Adele se dirigió al escritorio de la secretaria
-Disculpe, señorita, pero ¿será que puedo pasar a hablar con el diputado? – Preguntó Adele –
-Sí, señorita. Puede usted pasar – Dijo la secretaria –
-Muchas gracias – Dijo Adele dirigiéndose a la oficina del diputado –
-Buenos días, diputado. Soy la reportera Adele Samaniego del periódico: El Sol de
Venezuela –
-Tome asiento, señorita Samaniego – Dijo el diputado sentándose en su silla detrás del gran escritorio de caoba – Dígame. ¿En qué la puedo ayudar? –
-He venido aquí a buscar información sobre los niños desaparecidos, ya hace un mes, Pedro y Martín de 10 y 12 años. Los padres no han tenido ninguna noticia por parte de las autoridades – Dijo Adele sacando su libreta y lápiz –
-Bueno. Son muchos casos señorita – Respondió el Diputado – Y no podemos dar respuesta a todo con la inmediatez que esperan.
-¿Pero sí se ha investigado el caso? – Preguntó Adele de manera inquisitiva – ¿Y qué pasa con los posibles sitios a dónde se llevan a esos niños?¿Están siendo vigilados? –
-¿Vigilados? ¡Por Dios! ¡Nuestra fuerza policial no cuenta con todos los recursos, ni materiales, ni humanos – Dijo el Diputado –
-Entonces ¿Qué respuesta le da a los familiares en estos casos?¿Qué respuesta le da a los medios de comunicación con respecto al trabajo de gobierno y esta problemática? –insistió Adele escribiendo en su libreta de notas y como no escuchó respuesta levantó la mirada –
-La respuesta es señorita – Dijo mirándola furioso y levantándose de su asiento – Que tenemos mucho trabajo y atendemos lo que podemos. Hay casos que son más prioritarios que otros –
Adele, no se dejaba amedrentar fácilmente y también se levantó y dijo:
-¿Y éste caso no es prioridad? Son los niños del país. Resolverlo les ganaría adeptos al partido de gobierno y votantes ¿No cree usted? –
El Diputado suspiró y dijo:
-¡Espere aquí! – Y se fue por espacio de 15 minutos para regresar con una carpeta –
-Ésto es todo lo que hay: fueron vistos por última vez en la calle Belisario Domínguez, cuando se observó una camioneta negra y dos sujetos vestidos de n***o. Informantes nos refieren que escucharon mencionar la ciudad de Guerrero y un área aledaña, pero más nada –
-Bueno ¿Y eso se investigó? – Preguntó Christine y el hombre la miró como hostinado –
-No. Porque como verá, hay demasiado trabajo, pero usted es libre de investigar si quiere – Dijo el Diputado de mala manera –
-¡Muchas gracias! – Dijo Adele – ¡Eso es justo lo que haré! ¿Puede darme la dirección de la zona aledaña en Veracruz? –
El Diputado le entregó la dirección y le dijo:
-¡Tenga cuidado! ¡Ésta gente son peligrosas! ¡No les gusta que anden husmeando y mucho menos reporteras bonitas! –
-Lo tendré en cuenta – Dijo Adele – Y en nombre de la madre preocupada de esos dos niños: muchas gracias por su atención y por su tiempo –
Adele salió de la oficina del Diputado y se dirigió a su auto. Quería hacer unas vueltas antes de regresar al hotel. Decidió estacionar en la calle donde encontró un gran mercado donde mucha gente se paraba a comprar por la gran diversidad de artículos que se podían encontrar aquí. Se llamaba la central de abastos. Muy conocida en la ciudad por los comerciantes, ya que aquí hacían las compras para suplir sus negocios a buenos precios.
Adele decidió caminar por éste mercado viendo las distintas tiendas y se paró primero en una donde vendían abrigos y decidió que le hacía falta, por lo que compró dos y luego al doblar en una esquina llegó a una tienda donde vendían flores y ésta daba directamente a la avenida. Adele, se agachó a oler algunas flores y no vio la camioneta que se paró en la calle y de donde un hombre se asomó sacando un arma, por lo que sólo escuchó gritos y gente correr en todas direcciones. De pronto, alguien que venía corriendo la abrazó y cayeron al piso. Era Eathan quien había hecho una maniobra y la había hecho girar para caer sobre él y luego voltearla para así y quedar cubierta por el cuerpo de él.
