Frio

981 Words
El invierno había llegado con toda su fuerza, y las vacaciones de Navidad no ofrecían mucho descanso para alguien como yo. Danna me había rogado, casi suplicado, que la acompañara a la cabaña de su familia en las montañas, prometiéndome que la nieve, la chimenea y el chocolate caliente serían justo lo que necesitaba para relajarme. Pero yo había declinado. -¿Qué tiene más encanto que pasar las fiestas en una cerrajería? -le dije bromeando, pero con algo de resignación. Necesitaba el dinero, y sabía que el dueño del negocio confiaba en mí para mantener las cosas funcionando mientras él pasaba las fiestas con su familia. Era una tarde especialmente helada, con la nieve cayendo sin tregua y un viento gélido que hacía temblar incluso los ventanales del local. Había olvidado mi abrigo en casa, así que me mantenía en constante movimiento para no congelarme. Decidí reorganizar uno de los estantes cercanos a la puerta, más para mantenerme activa que porque realmente fuera necesario. Estaba tan concentrada en mis pensamientos y en el frío que apenas noté cuando la campanilla de la puerta sonó. -¡Bienvenido! -dije automáticamente, sin levantar la vista. -Si necesita algo, por favor avíseme. Seguí acomodando algunas cajas de cerraduras y llaves, pensando que probablemente sería un cliente habitual buscando un duplicado o algo similar. Pero entonces una voz familiar, grave y ligeramente divertida, respondió detrás de mí: -No esperaba encontrarte aquí, Aletxa. Mi cuerpo se tensó al instante. Esa voz era inconfundible. Giré lentamente, casi temiendo confirmar lo que mi mente ya sabía. Y ahí estaba él, Carlos Torres, de pie en medio del pequeño y modesto local, quitándose la nieve de los hombros de su abrigo oscuro. -¿Señor Torres? -pregunté, mi voz apenas un susurro, aunque mi sorpresa probablemente era evidente en mi expresión. Él sonrió, inclinando ligeramente la cabeza como si estuviera complacido de haberme desconcertado. -Carlos. Por favor, llámame Carlos. -Sus ojos recorrieron el lugar con curiosidad, deteniéndose en mí al final. -¿Trabajas aquí? Asentí, todavía aturdida. -Sí... bueno, es un trabajo temporal. -Interesante. -Caminó un par de pasos hacia mí, sus zapatos resonando suavemente contra el suelo. -No es exactamente el lugar en el que imaginaba encontrarte. -¿Y dónde pensaba encontrarme? -pregunté, más para recuperar algo de control sobre la situación que por verdadera curiosidad. -No lo sé. Quizás en la universidad, rodeada de libros. O en algún sitio arqueológico cubierto de tierra. Pero aquí... -Se detuvo frente al mostrador, apoyando una mano en él. -Esto es una sorpresa. Su tono no era burlón, pero había algo en su mirada que me hizo sentir expuesta, como si estuviera tratando de descifrarme. -Es un trabajo como cualquier otro -respondí con más firmeza de la que sentía. -Paga las cuentas y me permite seguir estudiando. Él asintió lentamente, como si estuviera evaluando mi respuesta. -Eso dice mucho de ti. -¿Cómo qué? -pregunté, cruzando los brazos más por necesidad de protegerme del frío que por desafío. -Que no te asusta el trabajo duro. Que estás dispuesta a hacer lo que sea necesario para alcanzar tus metas. -Bueno, no todos tenemos la suerte de heredar un imperio o tener recursos ilimitados. Tan pronto como las palabras salieron de mi boca, me arrepentí. No había sido mi intención sonar sarcástica, pero el comentario parecía haber tocado una fibra en él. -No siempre es una cuestión de suerte, Aletxa. -Su tono se volvió un poco más serio, pero no enojado. -A veces, las circunstancias pueden parecer favorables desde afuera, pero no siempre lo son. Lo miré, tratando de leer más allá de sus palabras, pero su expresión era impenetrable. -Lo siento. No quise... Él levantó una mano para detenerme. -No te disculpes. Aprecio tu honestidad. El silencio se instaló entre nosotros por un momento, solo roto por el viento que soplaba afuera. Finalmente, decidí cambiar de tema. -¿Qué hace aquí, si puedo preguntar? Él sonrió nuevamente, y esta vez había un toque de travesura en su expresión. -Pasaba por aquí y vi el letrero. Pensé que era una buena oportunidad para comprar un candado nuevo. -¿Un candado? -Sí, uno resistente. Nunca se sabe cuándo se necesitará proteger algo valioso. No sabía si estaba siendo literal o si había un significado oculto en sus palabras, pero no quise preguntar. Me limité a señalar hacia un estante. -Están allá, en la sección de seguridad. Él no se movió de inmediato, en lugar de eso, dejó que su mirada se mantuviera fija en mí por un momento más, como si quisiera memorizar cada detalle de mi rostro. Finalmente, asintió y se dirigió hacia donde le había indicado. Mientras lo veía examinar los candados, no podía evitar preguntarme qué hacía realmente allí. ¿Había sido una coincidencia o algo más? Había algo en la forma en que sus ojos me buscaban, algo que no podía descifrar, pero que hacía que mi corazón latiera más rápido de lo que debería. Cuando regresó al mostrador con un candado en la mano, me ofreció una sonrisa que me desarmó por completo. -Creo que este servirá. Lo escaneé y le di el precio, todavía sintiendo un nudo de nervios en el estómago. -Aquí tienes. -Le entregué su cambio, y nuestras manos se rozaron por un instante. El contacto fue breve, pero suficiente para que mi piel se estremeciera. -Gracias, Aletxa. -Su voz era suave, casi íntima, como si cada palabra estuviera destinada solo para mí. -¿Por qué siempre me llama por mi nombre? -pregunté antes de poder detenerme. Él me miró, sus ojos brillando con algo que no pude identificar. -Porque me gusta cómo suena. Con eso, salió del local, dejando atrás un vacío extraño y una sensación que no pude quitarme de encima. La nieve seguía cayendo afuera, pero de alguna manera, el frío ya no parecía tan intenso.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD