Catorce

1569 Words
. . ***** Sábado a la noche -¿Me explicas porque estas montando una habitación de hotel aquí?.- preguntó Williams colocándose a mi lado. -Extrategia amigo.- respondí y me dirigí al señor que instalaba las luces de neón.- Que sean rojas por favor. Miré alrededor y quedé satisfecho con el resultado. Era impresionante como convertían un cuarto de limpieza a una habitación de lujo. -Mientras más rápido mejor, por favor.- dije antes de salir. En el salón (ya sin sillas ) terminaban de poner la mesa y sillas. La gente comenzaba a llegar, y me atreví a tomar el micrófono. -Buenas noches a todos, gracias por venir. Dentro de 5 minutos llegan los dos hombres a quienes deben estimular. Recuerden, usen todas sus fuerzas cuando terminen de cantar. Todos asentieron y yo me bajé para tomar la bandeja. Esa noche me tocaba ser mozo. -Ya les avisé a los demás mozos que sólo nosotros atendemos a Santiago y Nicolas. -Bien.- pasé mi dedo por la barbilla de Lean.- Si está noche sale bien, tendré tu polla en mi boca. Aspiró fuerte, sus fosas nasales se ensancharon. -Espero ansioso por ello... tu boca luce especialmente tentadora está noche. Iba a seguirle el juego, pero llegaron nuestros objetivos. -Recuerda, nada de alcohol hasta el vino de brindis. -Ok. Bombón. Los dos se acercaron al encargados y comenzaron a hablar. Parecian comodos. Tomé una bandeja y me acerqué a ellos. -¿Bocadillos?.- pregunté. Nicolas comió, Santiago no. Bien. El más alto no me había reconocido de esa noche en la discoteca. A los minutos alguien subió a cantar para la apertura de la fiesta. Una de las canciones que más había reproducido Nicolas en su celular. Era importante que el se sintiera cómodo y a gusto. Me acerqué a una mujer . -Vaya, habrá conversación con ellos.- dije.- Antes de retirarse, dígales que hacen una linda pareja. - Muy bien.- dijo coqueta y fue hasta ellos. -Señor Traviz aquí tiene.- el hombre de las luces se acercó a mi y me dejó la llave de la habitación.- Todo listo. -¿Condones también?. Me miró con una ceja alzada y asintió. Observé como Santiago se sonrojaba ante las palabras de la mujer, mientras que Nicolás sonrió. Eso último era una muy buena señal. Le eché un vistazo a Lean que se encontraban al otro lado del salón. Sonrió y me guiñó el ojo. Caminó hasta un señor, le dijo algo al oído y este se dirigió hasta Santiago y Nicolás. Con el habíamos acordado que insistiria en bailar con Santiago, haciendo que Nicolás se molestará un poco. Lo logró. El más alto se puso delante se Santiago para cubrirlo. Frunció el ceño, hablo firme y luego puso su brazo alrededor de su acompañante. El señor igualmente se fue. Lean fue hasta dos de los cantantes que había allí y le dijo que suban al escenario. Tocaba música movida, de las pocas de ese género en la lista de Nicolás. Las luces del lugar cambiaron de blanca a multicolor, el volumen de los parlantes aumentó y los cantantes comenzaron con su show. Todo el mundo comenzó a bailar, y nuestros objetivos no fueron la excepción. Los observé unos segundos y al girarme me encontré con Lean, casi pegado a mi. -Hey hermoso.- dije sonriendo. -¿Vas a buscar esto?.- me mostró la botella de vino.- Ven. Con su mano desocupada me tomó la muñeca y nos escabullimos hasta la cocina donde estában las copas. -Salgan un momento.- les ordené a los mozos. Si bien eran contratados por nosotros, ellos no debían ver lo que sucedía. Una vez sólos, Lean llenó las copas y yo saqué dos pastillas de mi bolsillo. Las desarmé con una cuchara y al lanzarlas en la bebida, se deshicieron. -Dulce Love's drug.- cantó Lean. Le sonreí. -Pastilla milagrosa. -Para algunos.- se encogió de hombros y tomó una de las copas para ponerla en su bandeja.- ¿Yo se la doy a Nicolas Letón?. -Si, yo debo dejarle también la llave de la habitación a Santiago. -¿Le dirás que le diste la pastilla?. Negué.- No esta noche. Mañana cuando el efecto sea irreversible. -Tengo una duda. -Dime.. -Si el supiera ¿No haría efecto?. -Si tendría efecto, pero no el suficiente. -Ya veo, bueno vamos. La música ya se detuvo. Tomé la otra copa y salí con el, los demás mozos también fueron a coger copas para el brindis. -Buenas noches a todos.- dijo el anfitrión.