre los habían dejado solos por petición del mismo Jimin. Una vez solos, respiró profundo tomando su mano. Hye estaba más despierta y consciente.
— ¿Quieres decirme que pasó? —su voz fue serena, pero algo seria—Nos asustaste a todos.
— Lo siento—susurró sin verlo.
— ¿Fueron las voces de nuevo?
Hye quiso negarlo, pero con un nudo en la garganta asintió, apretó la mano de Jimin temblando ligeramente. Éste acarició su dorso devolviéndole el apretón.
— Vas a salir de esto—prometió. HyeLin lo miró conteniendo las lágrimas—Hace cinco años hicimos una promesa, voy a cumplirla cueste lo que cueste, sé que debo llenarme de paciencia y la tendré—acarició su mejilla apartando aquella lágrima silenciosa—Eres fuerte, Hye, fuerte y valiente.
— Ellas son fuertes...
— Tú lo eres más—susurró—Te encontraremos ayuda, por tu bien y por el bien de todos, ¿Confías en mí?
— Vas a dejarme, lo sé.
— No te dejaré, ¿Crees que me rindo fácilmente? —sonrió con algo de tristeza—No dejes que esas voces te hagan creer cosas que no son, me conoces, soy el mismo Park Jimin de hace años, sabes como soy—acarició su mano—Cuando ellas aparezcan búscame.
— No, ellas no quieren, se enojan si están cerca.
— Sólo hazlo—le guiñó un ojo—Por ahora tienes que recuperarte, intentemos que...esto...—señaló sus vendas en sus muñecas—No se repita, ¿Sí? Si algo llegara a pasarte jamás me lo perdonaría.
A HyeLin le conmovió eso, ¿Acaso Jimin estaba diciéndole que era importante para él?
Dos semanas después
En varios días Jimin estuvo pensando la forma de contarle sobre aquel centro de talleres que el doctor Min le había revelado, buscaba la manera de que la chica no se negara, por desgracia, HyeLin era mayor de edad y si se rehusaba a ir no podía obligarla, pero...podía intentar convencerla, eso mismo quería hacer. Luego de lo sucedido en el baño, Jimin procuraba no dejarla sola mucho tiempo, sus voces no habían aparecido de nuevo para torturarla y eso le inquietaba más. ¿Cuándo sería el siguiente ataque?
Rose se había disculpado con Hye frente a su madre y su hermano, Jimin seguía algo molesto con ella, pero intentaba no ser tan duro, después de todo los tres intentaban ayudar a la chica de una manera u otra.
La brisa revolvía el cabello de la muchacha, el aire era salado, bajo sus pies sólo había arena, a Hye le agradaba la sensación de ésta, el sol comenzaba a esconderse en el mar creando un ambiente hermoso y digno de ser fotografiado, Jimin la había llevado a la playa para disfrutar del atardecer, el cielo estaba pintado de naranja de una manera única, ambos estaban sentados junto al otro, el sonido del mar era relajante también.
Jimin notó que la atención de la chica estaba en sus muñecas, no tenían las vendas ahora, pero...tenía cicatrices que le dolían ver.
— Hye.
— ¿Mmm? —volteó a verlo, sin querer lo intimidó un poco.
— ¿Qué te parece...tomar clases en algunos talleres?
— ¿Talleres? ¿Cursos pequeños?
— Algo así, cada día verías algo distinto y no estarías tanto tiempo encerrada en casa, te ayudaría a ir acostumbrándote a las calles como sugirió el psicólogo—intentó animarla hablando despacio temiendo su reacción—Creo que te sentaría bien.
Lo siguiente le tomó por sorpresa.
— ¿Puedo tomar uno de manualidades?
— ¡Claro! —sonrió— ¿Te interesa entonces?
— Sí—asintió—Pero...si tengo otra crisis...
— Ese lugar está...especializado en...eso—fue borrando lentamente su sonrisa—Los alumnos de allí son...como tú, pero quieren mejorar y los talleres les ayuda mucho.
— ¿Qué lugar es ese? —frunció el ceño.
— Cuando estabas en el hospital, el doctor que te atendió me contó que su hijo pasaba por lo mismo—explicó—Dijo que los talleres lo han ayudado un poco, me sugirió llevarte allí...
— No, no—de inmediato se negó.
— Escucha, sólo irías a clase y luego regresarías a casa—tomó su mano antes de que se alterara, miró fijamente sus ojos oscuros—Nadie te dejará, no tienes que quedarte, sólo son clases, ¿De acuerdo?
— ¿Lo prometes?
— Lo prometo—la rodeó con sus brazos abrazándola.
— ¡Es una excelente noticia! —la señora Park estaba más que contenta al enterarse que la chica había aceptado.
— ¿Necesitas ir de compras para clases? —Rose intentó animarla a salir.
— No, no es necesario—Hye abrazó su almohada negando con la cabeza—Jimin irá a inscribirme mañana.
— Te hará bien, cielo, ya verás.
— ¿Qué talleres piensas tomar?
— No lo sé—estaba segura en uno, pero no sabía nada más—Ahjumma, ¿Debería ir con Jimin para familiarizarme con el lugar?
Rose y la mujer sintieron cierta emoción de que ella pensara en esa iniciativa, según el psicólogo de Hye, había que motivarla a ir saliendo de casa por minutos u horas, HyeLin debía acostumbrarse a cosas simples que para cualquiera serían absurdas, pero para las personas como ella eran delicadas.
— ¡Por supuesto!
— Te ayudaré a escoger la ropa para que des una buena impresión—Rose se ofreció.
— ¿Le has contado sobre eso?
— Sí—Hye asintió—Jimin no tiene problema con eso, sólo...estaba dudosa.
— Me parece buena idea—opinó—Así puedes aclarar tus dudas y escoger tus propias clases.
— Jimin dijo que hay muchos talleres.
— Entonces te dejaremos para que hagas una lista mental de ello, ¿De acuerdo?
Hye las miró levantarse para salir de la habitación, pero antes de que se alejara, la chica tomó la muñeca de la señora Park. Ésta la miró de inmediato con curiosidad.
— Ahjumma, ¿Podemos hablar a solas?
— Oh, claro—una vez solas volvió a sentarse en la cama— ¿Qué sucede?
— Lamento mucho la carga que estoy siendo.
— ¿Qué dices? Nada de eso, saca esas ideas de tu cabecita, me encanta tenerte aquí, eres de mucha ayuda y eres una hija más para mí—besó su frente abrazándola con fuerza. HyeLin sonrió con su barbilla en el hombro de la mujer sintiendo ese abrazo similar a los que le daba su madre, aquel recuerdo le hizo sentir un nudo en la garganta, la señora Park notó sus ojos llorosos preocupándose— ¿Qué sucede?
— Nada—se apresuró a parpadear—A veces suele recordarme a mi madre.
— ¿La extrañas mucho?
— Sí, cada día—admitió. La mujer quiso preguntarle más, pero sabía que poco a poco Hye tomaría la iniciativa de contar lo que pasó con sus padres.
— Con más razón necesitas ir a esos talleres, estoy segura que ella te habría animado ir, toda madre quiere lo mejor para sus hijos.
— Le he fallado mucho, si me viera ahora estaría muy decepcionada de mí.
— HyeLin—la chica subió la mirada—Los padres nunca nos decepcionamos de nuestros hijos, incluso cuando decimos lo contrario mentimos, nuestros hijos siempre son el orgullo para nosotros.