CAPÍTULO III

4681 Words
Una aeronave de color blanco y con vidrios negros polarizados aterrizó frente a nosotros, no era llamativo como era costumbre de la realeza, sino uno accesible a los smaragdos y Caelum. Subimos a él, mientras el Smaragdo, Savva, se sentó junto a mí, y su majestad al otro extremo y en el centro del asiento, con las piernas cruzadas. En el interior no había asiento para pilotos ni co-pilotos, en cada lado del aeronave simplemente había asientos equipados con las máximas comodidades. Los asientos, sin ir más lejos, de cuero y de generosas dimensiones y también estaba equipado con elementos como una gran pantalla holográfica en el centro que mostraban el sistema de control de la aeronave y el sistema de calefacción. finalmente por supuesto, un mueble bar. La pantalla holográfica se desvaneció con una simple movida de dedos del emperador. Era bastante simple para cualquier Generis, pero un lujo para los humanos. Sentí como las turbinas se volvían a encender y tuve que sostenerme para no caer cuando impulsaron, emprendiendo vuelo. Deduje que la simplicidad de la aeronave, era porque su majestad era bastante discreto y por obvias razones, él era muy controvertido entre su raza y muchos estaban disgustados por su posición con nosotros, los humanos. Mientras era esclavo de la duquesa Erlyn, oía quejarse todo el tiempo de lo que el emperador aureum había hecho con mi gente, su protección, sus cuidados incluso siempre y cada vez que podía, visitaba a Hymoa city. Entre los humanos era como una especie de celebridad del siglo 21. Este Generis, hizo mucho por mi gente, incluso salvandonos de la completa extinción, estos pensaban muchos de nosotros. Pero era todo en vano, él solo estaba ralentizando lo inevitable. Cuándo termine su reinado, algo me dice que el siguiente emperador o los smaragdos tu caelum hará que todos perezcamos y fuéramos al olvido. Eran muy crueles, no solo crueles si no también muy poderosos, nuestra fuerza era una burla para ellos. Quería ser fuerte porque Quería venganza, por supuesto que lo quería, ví como mataban, como los caelum abusaban de mi hermana y mi madre, como desmembraban a mi padre y como yo fuí el único que sobrevivió, en ese entonces apenas era un niño y fuí vendido como esclavo al mejor postor. ¡Los Generis son escorias!, ¡Merecen la muerte! —¿Vhaung?—su majestad me llamó, su voz era suave casi como si temiera ahuyentarme. ¿Qué tan patético era a sus ojos? Sus ojos dorados eran tan diferentes al anterior emperador, brillaba de gentileza y bondad, pero también firmeza. Por alguna razón, eso me molestaba, deseaba que él fuera igual que todos sus súbditos. Mis pensamientos eran divididos, una parte de mi lo admiraba por ser el único en su especie en protegernos y darnos una vida mejor a la de un esclavo y juguete y por otro lado, deseaba vengarme de él y los Generis. La ira arrasó y no pude contenerlo. Cuándo me dí cuenta, estaba sobre el emperador a horcajadas, con una mano tomándolo de su cuello y con la otra sus cabellos albinos. A pesar de sentir un objeto filoso contra mi cuello, no temí que el mayordomo me matara, no tenía miedo de morir. —¡¿Por qué?!—grité, la ganas de llorar no faltaban, pero predominaba la ira. Se me hizo un nudo en la garganta, pero no dudé, deseando obtener a toda costa respuestas. Él se mantuvo totalmente impasible, demostrándome lo débil que era ante su poder, lo fácil que podría matarme si realmente lo quisiera. —Especifica tu pregunta, Vhaung. Esa daga se presionó aún más contra mi piel, sintiendo un caliente líquido bajar por mis hombros y brazos. Esos orbes ámbar recorrieron mi hombro, dónde estaba el objeto afilado y para mi sorpresa, frunció el ceño, como si le disgustara que su propio sirviente me hiciera daño. —Aléjate, Savva—ordenó con una voz totalmente normal, como si no estuviera apretando la tráquea. Y sin titubear, el mayordomo obedeció. —Especifica tu pregunta, Vhaung—volvió a reiterar. Se sembró el silencio, mi agarre no cedió contra su garganta, increíblemente blanda, con mis dedos casi logrando rodearlo por completo. Si no fuera porque era un aureum, podría jurar que se rompería en un santiamén. —¡¿Por qué haces esto, eh?! ¿Por qué nos proteges, porque salvas a mi gente? ¿Es esto una broma enfermiza de tu parte, Su majestad?