CHAPTER II

1387 Words
El Emperador y ahora, mi nuevo Amo, me llevó a la punta más alta de la gran plataforma torre de la Duquesa Erlyn, en dónde había una gran plataforma que era para aterrizajes de aeronaves exclusivo. Tuve que entrecerrar un poco los ojos por la luz del sol. Hacía mucho tiempo que no lo veía y cuando mi vista se adaptó a la luz, no pude evitar emocionarme y llorar ante la increíble sensación de libertad. El bello color del ocaso rojizo y violeta Finalmente podía ver las gigantes torres de diferentes formas, ovaladas, rectas y hasta las tradicionales estructuras humanas, también las auto—naves que pasaban bastante cerca de la torre, en especial aquellos que estaban curiosos con respecto a las visitas de la Duquesa Erlyn. Nos encontramos con el mayordomo principal y personal de Su majestad. Era incluso más alto que yo y los característicos sus ojos esmeraldas de un Smaragdos. Su cabello dorado era increíblemente largo, incluso más que el mío y amarrado a una media cola. A diferencia de su amo que llevaba un traje n***o, llevaba un vestuario y zapatos pulcramente blanco, con una chaqueta con cola que parecía llegar hasta los tobillos y pantalón acorde a sus piernas. Era un traje destinado y hecho a medida y exclusivamente para el servidor principal del emperador, incluso, podría decir que el servidor más cercano como este hombre, tenía más privilegios que todos los nobles Smaragdos y los gobernantes de los seis continentes juntos. En ningún momento me dirigió la mirada, solo al Emperador. Se inclinó brevemente a él, susurrando al oído. Realmente me quedó la curiosidad de saber que le dijo, y por qué Su majestad negó con la cabeza como respuesta. Su majestad volteó hacia mí y habló. —Vhaung, vivirás conmigo en el palacio Imperial Aureum del Occidente, pero, antes de ir hacia el otro continente, ¿Deseas llevar a alguien más contigo? Cuando dijo esas palabras, realmente no supe qué responder, solo abrí la boca y la volví a cerrar. Pensé que me llevaría a Hymoa City, la ciudad en dónde se convirtió el refugio para los de mi especie, en dónde también el Emperador los protegía. Humanos que él mismo rescató y a otros compró. —Será mejor que responda lo antes posible jóven Vhaung, Su majestad no tiene todo el tiempo—Dijo el mayordomo firmemente. No estaba acostumbrado a que en la boca de los Smaragados, no saliera ningún insulto cuando se trataba de dirigirse a los humanos. Pareciera como si este mayordomo, era el más educado de todos. —No entiendo Su majestad, ¿Por qué desea que me quede en el palacio? Él enarcó una ceja, como si acabara de decir disparates. —¿No deseas hacerlo? —Ah, no es eso Su majestad, no me mal interprete, es todo lo contrario, sería un honor pero... —¿Pero?—Él se acercó un poco a mí y cuando estuvo frente a mí, llevó una mano hacia mi cuello y me tensé. —No es necesario que respondas Vhaung, comprendo tus dudas—Sus delgados dedos no tocaron mi piel si no al grillete alrededor de mi cuello y sentí como este se deshacía bajo su toque, convirtiéndose en polvo. —Obtendrás todas tus respuestas muy pronto. Así que sé paciente. Sentir la calidez de su cuerpo y su respiración sobre mi esternón. Podía notar incluso pequeñas pecas en sus mejillas y su nariz suavemente sonrojada, su rostro delgado y bien definido, sus ojos grandes, protegidos con largas y curvadas pestañas blancas y pequeños gruesos labios con un color rojo tenue. Más de cerca, era increíblemente hermoso, tan hermoso que por un segundo pensé que estaba al lado de una mujer. Su cabello blanco prístino se mecía suavemente por la brisa, resaltando aún más su aspecto angelical que combinaba a la par con la hermosa y sedosa túnica dorada que de pronto nos rodeó. Me quedé tan absorto en él que no me dí cuenta de la túnica que de pronto cubrió mis hombros y espalda. Toqué la tela, sintiendo su suavidad en las puntas de mis