EL TIEMPO DEL SEÑOR ES PARA QUIEN LO SEPA UTILIZAR

1156 Words
Para el año 1995, me toco migrar a otro municipio a fin de fortalecer la economía en mi nuevo hogar. Conseguí ser recibido en otra sede bomberil, con algo más de pago y buen ambiente laboral; sin embargo, también debí fortalecer mi nivel académico para aspirar empleos más exigentes, pero mejor pagados para mi pequeño Galápago quien consumía hartos pañales, alimentos para bebés y el consumo que me podría generar de llegar a enfermar. Solo dure unos tres años en la sede de bomberos; pero algo sucedió que nos robó la felicidad, cuando ya mi esposa había entrado en el noveno mes de gestación. Era tiempo de visitar el centro asistencial asignado por el seguro, antes tuvimos los nueve meses muy pendientes del embarazo para que viniera saludable y vigorosa como nos lo presento el médico que la atendió durante el desarrollo, al arribo de la clínica. Nos atendió un médico alto, algo regordete, pero con cara de: Me importas poco. Sentí que solo fingió un chequeo de rutina y lanzo el nefasto comentario: “Falta días por salir.” Me sentía tan abrumado porque el informe decía que ya estaba lista para salir y de paso estábamos a casi hora y media de nuestro hogar para regresar, confundidos con el veredicto; así que, decidimos volver a casa. Pero aun con la duda, le pedí a Yari, -Mi esposa- quedarnos lo más cerca, por si sentía venir a la chiquita. Nos quedamos en casa de su hermano, -Mi cuñado Alberto, conocido como ‘Beto’- excelente personaje; en los Bomberos me dejaron a disposición una ambulancia que podía llamar por radio y nos quedamos con buena compañía, de mi cuñado anteriormente mencionado. Dos noches después vienen las contracciones y pedí el traslado de inmediato; la noche anterior había llovido era una mañana de Agosto del año 1997 ya a las 7:00 de la mañana estábamos en el centro Clínico, directo a emergencias. Se pidió llamar a médico de guardia, una doctora mal encarada, -Supongo que tuvo una mala noche- la ingreso para examinarla, mientras me quedaba en la sala de espera con mi cuñada Yoleida hermana de mi esposa; no paso más que unos 5 minutos cuando el galeno pregunto por el padre de la niña. -Muy emocionado confirmé levantando mi mano, pero la respuesta que recibí no era la esperada- Me miro y me dijo: “Esa muchacha está muerta.” -Sin escrúpulos. – Sentí que el suelo se hacía frágil y mi adentro se derrumbaba. Me pidió pasar y la pude ver en una pequeña cuna transparente, inerte, pero con un tono verduzco en su piel, luego vi a mi esposa devastada, enseguida pedí ver al ignorante médico que la atendió antes aún recuerdo su apellido ‘Monteverde’. El parto se había pasado, llego la eminencia de médico y lo único que expreso es que son cosas que pasan, le di gracias al señor porque no fui alguien violento para actuar, sino la historia tendría un toque de acción, pero eso se lo deje al señor; nos tocó sepultarla en Ciudad Ojeda, con el descaro para completar que los de la funeraria habían dejado el féretro en el cementerio y no nos habían dicho. - ¡Qué Locura! - Yari quedo unos días recluida en el centro asistencial para observación, casi pierde la vida también. Pasado el funesto episodio de mi segunda hija, comencé a tocar puertas en las empresas petroleras, con poca experiencia en el ambiente petrolero, pero bien documentado de lo que se podía hacer. Fije puesto de trabajo en la parte de seguridad industrial, era algo más administrativo, asesoramientos, inspecciones, charlas, entre otras cosas. Me pareció algo nuevo, diferente e interesante, tuve que leer mucho, pero contaba con buenos colegas que me orientaron de las mil maravillas, a pesar que ellos estaban seguro que mi experiencia era superior por ser Bombero, pero no les quise contradecir. Así que tenía ese desafío; el mantener la publicidad de intelectual; Ellos, técnicos superiores, yo solo un bachiller muy intelectual; pero bueno, si del cielo te caen limones, aprende a hacer limonadas. Dice la canción, eso fue lo que aprendí desde ese momento, hacer limonadas. Lo bueno es que fui muy vivaz y procuré formarme en cursos relacionados y la experiencia de campo me estaba ayudando muchísimo. -Todo viento en popa- Recibía pagos que me ayudaban a pagar cuentas, mientras al culminar mis jornadas debía salir volando a la universidad para ver si podía sacar algún título y no mantener apariencias sino experiencias, ser un profesional integro. Mis llegadas a casa todos los días eran a medianoche, para levantarme a las 3:30 de la madrugada ya que debía estar en la empresa a las 5:00 de la mañana y el viaje me costaba media hora o más desde mi casa hasta allá y viceversa, debía ingeniar mis traslados, hacia contactos con algunos conocidos que me brindaban el aventón, aunque no eran constantes, fueron unos años de constantes ausencias para que no faltara el pan en casa, brindando un ambiente muy familiar a mi pequeña galápago Jessica, que cuando la tenía conmigo en los pocos días que pasaba en casa, le cantaba canciones infantiles con las que yo crecí, y eso la entretenía. -Aún recuerdo que tenía una pequeña silla de madera y fingíamos que era un helicóptero y paseábamos toda la casa, con ella de piloto. Algo poco femenino, tal vez porque no tuve un varoncito para jugar. - Pero muy buenos tiempos vendrían; mejores, a pesar de las circunstancias. Siempre fuimos una feliz familia; pero Jessica tenía una forma particular de jugar como los de su edad. Tendría ella unos [4] cuatro años de edad, cuando una tarde la revise jugando debajo de una mesa de madera que teníamos al fondo de la casa, me divertía verla hablar sola, hasta que decidí irrumpir debajo de la mesa y muy enojada me saco porque estaba ocupando el sitio de su Hermanita, - ¿Hermanita? - que cada día insistía que le acompañaba en los juegos. Pero se haría realidad su amiguita imaginaria, con la llegada de nuestra 3era hija. Una mañana de febrero del año1999, sumido en mis pensamientos, sentado frente a mi casa miraba los autos pasar, vi dos personajes muy interesantes, insistiendo al llamar en la casa de mi vecina, quien al verlos opto por cerrar su ventana, -Sentí pena por los chicos que llamaban, ambos eran misioneros de una iglesia- Inmediatamente sentía curiosidad y quise llamar su atención para ver si me visitaban a mí, pero parecía invisible para ellos, así que fingí hacer ruido para llamar su atención. Hasta que por fin uno de ellos señalándome hablo a su compañero; así que, sabía que había captado sus atenciones, -Me resulto la treta. - por lo que deciden acercarse y al hacerlo hicieron la presentación de sus nombres con el antenombre de Élderes. –Qué en el idioma inglés significa anciano. -
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