Esto había hecho que soportara tanto mejor el desengaño de Henry Crawford. Pasada la primera amargura que le produjo la convicción de que era desdeñada, consiguió relativamente pronto estar en condiciones de no pensar más en él; y cuando el trato se renovó en Londres, y la frecuentación de la casa de Mr. Rushworth se convirtió en objetivo de Mr. Crawford, ella tuvo el acierto de salirse de allí y elegir aquel momento para dedicar unos días a sus otros amigos de la capital, a fin de guardarse contra el peligro de sentirse de nuevo excesivamente atraída. Este fue el motivo de su traslado a casa de sus primos. La conveniencia de Mr. Yates nada tuvo que ver con ello. Julia había aceptado sus atenciones durante algún tiempo, pero estaba muy lejos de pensar en aceptarle algún día; y de no habers

