Estaba revisando la última pregunta del cuestionario cuando él rompió el silencio de una manera que me tomó completamente desprevenida.
-Antes de que sigamos... quiero preguntarle algo.
Levanté la vista de las hojas, algo confundida. Su tono era más relajado, casi casual, pero sus ojos seguían siendo intensos, como si cada palabra que dijera tuviera un peso que yo aún no entendía.
-¿Tiene novio?
Sentí como si me hubieran arrojado un balde de agua fría. Mi mente comenzó a girar en todas direcciones, buscando una explicación lógica de por qué un hombre como él querría saber algo tan personal. No había nada en el cuestionario que sugiriera que él debía hacerme preguntas.
-¿Qué? -mi voz salió más aguda de lo que pretendía, y tuve que aclararme la garganta para recobrar algo de compostura. -No... no tengo novio.
No sé por qué lo dije con tanta prisa, como si fuera algo importante que él supiera. Quizá porque estaba nerviosa o porque su mirada fija no me daba tregua.
-Interesante. -Una ligera sonrisa apareció en sus labios, lo suficientemente sutil como para que no pudiera adivinar si lo decía en serio o solo estaba jugando conmigo.
-¿Por qué lo pregunta? -me atreví a decir, aunque inmediatamente lamenté mi atrevimiento.
-Curiosidad. -Se encogió de hombros con una naturalidad que me dejó sin palabras.
El silencio se extendió por un segundo demasiado incómodo para mi gusto, pero antes de que pudiera escapar al siguiente punto del cuestionario, él me detuvo con otra pregunta.
-Y ahora, dígame... ¿quién es Aletxa Velázquez?
Me quedé mirándolo, parpadeando como si no hubiera entendido las palabras.
-¿Perdón?
-Quiero saber sobre usted. No lo que vino a preguntarme de parte de su amiga, sino sobre usted.
-Yo... no creo que eso sea relevante.
-Para mí, lo es.
Había algo en la forma en que lo dijo, una firmeza tranquila que me desarmó. No estaba acostumbrada a que alguien mostrara interés en mi vida, especialmente alguien como él. Bajé la mirada, intentando encontrar las palabras adecuadas.
-No hay mucho que decir.
-Permítame juzgar eso.
Solté un suspiro y me armé de valor. Si él quería saber, no tenía sentido mentirle.
-Bueno, soy estudiante de arqueología. Estoy en el último año de la carrera. Me encanta lo que estudio, aunque no es fácil. Tengo que trabajar para pagar mis estudios, así que paso la mitad de mi tiempo entre clases y empleos temporales. Nada emocionante.
-¿Y qué tipo de empleos?
-Lo que encuentre. -Me encogí de hombros. -Desde mesera hasta ayudante en una tienda de antigüedades. No soy exigente mientras me ayude a mantenerme a flote.
-¿Y por qué arqueología?
Su interés genuino me desconcertaba. No era solo una pregunta de cortesía; parecía realmente curioso.
-Siempre me ha fascinado el pasado. Saber que hubo personas antes que nosotros que dejaron su huella, cosas que nunca entendemos del todo... me parece increíble. Además, creo que es una forma de darle voz a quienes ya no pueden hablar.
Me di cuenta de que había hablado con más pasión de lo que pretendía. Bajé la mirada, avergonzada, pero cuando lo miré de reojo, vi algo diferente en su expresión. Ya no parecía solo un hombre poderoso acostumbrado a que el mundo girara a su alrededor; por un momento, pareció admirarme.
-Eso es noble. -Su voz era más suave ahora, como si estuviera procesando mis palabras.
-Supongo. Pero no es tan impresionante como lo que usted ha logrado.
Él negó con la cabeza.
-Lo que yo he logrado es solo el resultado de tener recursos. Pero usted... trabaja, estudia, y todavía encuentra tiempo para soñar. Eso sí es impresionante.
El rubor volvió a mis mejillas, pero esta vez no era de nerviosismo. Sus palabras tenían un peso que no esperaba, como si realmente valorara lo que hacía.
-Gracias... creo.
-Dígame, Aletxa, ¿alguna vez ha estado en una expedición?
Sacudí la cabeza rápidamente.
-No. Apenas puedo pagar las prácticas en el laboratorio de la universidad, mucho menos viajar.
Él se recostó en su silla, cruzando los brazos mientras me observaba con detenimiento. Había algo en su mirada que parecía calcular, como si estuviera trazando un plan.
-Eso tiene que cambiar.
-¿Perdón?
-Que nunca haya estado en una expedición. Es un desperdicio de talento.
No sabía qué responder a eso. ¿Era un cumplido? ¿Una sugerencia? Antes de que pudiera preguntar, él volvió a sonreír, esta vez con un toque de misterio.
-Bueno, creo que eso es suficiente por hoy.
-¿Eso significa que terminamos la entrevista?
-Por ahora, sí.
Me levanté torpemente de mi asiento, sintiéndome como si estuviera despertando de un sueño extraño y demasiado intenso. Mientras recogía mis cosas, él se quedó sentado, observándome con esa expresión que no podía descifrar.
-Fue un placer conocerla, señorita Velázquez. Espero que sea la primera de muchas veces.
Sus palabras me siguieron incluso cuando salí de su oficina, con el corazón latiendo tan fuerte que temí que los demás pudieran escucharlo. Había algo en Carlos Torres, algo más allá de su fama y su fortuna, que me hacía sentir que este no sería nuestro último encuentro. Y aunque no sabía lo que significaba, una parte de mí no podía evitar esperar que tuviera razón.