Todo sucedió muy rápido y lo siguiente que escucharon fue el ruido de llantas de un auto que arrancaba a gran velocidad.
Eathan se volvió a ver para la calle y constató que la amenaza había pasado. Ya no quedaban personas caminando por el lugar, pues todos habían corrido al ver al hombre armado. Cuando Eathan ayudó a Adele a levantarse del suelo, notaron que hasta las tiendas habían cerrado con sus pesadas rejas de hierro.
-¿En qué momento pudieron cerrar tan rápido? – Se preguntó Adele y se imaginó que era un sistema que ya tenían practicado para hacerlo de manera tan rápida –
-¿Estás bien? – Preguntó Eathan tomándola del brazo y llevándola para cruzar la avenida mirando a ambos lados –
-¿Qué sucedió? – Preguntó Adele sin obtener respuestas – ¿Quiénes eran esos hombres? – Preguntó Adele tratando de seguirle el paso a Eathan –
Llegaron a un auto dorado. Eathan se dispuso a abrir la puerta, pero Adele estaba cansada de sentirse ignorada. Quería respuestas.
-¡Entra! – Dijo Eathan –
-¡No voy a ninguna parte hasta que me expliques qué es lo que está sucediendo! – Dijo Adele, cruzándose de brazos con terquedad –
-¡No es el momento para hablar! ¡Súbete al auto para llevarte a tu hotel! – Dijo Eathan mascullando las palabras. No entendía por qué ésta mujer era tan terca –
-¡Ya te dije que de aquí no me muevo hasta obtener una explicación! – Dijo Adele todavía con los brazos cruzados –
-¡Tú! – Dijo Eathan señalándola con el dedo índice – ¡Eres un problema! ¡No tienes discreción ni cuidado! – Terminó Eathan lanzando la puerta del auto –
-¿Ah sí? – Gritó Adele encarándolo –
-¡Sí! ¡Eres muy llamativa! ¡No tienes sigilo! – Habló Eathan mascullando las palabras y hablándole a centímetros de su cara –
-¿Entonces no sirvo para esto según tú? – Preguntó Adele sin apartar la mirada de los ojos dorados que parecían de fuego y mascullando las palabras también –
-Quien sea que te asignó éste trabajo no sabía de tu inexperiencia – Dijo Eathan – ¡Tú no puedes andar por todo CDMX preguntando por esos niños secuestrados así no más, por eso decidí seguirte, porque eres una imprudente – Terminó Eathan –
-¿Entonces qué? ¿Te tengo que agradecer por salvar mi vida o qué? – Preguntó Adele –
-Lo mejor que podrías hacer es irte de México y dejar que otro más experimentado realice esa investigación, pero como se que no vas a tomar mi consejo, pues sólo me queda decirte que hagas lo que se te dé la gana. ¡No me importa! – Gritó Eathan alejándose y subiéndose al asiento de conductor y arrancó su auto marchándose –
-¡Qué hombre tan engreído y tan exasperante! – Se dijo Adele volviéndose para mirar a ambos lados y cruzar la avenida para ir hasta donde había dejado su auto – ¿Qué coño era lo que se creía al gritarle que ella no servía para hacer ésta investigación? – Se dijo molesta – Aunque era cierto que éste era su primer trabajo como reportera de campo, creía que tenía lo que hacía falta: Coraje y autenticidad. Por algo, su editora Ivonne la había escogido para el trabajo y no la iba a decepcionar. No iba a salir corriendo ante la primera amenaza.
