El primer encuentro con el agente

1981 Words
Adele se despertó muy temprano, aunque sentía cansancio todavía, pero se puso a la tarea de arreglar sus pertenencias, cuando sacó de su bolso una imagen de una santa venezolana, a la cual, le tenía mucha fe, porque conoció de ella cuando llegó al pueblo de Choroní donde conoció a Adrián y siempre le oró por que la ayudara a tener mucha fuerza, valor y paciencia. -¿Quién es la Madre María de San José? – Se preguntó Adele – Fue un hermoso ser humano, humilde pero disciplinada, fundó la orden de la congregación: Hermanas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús. Una mujer que demostró ejemplo férreo por las causas justas y promotora invaluable del amor a Dios. No le importaba exponer su vida al irse en tren a atender los heridos por el ataque de la guerrilla. No temía por su vida, pues sabía que Jesús, le protegía. En el pueblo de Choroní y en toda Venezuela es muy amada y venerada. Adele, admiraba la fuerza y valentía de ésta santa y le pedía que la ayudara a ser fuerte y valiente ahora que su matrimonio había terminado y estaba pensando en qué sería de su vida ahora. Fue tan intempestuosa su partida de Venezuela que ni siquiera le había avisado a doña Charo, por lo que decidió que la llamaría para contarle esa noche. Por el momento, tenía que comenzar a trabajar. Después de desayunar, salió del hotel y caminó un poco por las calles, tomando fotos a los puestos de comida, a la gente, a las calles. México tenía una cultura riquísima, milenaria y antiquísima. Estuvo caminando y tomando fotos por dos horas, por lo que decidió hacer uso de la tarjeta que le dio Ivonne y alquiló un auto. Ya se las arreglaría con las direcciones. Salió del alquiler de autos con una camioneta y se dispuso a buscar la dirección donde vivía la familia de los niños secuestrados. Tardó y dio muchas vueltas, pero la encontró. Estacionó en la casa de la esquina, bastante sencilla con un portón azul y había en la puerta un lazo blanco y n***o. Una mujer madura abrió la puerta. Sus ojos hablaban de muchas horas de trabajo. Tal vez, bajo el sol. La miró con una sonrisa sencilla. -Soy Adele Samaniego y soy reportera del periódico El sol de Venezuela. He venido hasta aquí porque nos interesa escuchar su historia y saber qué pasó con esos niños – -Claro que sí, señorita y a mí me gustaría que los periódicos supieran de mis hijos. A ver, si alguien me da respuestas – Dijo la señora – Pase adelante señorita. Mi nombre es Guadalupe, pero todos me dicen Lupe. -Muchas gracias ¿Hay un lugar dónde podamos hablar? – Preguntó Adele – -¡Claro que sí! ¡Pásele, nomás! – Dijo Lupe – Pasemos a la sala. ¿Le pudo ofrecer un cafecito? – Dijo Lupe muy amable – -¡Sí, me gustaría! – Dijo Adele sentándose en el sofá, mientras Lupe fue a la cocina y regresó con los dos cafés sobre una bandeja pequeña y le ofreció uno a Adele – Se sentaron en la sala y allí Lupe comenzó a hablar contando cómo fueron los acontecimientos ocurridos el día de la desaparición de los niños: -Los niños salieron a trabajar como todos los días y cuando no regresaron en la tarde, dieron aviso a la policía, pero no ha habido respuesta desde entonces – -¿Cuáles son sus nombres? – Preguntó Adele – -Pedro y Martín. Tienen 10 y 12 años – Respondió Adele – -¿Hay algo más que quiera usted decir y compartir? – Preguntó Adele – -No. Nada. Sólo que las autoridades aquí, no se preocupan por las denuncias que hacen las personas como nosotros. A nosotros, no nos toman en cuenta, ni nos atienden. No nos escuchan. No nos dan trabajo. Nosotros tenemos que ver por nosotros mismos. Eso sí de la mano de Dios siempre y de la virgencita de Guadalupe – Adele asentía con la cabeza , mientras le daba un sorbo a su café y continuaba escribiendo. -¿Y qué le dicen las autoridades sobre los posibles sitios a donde se llevaron a los niños? – Preguntó Adele – -Lo que nos decían al principio es que estos secuestradores siempre se iban hacia Veracruz, Tamaulipas, Guerrero, Sinaloa, zacatecas y Laredo, que es donde está la organización más grande, pero, ahora sí ya no nos dicen nada – Terminó la señora llorando –Y pos entonces, seguimos aquí, sin saber si siquiera si estarán vivos – -Lo siento mucho – Dijo Adele – ¿Esos son todos estados de aquí de México ¿Verdad? a excepción de Laredo – -Sí, señorita – Dijo Lupe – -Muy bien – Dijo Adele escribiendo – ¿Algo más que pueda usted recordar? Cualquier detalle ayuda – -No. No más nada — Dijo Lupe pensando, pero de pronto, recordó algo – ¡Ah sí! ¡Sí hay algo! – -¿Qué será? – Preguntó Adele – -El Diputado Sectorial de Negociación para grupos de secuestro – Dijo Lupe – -¿Qué? -Sí. Ese es el Diputado que se encarga de esos casos – Dijo Lupe – -¿Y dónde se le puede encontrar? – Preguntó Adele – -En la Asamblea Legislativa. El Palacio Legislativo – -Ok. Yo pregunto. No se preocupe. Bueno, eso puede ser un buen comienzo – Dijo Adele guardando su libreta de notas y terminó de tomar su café – -También está lo de mi otro hijo. El mayor. Todos lo conocen por Efren – Dijo Lupe – -Sí. ¿Qué pasa con él? – Preguntó Adele – -Bueno, es que al parecer, él vio cuando se llevaron a los niños, pero nunca nos ha querido decir naitica – -Entiendo – Dijo Adele – Bueno, creo que por ahora, tengo suficiente para comenzar a investigar. Me voy y muchas gracias por el café Lupe. Estaba muy rico – -Gracias a usté señorita. Siempre a su orden. Espero que usted pueda averiguar algo – Dijo Lupe – -Bueno, muy bien. Cualquier cosa yo la busco Lupe – Dijo Adele saliendo de aquella casa y yéndose para el hotel a descansar. Se sentía conforme con lo que le dijo Lupe y sabía que era buen material para comenzar. Lo que no entendía era el cansancio que tenía y el calor que la agobiaba. No era normal en ella. Tal vez se había pescado un resfriado. No le gustaba enfermarse. El siguiente paso era contactar al Ranger de Texas y quien Ivonne le había dicho que era también agente de la DEA operando en México. Ivonne le había enviado un número, pero quería hacer unas pesquisas primero y estaba decidida a ir a hablar con el diputado primero, a ver qué información obtenía. A la mañana siguiente, llegó muy temprano al Palacio Legislativo y pidió hablar con el Diputado encargado de los casos de secuestro, Henry Albernaez, pero le dijeron que llegaría después del almuerzo. Adele aprovechó para irse a almorzar y regresó. La secretaria le dijo que el Diputado no había llegado, pero ella se iba a sentar allí tercamente, hasta que la atendieran. Pasada una hora, Adele se acercó de nuevo a la secretaria: -¿Disculpe, señorita? ¿Será que el Diputado se tardará? -El diputado normalmente, llega muy temprano, lo que sucede es que hoy tenía una reunión importante antes de venir para acá – -¿Y cómo cuánto tiempo más se tardará? – Preguntó Adele – -No lo sé señorita – Respondió la secretaria – -Ok. Esperaré – Dijo Adele volviendo a su silla para conformarse con seguir esperando – Una hora después, Adele vio entrar por la puerta a dos hombres. Uno de ellos era el diputado, quien se detuvo a en el escritorio de la secretaria y la señaló a ella, por lo que ambos hombres se volvieron a verla, pero mientras el diputado se volvía a hablar con la secretaria, el otro hombre se quedó observándola con asombro y Adele, en un principio, se molestó por la manera en que la miraba tan fijamente. Tenía los ojos marrones tan claros que parecían verdes y su cabello era castaño – rubio. Corto y bien peinado. Realmente, una monada de hombre. Seguían mirándose sin apartar la vista el uno del otro, cuando un recuerdo fue surgiendo de entre la bruma de su memoria. Éste, fue el hombre que conoció el día trágico que supo de la infidelidad de Adrián. Ese día, ella se fue al pueblo y bebió mucho con unos gringos que estaban allí en el malecón. En Choroní. De pronto, comenzó a recordar otras cosas y las desechó de su mente, ya que ese día estaba muy alcoholizada. Esa noche pasaron cosas que no debieron pasar y que ella por un tiempo pensó que eran sólo producto de su imaginación. Adele se levantó de la silla al reconocerlo y él se vino caminando hasta donde ella estaba. -¿Adele? -¿Eathan? – Respondió Adele molesta – Si es que ese es tu verdadero nombre – -¿Qué haces aquí? Preguntó Eathan con cara de pocos amigos – -¿Qué te crees que te vine a ver a ti? – Dijo Adele molesta, pero mirando a todos lados para asegurarse de que nadie los oyera – Pues no. Estoy investigando un caso – Soy reportera ¿Recuerdas que te lo dije? – Dijo poniéndose las manos en la cintura – -¡Sí! ¡Lo recuerdo! – ¿Y qué caso es el que estás investigando? – Preguntó Eathan – -El secuestro de los dos niños indígenas Mazahuas – Dijo Adele levantando la barbilla – -¡No puede ser! ¿Tú eres la reportera que viene de parte de Ivonne? – Dijo Eathan tomándola por un brazo y saliendo hacia el pasillo para encerrarse en un baño y soltarla de mala gana – -¡Ah! Entonces, tú eres el Texas Ranger de Laredo con el que tengo que hablar sobre el caso – Dijo Adele poniéndose las manos en la cintura – ¿Tú nombre es realmente Eathan o eso también fue una mentira? -¡Diablos, mujer! ¿Puedes callarte? -¡No! ¡No puedo! ¡Es parte de mi trabajo! ¡No puedo callarme ante una mentira que tengo ante mí en éste momento – Gritó Adele – -¡Diablos! ¡Yo me voy! ¡No voy a hablar contigo! Pediré a otra persona para que trabaje contigo! ¡Por Dios! ¡Eres insoportable! – Espetó Eathan – -¡Claro! ¡Huye como la rata que eres! ¡Como huíste en Choroní! – Gritó Adele mirándolo a los ojos y observó un destello dorado, signo inequívoco de que el hombre estaba a punto de perder la paciencia, pero no habló más sino que abrió la puerta con todas sus fuerzas y la cerró azotándola – Adela puso los ojos en blanco y soltó el aire que tenía contenido. Ese hombre de verdad sacaba lo peor en ella o era que estaba pagando con él la rabia de que Adrián la hubiera dejado para irse con su amante. No lo sabía, pero ahora estaba segura de que no lo volvería a ver, así que, se apresuró a salir detrás de él y regresar a la oficina del diputado, donde vio a Eathan hablando con éste y luego se volvió para irse no sin antes dirigirle a ella una mirada mortal. -Ella era una buena reportera – Se dijo Adele y si Eathan o como quiera que se llame no quería hablar con ella, pues hablaría con el diputado y que Eathan se fuera a la chingada con todo y su atractivo. Estaba segura de que no lo necesitaría –
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