—formulé su título con sorna, hundiendo mis uñas en su piel. —Si quisiera matarlos, no gastaría tantos recursos para mantenerlos vivos. Él me hizo sentir como un idiota, pero no lo iba a permitir. —No lo sé, a lo mejor sí es una tortura enferma—repliqué— pretendes que confiemos en tí, que nuestras esperanzas vuelvan a nacer solo para después disfrutar como cada uno de nosotros se sienten traicionados y heridos cuándo llegué el día en que decidas acabar con nosotros. —¿Eso es lo que crees? Su mirada se oscureció y su semblante era extraño y gélido, haciéndome sentir intimidado pero me rehúse a soltarlo. —Tu especie demostró ser capaz de cualquier cosa para disfrutar del sufrimiento humano—mascullé y agradecí que mi voz no sé quebrara ante la presión de mis sentimientos. A este punto, el enojo me carcomía hasta los huesos. —Puedes dar fé que no planeo hacer nada de eso, Vhaung, de hecho, fuí criado por un humano. Mi cuerpo se puso rígido y mi mente en blanco, la conmoción y el pasmo vino a mí como agua fría sobre mi espalda, aligerando mi agarre en su cuello hasta finalmente soltarlo. Sus ojos exhibían una honestidad casi desnuda, vulnerable y hasta cierto punto frágil. Él en este preciso momento, era más humano que Generis. ¿Él fue criado por un humano? ¿Cómo era eso siquiera posible?, tanto los Smaragdos y Caelum eran muy protectores con sus hijos, o cachorros como ellos le decían. Que uno de ellos abandonara a su descendencia era un tabú y un pecado que se pagaba con la muerte, a no ser que sus padres murieran. —No soy tu enemigo Vhaung—musitó débilmente, esos orbes de pronto se endurecieron, volviéndo a ser el frío y rígido emperador. —Pero tampoco eres mi amigo—dije firmemente. —No, yo soy tu señor y amo, así que cómo esclavo, obedecerás y tu primera orden es que te calmes y te sientes, ¡ahora! Sentí como era devuelto a mi lugar, como si una ventisca fuerte me empujara contra el asiento, no pude evitar gritar de la sorpresa. Me relajé cuándo ví que nada malo había pasado, simplemente usó sus poderes. Agaché la cabeza, realmente me sentí un poco cohibido ante la atenta mirada fulminante de Savva, desaprobando totalmente mi actitud. —Tienes suerte humano—Dijo Savva, su tono era agrio y frío— nadie ha osado tocar siquiera un solo mechón de cabello del Emperador y vivir para contarlo. Agaché la cabeza con resignación, mientras un silencio pertubador abordaba en cada rincón de esta nave. La nave aterrizó con un zumbido estrepitoso, los motores se apagaron y las puertas se abrieron. El primero en salir fue Savva y ponerse al costado del vehículo, esperando pacientemente que el emperador salga. Con cierta vacilación salí, bajo la atenta mirada del mayordomo, llegué a la conclusión de que en realidad no le agradaba, pero tampoco iba actuar en consecuencia. Me sentí un poco abrumado por la grandeza del palacio, rodeado de un gran bosque. Se alzaba un gran y hermosos jardín alrededor del gigante palacio, pero antes de que tuviera la oportunidad de apreciarlo, al dar primer paso hacia la mansión, sentí una extraña sensación en las entrañas como si realmente se estuvieran volteando, como si mi estómago con los intestinos “flotaran en el aire”, dejándome una sensación del estómago en la garganta. Tenía la misma sensación que cuando la duquesa Erlyn usaba sus poderes en mí, llevándome hasta el cielo y dejándome caer cruelmente y atraparme a unos centímetros del suelo. Fue una sensación instantánea y me percaté