Capítulo 8

1402 Words
                                                                                          Capítulo 8 — Oppa—Rose entró a la cocina donde su madre y su hermano comenzaban a preparar el desayuno—Oppa, mamá necesitan subir ahora mismo—ambos la miraron sin entender—Hye está encerrada en el cuarto. — ¿Qué? —Jimin secó sus manos con el pañuelo de la cocina y siguió a su hermana de prisa—Ella estaba durmiendo. — Iba a disculparme con ella, pero cuando intenté abrir la puerta no podía. Jimin al llegar a su puerta intentó girar el pomo, pero éste se negaba a moverse, acercó su oreja a ella intentando escuchar algo, pero su temor fue que todo estaba en demasiado silencio. — ¿Hye? —tocó la puerta rogando que abriera— ¿HyeLin? Soy yo, abre, por favor. — ¿Llamo una ambulancia? Jimin la fulminó con la mirada, su hermana ya daba por sentado que algo ocurría, en su interior el chico rubio no quiso darle la razón. — Trae un cuchillo. — ¿Escuchas algo? —su madre se unía recién a ellos. — ¿Hye? —Jimin repitió la misma acción, tocar e intentar girar el pomo— ¿Hye, puedes oírme? Su madre llevó sus manos a su pecho, sentía su corazón latir lleno de miedo. Rose regresó con un cuchillo y Jimin usó la punta haciendo maniobras para que finalmente el seguro cediera, la puerta se abrió dejando ver la habitación totalmente en calma, se dirigió hacia la puerta del baño que estaba cerrada con seguro de nuevo. Jimin usó el cuchillo hablándole a Hye sin tener respuestas, una vez que logró abrir encontró la bañera llena de agua. — ¡Hye! —Jimin corrió de inmediato metiendo sus manos sacando a la muchacha de allí. — Dios mío—la señora Park notó sus muñecas sangrando y con cortadas, los nervios la atacaron al ver a la chica en ese estado comenzando a sollozar. — Llama a la ambulancia—miró a su hermana— ¡Llama una maldita ambulancia!                                                                                   Hace cinco años atrás   — Es bonito, ¿Cierto? —Jimin miró a la muchacha de uniforme escolar similar al suyo. HyeLin sonreía viendo como las luciérnagas brillaban sobre aquel lago sin tocar el agua, la noche había caído y Jimin la había llevado al parque luego de clases invitándole algo para comer. Aquel lago usualmente siempre estaba solo al estar alejado de los demás y algo escondido. Hye se levantó sacudiendo su falda y se acercó a la orilla del lago mirando aquellos puntos iluminarse. — Es muy relajante, apenas escucho los autos o las personas—acercó su mano a una de ellas, pero se alejó volando de inmediato. Jimin sonrió por lo asombrada que se notaba. — ¿No sabías sobre él? — No—negó—He visitado este parque, pero...nunca este lago. — Creo que este lago se parece a ti—Hye lo miró sin entender—Ambos están alejados de los demás, pasan su tiempo a solas y no muestran su verdadera belleza. Ambos estudiantes compartieron una mirada que pudo decir mucho. Hye apartó la vista sonrojándose ligeramente, aclaró su garganta cruzándose de brazos. — Podrías ser poeta. — He leído algunos libros de poesía, pero escribirlos no es lo mío—ladeó su cabeza apoyando sus brazos en sus rodillas—Todos tenemos problemas, pero pocos sabemos solucionarlos. — Mis problemas no tienen solución. — ¡Todo tiene solución! Como cuando te di ese bocadillo de arroz y tu hambre se calmó. — El hambre no es un problema serio. — Lo es—Jimin encontró su mirada—Las personas que dejan de comer porque se consideran obesas tienen un problema, creen que la solución es dejar de comer lastimando su organismo y su estómago, ¿Cuál es la solución? Hye respondió al instante. — Hacer una dieta y ejercicio adecuadamente. — Esa es una alternativa, pero la verdadera solución es amarte a ti mismo—HyeLin bufó— ¿Qué? Es la verdad. — Esa es una tonta excusa para evitar decirle a alguien que está mal. — ¿De qué te sirve hacer dieta y ejercicio si no te amas? —Jimin se encogió de hombros—Hay personas que incluso estando delgadas siguen odiándose, pero hay personas con sobrepeso que se aman así mismos. — Y morirán amándose así mismos. — No lo harán, ¿Sabes por qué? Porque el amor nunca te permite rendirte.                                                                                               