- Vamos a proceder a brindar por esta noche y luego invitó a nuestros talentos principales a pasar al escenario: Los señores Nicolas y Santiago. Todos aplaudieron y con Lean nos dirigimos a ellos. Le ofrecí la copa a Santiago y este la aceptó, con mi mano libre dejé las llaves en su bolsillo. Antes le dije sobre la habitación. Nos alejamos y cuando alguien gritó "Salud" exclamó alguien y las copas se levantaron. Santiago y Nicolas bebieron. No había vuelta atrás y ese trabajo estaba terminado. Subieron al escenario, las luces del lugar se tornaron azules, y la música comenzó. Desde el primer instante se miraron, puse atención a sus pupilas dilatadas y a la intensidad de sus ojos... ya estaban conectados. Sus pechos estaban agitados y estoy seguro de que les daba vuelta la cabeza. La canción en esas dos voces fue perfecta, pero había algo más allá de eso .. había sentimientos. También se tocaron o al menos sus manos lo hicieron, pero no dejaron de mirarse, ni siquiera cuando la canción terminó. Los aplausos se hicieron escuchar y fue en medio de estos que Nicolas tomó del rostro a Santiago y lo besó en frente de todos. -Buen trabajo Dlass Traviz.- escuché decir a mi lado. Tomé a Lean de la barbilla y me acerqué peligrosamente a el. -Te veo en 10 minutos en el callejón. Lo solté y observé como los otros dos desaparecían hacia la habitación. -¡Bien todos pueden irse!.- exclamé. Las personas contratadas comenzaron a salir y fui hasta mi amigo William. -Gracias amigo. - De nada Traviz, la fiesta estuvo genial pero corta. Dime ¿Qué harás con esa habitación? -Mañana quitaran todo, no te preocupes. -¿No les pareció extraño que tengan una habitación aqui? -Uno de ellos cree que a todos los cantantes les dejaron habitaciones, y es suficiente.- metí la mano en mi bolsillo y saqué dinero.- El pago para tu gente. -Gracias. -Gracias a ti. Puedes irte, yo me encargo de cerrar, el lunes temprano vendré a dejarte las llaves. -Esta bien.- Williams me dio un pequeño abrazo y salió también. Fui hasta el reproductor se música y puse que deje sonado toda la lista. Me quité corbatin y lo lancé mientras entraba en la cocina, allí bebí una copa de vino a la cual termine de un trago. Salí al callejón y lo vi. Estaba con su espalda apoyada en la pared, con un cigarro en la mano. Al acercarme me miró intensamente, alzó su mano y tocó mi rostro. -Es hora de recibir mi premio.- dijo con la voz ronca. Alejé mi rostro de su mano, para distraerlo y arrebatar su cigarrillo. Di una calada y lo lancé al piso. Pegué mi pecho al suyo y rocé nuestros labios. -Quiero que te quedes quieto, porque si te mueves me detendré. Hizo un sonido ahogado y justo cuando estaba por responder, lo besé. No quería palabras entre nosotros. El beso fue tan corto como brusco. Pues ansiaba ponerme de rodillas. Miré el bulto en su pantalón, pasé mi mano derecha por el, se sentía duro. Con la izquierda desabroché y con las dos, bajé la prenda. -Sin ropa interior..- gruñí. Su pene quedó erecto frente de mi, goteando. Venoso, grande, sin vello y con el grande casi rojo por la hinchazón. Acerqué mi nariz y me deleité con su aroma. -Traviz...- suspiró.- rápido.. -Callate.- dije serio. Saqué mi lengua y sus ojos me miraron con anticipación, pero opté por lamer su muslo. -Maldito..- gruñó. Sonreí y pasé a lamer su otra pierna. Tembló y supe que era tiempo. Sin aviso y casi de imprevisto, lo tomé entero en mi boca. -Joder...- gimió. Era ancho, y hacia que mi pequeña boca se abriera demasiado, aún así con habilidad moví mi lengua. Llevé mi mano a sus testículos y la otra a una de sus nalgas. Comencé a meter y sacar su pene de mi boca. Luego lo saqué y comencé a lamer, como si se tratará de una paleta. - Que rico.. Acerqué mi mano a su abertura y con mi dedo índice apreté en su ano. -Dios...- gimió y sentí su mano en mi cabeza. Me alejé. -Te dije que me detendría.- solté. Me miró confundido. -Ya no te la chuparé... -Pero... Metí mi dedo dentro de el y se retorció. -Vamos correte asi, por desobediente. Saqué mi dedo y lo metí otra vez. Estaba cerca. Abrí mi boca y esperé su esencia. Para conseguirlo no me bastó más de un par de embestidas. Acompañado de un gemido alto, su semen cayó sobre mi rostro, y la parte que quedó en mi boca, me la tragué. Lean se apoyó en la pared, jaqueando e intentando recuperar el aire. -Tu... Me puse de pie y cuando me miró, lamí mis labios. -Eres exquisito Celles Lean. Sin más me fui; ya había cumplido con lo prometido.
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