que el entorno que me rodeaba ya no era el mismo. Estábamos en el interior del palacio. Inevitablemente grité aterrado y caí al suelo perplejo y horrorizado. ¿Cómo era posible? ¿qué estaba pasando?, nunca experimenté algo así, ni siquiera con la duquesa Erlyn. Mi corazón palpitaba con fuerza y mientras la bilis amenazaba con subir a mi garganta. Todo mi cuerpo estaba temblando y aunque fue momentáneo, fue un infierno. Tomé una bocanada de aire para calmar mi respiración y mi corazón, logrando erguirme del suelo lentamente, jadeando en el proceso. —Lo siento—escuché decir al Emperador, aunque pareciera que no lo sentía realmente. Levanté la cabeza, él me estaba mirando de reojo—con frecuencia olvido que los humanos son muy débiles. Iba a protestar pero, la forma en que lo dijo era como si solo aclarara un hecho, más que decirlo como burla. Mientras yo me recuperaba del cambio abrupto de entorno, ambos estaban parados frente a mí y sin inmutarse. —Bienvenido, Gran Emperador—oí voces al compás. Con asombro presencié a aproximadamente veintes smargados, mujeres y hombres, vestidos casi similares, todos ellos con trajes blancos de tres piezas, camisa negra y corbatas blancas, las mujeres tenían el mismo corte y color de cabello (n***o) hasta los hombros y flequillo que cubría toda su frente casi en una línea horizontal perfecta, sin ningún cabello fuera de lugar. En cuanto a los hombres, era otra historia diferente, llevaban una larga melena dorada como el mayordomo, reunida en una cola de caballo que finalizaba en sus caderas. En su sien una delgada hebra de pelo a cada lado de su rostro hasta los hombros. Mujeres y hombres separados por género, a derecha e izquierda del emperador, erguidos rectamente. Su majestad dió un ligero suspiró de cansancio, pareciera que se veía, sorprendentemente, agotado. Eso fue lo más humano que presencié en un Generis, a pesar de que negaran sus genes humanos, lo cierto es que eran mucho más humanos de lo que quisieran admitir. Él volteó hacia mí. —Veo que una simple taza de té no llenará tu estómago—no supe qué contestar, estaba confundido—Savva te enseñará tus aposentos. báñate y alístate, mis sirvientes te harán un banquete, y por favor, come con confianza. A pesar de nuestra tensión en la aeronave, no merecía que expresara mi tonto orgullo y por cortesía, incliné la cabeza en señal de agradecimiento. —Muchas gracias por todos, su majestad. No sé si fue imaginación mía o producto del cansancio, pero, la comisura de sus labios se arqueó hacia arriba, en una diminuta sonrisa. Y en un parpadeo, desapareció, dejándome estupefacto. —Vuelvan a sus labores—ordenó savva a los sirvientes. estos inmediatamente se esparcieron, dejándonos solos. Sentí un vacío, cómo si el palacio se agrandara, y cada sonido se volvía un eco estridente. Ahora sin ningúna distracción, fuí más consciente de mi entorno. Grandes y entrelazadas columnas de ámbar color, tallados de míticos dragones legendarios y orquídeas que representaban la belleza del emperador. El suelo bajo mis pies eran de mármol dorado lujoso, espejado y bellamente brilloso. Al mirar al techo presenciaba una forma esférica con imágenes góticas de rosas y grandes dioses antiguos. En las paredes doradas habían incrustadas rubíes que adornaban las redes y enredaderas de las plantas florales, hacintos, hortencia y tulipanes rojos tallados en forma horizontal, y desde la gran entrada un camino de alfombra roja con bordes amarillos seguía hasta dos tronos de aspecto gótico pero hermoso, representando dignamente al gran emperador. Excéntrica y presurosa lujosidad, que exigen ser contempladas maravilladas. Preciosas piedras brillantes, cortinas rojas como la sangre que cubren los ventanales de cristales cercas de los vestíbulos. Un sentimiento indigno reberbó de mi pecho, haciéndome sentir totalmente fuera de lugar. Nada de esto se comparaba con la mansión de la duquesa Erlyn. —Puedes apreciarlo más tarde, después de todo vivirás aquí. Ahora solo estamos perdiendo tiempo—el mayordomo interrumpió mi observación—pero, si bien el Emperador es demasiado indulgente, en este palacio hay reglas y deben ser cumplidas del pie a la letra o de lo contrario...