Presente   Jimin despertó de golpe por una mano en su hombro, sus manos tomaban la de HyeLin quien seguía inconsciente en aquella camilla con algunos cables en sus brazos, miró a su madre quien le sonrió cariñosamente acariciando su cabello. — El doctor quiere hablar contigo, puedo quedarme con ella si quieres. Jimin asintió levantándose de la silla, restregó sus ojos parpadeando varias veces intentando espabilarse un poco, un hombre de bata blanca y cabello oscuro con lentes lo esperaba en el pasillo. Era el doctor que había atendido a HyeLin en cuanto llegaron a emergencias. — Doctor Min—hizo una reverencia—Disculpe, Hye todavía sigue dormida y... — Lo sé, no se preocupe, venía a hablar con usted—sonrió un poco temiendo su reacción con lo que iba a decir—Joven Park, ¿Es primera vez que la señorita Ryu se lastima así misma? Jimin quiso negarlo, pero no lo hizo. — No—suspiró cruzándose de brazos—Anteriormente se había lastimado las muñecas, pero es primera vez que intenta...suicidarse. — Su hermana dijo que estaba dentro de la bañera. — Sí, Hye...estaba inconsciente dentro del agua—sintió un sabor amargo en la boca al imaginarse lo que hubiera pasado si Rose no hubiera avisado—Su pulso era muy débil y no dejaba de sangrar, por eso llamamos por ayuda. — Ya veo—el doctor Min suspiró—Joven Park, no es primera vez que veo estos casos, aunque no soy psicólogo ni estudié nada referente a enfermedades mentales, es más que obvio que esa chica necesita ayuda profesional. — Lo sé, doctor, intento ayudarla. — ¿Y muestra mejoría con esa ayuda? — No mucho—admitió con pena—No quiero llevarla a un psiquiátrico, Hye empeoraría de ser así, es su mayor temor, a decir verdad. — Conozco un lugar que podría ayudarle. — No quiero... — No es un psiquiátrico, es más como un...centro de talleres para personas así—comentó—Hay chicos de todas las edades pero más que nada jóvenes como la señora Ryu—sonrió un poco—Cada día ven un taller diferente, siempre rotan sus actividades, los trabajadores de ese centro reciben indicaciones de los familiares de los alumnos sobre sus medicinas—a Jimin le pareció interesante—Realmente es bueno, la señorita Ryu asistiría a clase como cualquier centro de estudio, las personas como ella necesitan mantener su mente ocupada, el mismo centro ofrece ayuda psicológica. — ¿Ella no estaría encerrada en ese lugar? — Claro que no—negó con la cabeza—También tuve el mismo temor que usted, mi hijo está en ese centro y hasta el momento se ha notado cierta mejoría en él. — ¿Su hijo? —Jimin se mostró sorprendido—Lo siento mucho. — No tiene que sentirlo, la sociedad hoy en día está tan mal que las personas como mi hijo o la joven Ryu terminan siendo afectadas—dio unas palmaditas a su hombro—Ella saldrá de esto, tiene que tener mucha paciencia y ser fuerte. Jimin sintió que esas palabras le apretaron el corazón, creía en lo que el doctor había dicho. La sociedad era una completa mierda, cuando destruía a las personas como HyeLin o el hijo del doctor Min se excusaban diciendo que estaban mal de la cabeza, la forma más rápida de etiquetarlos era llamarlos locos.     HyeLin fue despertando por la noche, sus muñecas estaban cubiertas con vendas, tenía un leve dolor de cabeza y estaba totalmente desorientada. Escuchó voces que fueron haciéndose más claras, Jimin fue lo primero que vio, éste acarició su mano dando un suave apretón. — Tranquila, tómalo con calma. — Mi niña—la señora Park besó su frente más aliviada ahora que despertaba. Rose estaba en esa habitación viendo como la chica se recuperaba después de lo sucedido. Recordó lo aterrado que se vio su hermano cuando la sacó de aquella bañera, era primera vez que veía a Jimin tan alterado y aterrado. Estaba de acuerdo en que la ayudara con sus problemas, pero... ¿Y si HyeLin no tenía solución? ¿Y si todo eso era sólo una pérdida de tiempo?
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