¿Que ocurre?

1084 Words
Sali de su oficina con los pies temblando, ese hombre causaba algo en mi, es como si mi alma, mi cuerpo lo reconociera. Estaba justo entrando a el ascensor cuando alguien me empujo, pegandome del cristal del ascensor. —¿Que ocurre?—pregunte buscando a mi atacante, quede sorprendida era él, Carlos Torres. —Nunca jamas hago esto, pero lo cierto es que no puedo contenerme mas—dijo mientras sus manos me tomaron el rostro. Su boca se pegó a la mia, al principio no sabia que hacer, pero luego algo fue mas fuerte que mis ganas de resistirme. El ascensor se detuvo con un leve tirón, y durante unos segundos, la realidad quedó suspendida en ese pequeño espacio metálico. Mis labios aún ardían, su sabor todavía estaba ahí, en mi boca, como un recordatorio de lo que acababa de ocurrir. Carlos permanecía frente a mí, su respiración era errática, su frente apoyada contra la mía. Por un momento, creí que iba a hablar, pero lo único que hizo fue cerrar los ojos y apretar la mandíbula. —Esto es un error —murmuró, su voz rota, casi un susurro. Mis ojos buscaron los suyos, pero no los abrió. Parecía perdido, como si estuviera luchando contra algo que no podía controlar. Quise moverme, apartarme, pero no pude. Mis pies estaban anclados al suelo, mi corazón desbocado golpeaba mi pecho, y mi mente era un caos. —¿Un error? —repetí, intentando que mi voz no temblara. Me dolía, aunque no entendía por qué. ¿Cómo podía doler algo que había pasado tan rápido, algo que ni siquiera había terminado de procesar? Carlos se apartó un paso, dejándome un vacío que me hizo estremecer. Finalmente abrió los ojos, pero no había rastro de la pasión de hace unos segundos. Estaban llenos de culpa. —No debí besarte, no debería haber dejado que esto pasara —continuó, evitando mirarme directamente. Sus palabras me golpearon como una bofetada. Sentí que el calor que había inundado mi cuerpo se transformaba en hielo. La confusión se mezcló con una punzada de rabia, pero sobre todo, de dolor. —¿Entonces por qué lo hiciste? —pregunté, incapaz de contenerme. Mi voz salió más fuerte de lo que esperaba. Mis manos se cerraron en puños a mis costados. Él no respondió de inmediato. Se pasó una mano por el cabello, visiblemente frustrado, como si estuviera buscando las palabras adecuadas. —No lo sé, no puedo explicarlo. Es como si… como si no pudiera controlarme cuando estoy cerca de ti. Pero esto no debería pasar. —¿Por qué no? —repliqué, dando un paso hacia él. Mi corazón seguía latiendo con fuerza, y aunque sabía que estaba arriesgándome, no podía quedarme callada. —No entiendo, Carlos. Primero me besas como si... como si significara algo, y ahora dices que fue un error. ¿Qué quieres de mí? Él me miró entonces, y en sus ojos vi un destello de algo que parecía igual de confuso que lo que yo sentía. Dolor, deseo, miedo… todo mezclado. —Quiero que te alejes de mí, Aletza no vuelvas a mi oficina, no hay mas entrevitas—dijo finalmente, su voz firme, pero apenas un murmullo. Sus palabras fueron un golpe directo al pecho. Abrí la boca para decir algo, para preguntar por qué, pero no salió nada. ¿Cómo se supone que debía reaccionar a eso? —¿Que me aleje? —repetí, incrédula. Di un paso hacia atrás, como si la distancia física pudiera protegerme del impacto de lo que acababa de decir. —¿Por qué? ¿Qué estás intentando proteger? ¿A mí o a ti? Yo no vine porque quise, vine para hacer un favor. Carlos suspiró, y por un momento, pareció más cansado que nunca. —A ambos. —No entiendo… —mi voz se quebró, y odié lo vulnerable que sonaba. Me obligué a levantar la barbilla, a mantener mi dignidad, aunque por dentro me sentía desmoronándome. —Si me quieres lejos, entonces no vuelvas a besarme. No vuelvas a mirarme de esa manera, como si fueras a devorarme. No juegues conmigo, Carlos. Él dio un paso hacia mí, y antes de que pudiera retroceder, tomó mi rostro entre sus manos. Sus dedos eran firmes, pero no me hacían daño. Al contrario, su toque era cálido, reconfortante. —No estoy jugando contigo, Aletza —dijo con una intensidad que me dejó sin aliento. —Eres… eres todo lo que no debería querer, pero no puedo evitarlo. Y eso me asusta. Su confesión me dejó paralizada. No sabía qué decir, qué hacer. Mi corazón latía con fuerza, como si estuviera a punto de salir de mi pecho. —¿Por qué? —pregunté, mi voz apenas un susurro. —¿Por qué no deberías quererme? Él cerró los ojos y soltó un suspiro largo, como si estuviera cargando con un peso demasiado grande. —Porque no soy lo que necesitas, porque no puedo darte lo que mereces. Y porque… porque hay cosas de mí que no conoces, cosas que harían que te arrepientas de haber cruzado esa línea conmigo. Sus palabras me desconcertaron aún más. Quise preguntarle qué significaba todo eso, pero antes de que pudiera hacerlo, el sonido de un timbre nos interrumpió. El ascensor, todavía detenido, comenzó a moverse de nuevo. Carlos apartó las manos de mi rostro como si quemaran y dio un paso atrás. El aire entre nosotros se volvió tenso, casi insoportable. —Es mejor así —dijo, su tono frío y distante, como si no acabara de besarme con toda la intensidad que jamás había experimentado. Cuando las puertas del ascensor se abrieron, salió sin mirarme, dejándome allí, sola, con un torbellino de emociones que no sabía cómo manejar. Me quedé quieta durante unos segundos, incapaz de moverme, incapaz de procesar todo lo que acababa de pasar. El ascensor volvió a cerrarse y se detuvo en otro piso, pero ya no me importaba. Lo único que sabía con certeza era que Carlos estaba huyendo, no solo de mí, sino de algo que ni siquiera yo entendía. Y aunque cada fibra de mi ser quería seguirlo, quería entenderlo, también sabía que había algo oscuro en su interior, algo que probablemente me lastimaría si me acercaba demasiado, quería conocerlo mas ¿Acaso estaba loca? Sin embargo, lo que más me aterraba era que, a pesar de todo, quería correr ese riesgo, aun sin conocerlo xq el era un desconocido para mi.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD