CAPÍTULO XLIIEl día siguiente, acababan los Price de salir para la iglesia cuando de nuevo apareció Mr. Crawford. No les alcanzó con el único objeto de saludarles, sino para juntarse a ellos; le pidieron que les acompañase a la capilla de la guarnición, que era exactamente lo que él quería, y allá fueron todos juntos. Ahora podía verse a la familia en su aspecto favorable. La naturaleza les había concedido una cantidad de belleza nada despreciable, y el domingo se encargaba siempre de vestirles con las galas de sus más limpias epidermis y sus mejores trajes. El domingo siempre traía este consuelo a Fanny, y en esta ocasión era mayor que nunca. Su pobre madre no parecía tan indigna de ser hermana de lady Bertram como era capaz de parecer. Con frecuencia le oprimía a Fanny el corazón pensar