dedos y pude ver que era digno de un Rey. Una túnica acampanada que me recordó a los reyes de Inglaterra en su coronación del siglo 18 y 19. Tenía la boca abierta, ¿Cómo es que apareció de repente? ¿Por qué me lo daba? Esto solamente era digno del Emperador. —Su majestad esto es... —No me gusta así que úsalo. Se ve bien en tí Él se alejó un poco y sonrió, esta vez parecía una sonrisa divertida. —A partir de ahora serás mi invitado especial y aunque, en teoría, eres mío, tendrás tu libertad y podrás irte del palacio Imperial cuando lo desees, pero, por el momento, te quedarás conmigo. Estaba decidido a que pasara tiempo con él, ¿Pero por qué? ¿Que tramaba? Pero sobre todo, ¿Por qué yo?. No podría ofrecerle nada, literalmente estamos hablando del Emperador que lo tiene todo, ¿Qué podría ofrecerle a un Emperador? Y sobre todo, ¿Que querría de mí?. —Por cierto, a todo esto, no has respondido a mi pregunta. —Ah, no Su majestad, no tengo a nadie más. Asintió y luego volteó hacia su sirviente. —Savva, vámonos. —Si, Su majestad. De pronto, todo fue tan rápido que no pude percibir y solo me quedé quieto, cada músculo de mi cuerpo se pusieron rígidos sin darme la oportunidad de huir. Fue como si de repente el tiempo se detuviera y pude ver perfectamente el desplazamiento de una increíble luz cegadora proviniendo del cielo, dejando al desnudo la tensión en el aire. Mi cuerpo finalmente reaccionó y en lo que pensé no fue salvar mi propia vida, si no algo me hizo, instintivamente, proteger al Emperador y lo abracé fuertemente y girando nuestros cuerpos, dándole la espalda a la bola gigante, usando mi cuerpo como escudo para recibir el daño de aquella masa de energía destructiva. Esperé sentir como mi cuerpo se quemaba y un inmenso dolor recorrer a lo largo de mi espalda, no obstante, eso jamás pasó. Abrí los ojos y miré al Emperador entre mis brazos y me sorprendió encontrarlo totalmente impasible en contra mi pecho. Y mientras más lo miraba sentí que su brazo estaba debajo de mi brazo, extendiendo hacia dónde se encontraba esa bola de energía. Inmediatamente lo solté, sintiéndome de repente, un idiota. Había olvidado por completo que Su majestad, era increíblemente poderoso. El señor Savva también estaba conteniendo esa esfera de energía y fuego, haciendo todo lo posible para que no tocara el suelo y parecía estar esforzándose mucho. Los dos no los tocaban directamente, parecían usar su poder de telequinesis. Era lo más asombroso que pude ver en toda mi existencia, al Emperador en persona utilizando su increíble poder. El asombro continuaba en mi y el shock como una ola pesada recorría mi cuerpo. No sabía qué hacer y temía por mi vida, esa cosa se hacía cada vez más gigante y una tremenda ola de calor chocaba contra nosotros. —¡Savva, hazte a un lado!—Vociferó con fuerza. —Pero, Su majestad...—Él estaba dudando, inconforme con la situación. —¡Ahora!—Exclamó con firmeza. El sirviente dudó pero obedeció y cuando lo hizo, el Emperador comenzó a flotar, quedando en el aire y conteniendo esa monstruosa esfera de luz sin hacer el mínimo esfuerzo. Estupefacto y con los ojos de par en par presencié como su mano extendida comenzó a iluminarse. Tan abrupto como la luz de su palma se extendió, esa esfera se deshizo tan en un santiamén como había aparecido, quedando pequeños fragmentos de ello en formas de chispas de luz dorada que flotaban alrededor de Su majestad y de nosotros como lluvia en el atardecer. El Emperador aterrizó en el suelo con tal elegancia y delicadeza, mirando firmemente al Señor Savva. —¡Su majestad! —Es él, es Bodhan—Dijo de repente mientras su expresión parecía oscurecerse. ¿Bodhan? ¿Quién era él? ¿Quién se atreve a desafiar al Emperador?. Esto era desconcertante, rara vez un Smaragdos desafiaba al Emperador a menos que fuera un... Aureum. . . . . • • • • • •
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