—sus ojos esmeraldas brillaron con malicia—habrá consecuencias muy desagradables. Su amenaza logró estremecerme y palidecí. —Ahora...—se dió la vuelta, dándome la espalda—sígueme—comenzó a caminar y cómo un niño perdido, lo seguí. Sentía un revoltijo de emociones, entre el temor y la alegría, entrelazándose, algo que jamás había experimentado; la libertad. Estaba aterrado, pero también emocionado por la nueva vida que comenzaría. Algo me decía que la amabilidad del emperador, me haría vivir una vida digna, una vida que solo en mis más recónditos sueños existía. .°•°.°•°. HYMOA CITY —Vamos Sussy, ¡Apresúrate! —alentó un niño de apariencia pecosa, pelirrojo y de orbes negros profundos—papá se enojará si llegamos tarde casa. Contempló a su gemela que venía detrás jadeando y cansada, corroborando su estado. La niña era también semejante a él en parecer. La infante detuvo su camino y sacudió su vestido de color blanco y verde y acomodó su cabellera que estaba recogida por dos trenzas a cada costado de su pequeña cabeza. Por último también se encargó de limpiar a su muñeca que tenía en brazos. —Jonhatan, ya te dije que no es necesario correr —se quejó la niña inflando sus mejillas de tono arrebol. —Sí, pero yo quiero llegar antes —dio unos pasos hacía su hermana y la tomó de la mano y comenzaron a caminar juntos. Siempre hacía eso cuando tenían que adentrarse al bosque, ya que ellos vivían un poco más apartados del pueblo. —¿Jonhy...?—llamó Sussy bajo la sombra de indecisión y titubeo. —¿Qué pasa hermana? —¿me prometes guardar un secreto?—balbuceo encogida de hombros y con el rostro gacho, apretando levemente su muñeca. —¿Qué escondes? ¿Es otro conejito bebé?— se entusiasmó el niño colocándose en frente de ella, con los orbes brillantes y una sonrisa. Ella solo rodó los ojos. —No, no es un bebé conejo. —¿Entonces qué es?— dijo más entusiasmado. —¡Estoy hablando enserio Jonathan!—espetó impaciente. —¡Bueno, bueno! ¡tranquila!—atinó a decir calmandose un poco. —¿Prometes no decir nada a nadie? —Lo prometo—aseguró él. —¡Ven!—invitó Sussy, adelantándose. —¿Y qué hay de papá?—gritó también alcanzando a su hermana. —No se enojará—afirmó, no cuándo él cedía bajo el hechizo de su mirada de cachorrito. Que tonto eran los adultos—debemos darnos prisa, él me debe estar esperando. —¿Él?...—el niño se detuvo abruptamente, parpadeando hacía su hermana— ¿Sussy, qué dijo mamá de hablar con extraños? debemos tener cuidado, especialmente con los Generis—la regañó como si fuera un adulto, frunciendo el entrecejo y colocando sus brazos en jarra. —¡Ya sé!... pero él parece ser una buena persona—dijo en su defensa, frunciendo sus labios— ya lo verás, es un chico extraño, pero lindo—sonrió ampliamente. —¿Y cómo se llama? —Yo le digo Halim y a él pareció gustarle. Me confesó que su papá nunca le puso un nombre cuándo nació, siempre le decía "mocoso"—recordar eso la enojaba y lució ofendida. Pobrecito. —¡Eso es cruel!—exclamó y luego sintió lástima—su papá debió odiarlo mucho. —¡Lo sé!—Sussy estuvo de acuerdo—pero apresurémonos. —¿Es de por aquí? —Él dijo que gusta vivir en el bosque—manifestó mientras su mirada se perdía en las alturas de los árboles. —¿Y cómo es él?— siguió con su interrogatorio, muy intrigado. La niña lo miró algo molesta —deja de hacer tantas preguntas y sígueme, ya lo conocerás—empezó a correr entre el sendero de arbustos. —¡Claro, ahora corres! ¿no?—exclamó siguiéndole el paso. Los párvulos avanzaron más al bosque, desviando su camino con destino a casa y jugando a la carrera, y quién ganaba primero obtenía un premio. Sussy después de un rato, paró en seco, exhausta y jadeante, inclinándose un poco poniendo sus manos en sus rodillas. tomó bocanadas de aire y esperó hasta que los latidos fuertes de su corazón cediera un poco. Jonhatan la miró triunfante, mientras cruzabas sus brazos y en un gesto de orgullo dijo. —¡Jamás me ganarás hermana! —¡No se vale!— protestó. —Y cómo yo soy el ganador, me debes dar las galletitas con chispas y el postre después del almuerzo. —¡Eso no es justo!— vociferó enojada. —Bueno, entonces las galletitas—cedió antes de que su hermana empezara a lloriquear. —Trato hecho—sonrió, cambiando repentinamente de humor. —¿Dónde dijiste que está Halim? —Ah, cierto, ¡ven! Subieron en una pequeña montaña rocosa y cubierta de praderas, desviando rocas y algunas ramas y hojas que obstruyen el paso. Llegaron, topándose con una laguna llena de nenúfares de flores blancas, y en la orilla rodeada de varios juncos y en la maravillosa puesta de sol aborregado, se extendían los rayos cálidos y sosegados. El agua que bajaba de una catarata de forma escaleras, parecía de cristal con un toque verdoso y azulado adicionando también el abrótano dulce entre el acanto. —¡Guau!—Jonhy quedó maravillado y no desperdició un poco en admirar cada esquina y rincón de esta. —No sabía que existía un lugar así. —Sí, pero esa no es la razón por la que te traje aquí. —Cierto—recordó. —¿Eh? ¿dónde está?—buscó con la mirada por todos lados y entre los árboles, allí la halló. sonrió con una felicidad espléndida. —¡Halim!—llamó la atención al joven que estaba sentado sobre una gran roca, pensativo y solitario. Halim sonrió a los retoños. Era un joven, contempló Jonhy, era de pálida piel que le recordó a la nieve y de rasgos finos que le recordó a su hermana mayor, incluso parecía superar la belleza. Su nariz era pequeña, bastante delgado y ropas de sensillas que usarían los humanos, su cabello era de un profundo n***o azabache y sus ojos avellana que brillaban bellamente a los rayos del sol, exponiendo un color más claro, que Jonhatan juró que eran dorados. Pero por otra parte, el alivio relajó todo su cuerpo, no era un Generis, no tenía esos ojos extraños y fríos. Los pequeños infantes se aproximaron y al muchacho. —¡Hola Halim!—Sussy no sé contuvo y lo abrazó efusivamente y Halim intentó devolver el gesto, acariciando su cabeza. Sussy se separó y miró a su hermano, pero al hacerlo, lo encontró mirando detenidamente a Halim. —¿Jonhy? ¿acaso viste un fantasma o qué?— preguntó, su hermano negó. —No tengas miedo, no te morderá—dijo irónica la pelirroja, riendo por lo bajo. Se dirigió a Halim—Hal, él es Jonhatan, mi hermano gemelo del que te hablé. —Hola Jonhatan—dijo él con algo de tacto para no ahuyentarlo. —Hola— reaccionó conmocionado y sacudió la cabeza al darse cuenta de sus pésimos modales. —Lo siento, es un gusto conocerlo señor Halim—inclinó su cabeza en señal de respeto. Halim soltó una pequeña risa. —Solo dime Halim, no me trates de usted o de señor. —De acuerdo—consintió él regalándole una ligera sonrisa— sabes, Sussy dijo que eras extraño. —¡Extraño en el buen sentido!—se apresuró a corregir a la niña, provocando que el aludido la mirara divertido. —Hal, me gustaría que conocieras a nuestros papis y hermano mayor ¿te gustaría? claro, si tú quieres...—dijo Sussy con un puchero. —¡Ya sé! ¿por qué no vienes con nosotros ahora?—sugirió Jonhy contento ante su idea—papá vendrá hoy ya que no siempre suele estar mucho en casa. —Sí, porque trabaja mucho—explicó Sussy en un gesto melancólico. Halim dio un suspiró y contempló el entorno, la tarde se estaba poniendo un poco mistral y era arriesgado que los niños cogieran un resfriado. —Lo lamento niños, pero además ya deben irse, su madre debe estar muy preocupada—los infantes agacharon el rostro demostrando desánimo. El chico no logró resistirse y agregó— mañana podría ser posible—y cómo lo supuso, a ambos se les iluminaron el rostro. —¡Estupendo!