-¡Le demostraría al desgraciado del Eathan que ella sí podía! – Se dijo molesta aferrándose al volante. Iría a buscar pistas y sin la ayuda de Eathan – ¡Le demostraría lo que ella podía hacer como que se llamaba Adele Samaniego! –
Cuando llegó nuevamente a su habitación en el hotel, antes de llamar a la señora Lupe para avisarle lo que había investigado. Decidió que era hora de llamar a su abogado para que iniciara los trámites del divorcio. Quería concluir ese asunto lo más pronto posible y darle a Adrián, su libertad para que se casara con la doctora, que era ahora la dueña de su corazón. Ella, quería salir pronto de esa película, de la cual, ya no formaba parte.
Después de hablar con el abogado, éste le explicó que en una semana le estaría enviando los documentos para que ella los firmara y luego se los enviaría a Adrián para que él firmara y en aproximadamente un mes, estarían divorciados. Adele, le dejó claramente explicado que no veía la hora para que ese divorcio se hiciera efectivo, así que estaba dispuesta a pagarle muy bien.
Luego, llamó a la señora Lupe para contarle lo sucedido y agregó:
-Si quiere podríamos acercarnos y averiguar esto un poco.
-Sí. Claro que sí – Dijo Lupe – Yo iré con usted. Es la primera pista en meses de espera –
-Bueno, la pasaré buscando mañana en la mañana. A las 7 de la mañana – Dijo Adele y colgó el teléfono –
Adele, decidió llamar a su editora, pues una de las condiciones para aceptar trabajo investigativo era reportar los movimientos, salidas y las personas con las que tiene contacto, así que hizo su reporte evitando decir deliberadamente, lo mal que se la llevaba con el agente. No quería preocupar a Ivonne y tampoco quería que pensara que no podía con ese trabajo por culpa del pinche agente.
Se preparó para dormir y cuando se acostó se quedó viendo el techo un momento y vinieron a su mente las imágenes de Adrián. De cuando la rescato del deslave de la montaña. De cómo la acompañó a todos los sitios para conocer a la Madre María de San José. De cuando estuvieron juntos en Nueva York. De la boda – Y aquí ya se había largado en llanto, porque recordó con dolor, cuando lo vio con la doctora. Lo abrazados y felices que estaban. Ella, no parecía tener ninguna importancia en sus pensamientos.
-¿Ya qué más da? – Se decía Adele – Sólo le quedaba llorar, porque no había nada más por hacer. Él, se había ido y la había abandonado allí a su suerte, sabiendo que estaba sola. Sin nadie más a quien recurrir sino a él. Ahora ella debía acostumbrarse nuevamente a estar sola y hacer sus batallas sola, como lo hizo siempre desde que era niña. Le pedía a la Madre María que le diera la fuerza para batallar como antes. Estaba segura de que ésta etapa pasaría y estaba segura de que Dios había puesto un lindo futuro delante de ella, pero sin Adrián.
A la mañana siguiente, abrió la puerta para salir muy temprano e ir a buscar a Lupe como habían quedado cuando se encontró de frente con Eathan.
-¿Y tú qué haces aquí? – Preguntó Adele molesta –
Eathan, por toda respuesta, la empujó para entrar de nuevo a la habitación.
-¿Estás loco? ¿Qué es lo que te pasa? ¡Voy a gritar! ¡Y tendrás que explicarle a la policía tu presencia en MÍ habitación – Dijo Adele recalcando el “mí” –
-¿A dónde piensas ir? – Preguntó Eathan ignorando toda la perorata de Adele –
-¡A ninguna parte que a ti te importe! – Dijo Adele encarándolo –
-Pues, fíjate que sí me importa, si piensas poner en peligro a una dama como la señora Lupe – Dijo Eathan encarándola también – ¿Es que tú no piensas? ¿Cómo vas a llevar a la madre de esos niños por todos esos rumbos donde crees que podrías conseguir una pista? ¿No entiendes que es peligroso? – Finalizó Eathan –
-¿Sabes qué? ¡No me interesa nada de lo que tú digas o pienses! ¡Me voy! ¡Cierra la puerta cuando salgas! – Dijo Adele saliendo resuelta de la habitación sin voltearse a ver qué estaba haciendo Eathan –