Nasser estaba en su despacho cuando recibió la llamada de su suegro. —Querido Nasser hace muchos meses que no nos vemos, desde la boda. — He estado muy ocupado estos últimos meses. —Me teneis muy abandonado, sobretodo mi hija que ya no me llama, ni me coge el teléfono. Le he llamado al teléfono nuevo que le compraste y no me lo coge, llamo a palacio y casi nunca está y cuando está no se pone al teléfono. ¿Qué pasa con la terca mi hija?–Nasser estaba sorprendido de lo que le decía su suegro. —Pues no sé Said. Le pregunté el otro día a Jade y dijo que había hablado contigo. —Pues no. Jade y yo no hemos hablado como lo hacíamos antes, desde que os casasteis. ¡Qué terquedad la suya! –Nasser al teléfono sonrio. Jade era a veces muy terca.–Pero es de vital importancia que hable con ella