—Sussy se emocionó—pero antes, ¿le muestras la magia que puedes hacer? ¡Es mágico y hermoso! Johny flaqueó, sus ojos se abrieron de par en par. —¿Magia?—miró a Halim sin restricción, totalmente aturdido y perplejo. Sintió que el escalofrío recorría toda su espalda, pero el miedo profundo no le impidió hacer la temida pregunta. —T-tú...—tartamudeó—¿tú eres un Generis? Su instinto protector resurgió y lo hizo actuar de manera impulsiva. Tal como lo enseñó su padre, sacó una daga que llevaba consigo en su bolsillo. —¡¿qué pretendes con acercarte a mi hermana, Generis?! Halim fue testigo que aquel niño dulce y alegre, se convirtió en alguien totalmente diferente, incluso matar si era necesario, por el bien de su hermana. La niña se alarmó y con sus débiles brazos, en un intento de protegerlo, empezó a jalar del pantalón del chico. —¡No le hagas daño! —empezó a decir asustada. —Guarda esa daga Jonhy, él no es peligroso—se desesperó Sussy—él es mi amigo. Halim presenciaba todo con absoluta indiferencia, ni siquiera mostraba ningún signo de sorpresa y lo estaba cabreando, de alguna manera. Jonathan no era ingenuo, sabía que los Generis eran fuertes, incluso un Caelum podría matarlos con facilidad, pero, la valentía pudo más que sus propios temores. Protegería a su hermana a toda costa. —¡Jonhy! ¡no! ¡él es un buen chico!—soltó la niña cayendo en un llanto profundo—incluso gracias a él, estoy viva. ¡Me salvó de un león de montaña!—vociferó rápida y desesperada. —Sussy...—murmuró viéndola con los ojos grandes y brillantes, reaccionando al percatarse de las lágrimas. Sussy con sus ojos y mejillas empapadas, corrió hasta él y lo estrujó en un abrazo, sollozando. —Cálmate, tranquila—la reconfortó un poco para que se calmara, admitía que los llantos de la menor lo desesperaban por lo que optó por apegarse más a su cuerpo. Jonathan bajó lentamente la daga, pero no la guardó. Ya surcaban las Gingamha, aves coloridas con rayas negras, envueltas en plumas majestuosas de gala, con picos extremadamente largos y delgados de un color verduzco, indicando la caída del ocaso. Los ojos húmedos de Sussy se abrieron cuándo sintió la caricia suave de un copo de nieve sobre sus sonrosadas y húmedos mejillas. Lentamente se apartó del regazo de Halim y abrió sus orbes sorprendida y emocionada cuándo, por arte de magia abarcó a su alrededor una espesa manta de un dorado naranjo, esparcidos por doquier que se comparaba como la nieve tanto a la estructura y al tacto, pero en lugar de ser frío como la misma, era tibia y cálida como los rayos del sol por la mañana. Las habilidades casi mágicas del Generis dejó con boca abierta y emocionada a los niños humanos. A pesar de que Sussy no era la primera vez que veía caer nieve dorada del cielo, se asombraba como la primera vez. Sussy corrió directamente hacia la nieve y comenzó a dar formas de ángeles en el suelo. "Ereola" que en el idioma Generis significa "lluvia de oro", nutriendo las hierbas y los animales como el "kimhi", un animal genéticamente modificado por la naturaleza, similar al venado pero de color blanco puro y grandes ojos azules. Se acercaron después de unos minutos al sentir el aroma dulce y Sussy no podría estar más que feliz. La Ereola es rica en nutrientes, agradable a las papilas gustativas humanas y dulce como la miel, que inspira erradicar el hambre para aquellos que luchan por sobrevivir y trae consigo en abundancia. Jonathan había caído sentado de la misma sorpresa, gritando aterrado en el acto, pero su hermana estaba muy preocupada disfrutando que consolándolo. ¿Qué clase de habilidades era esta?, ningún Generis era capaz de hacer algo así, por lo que sabía, no tenían control sobre la naturaleza. Sus ojos se posaron en Halim quién observaba a su hermana con una sutil sonrisa, ¿quién era realmente? o... ¿qué era? —¡Eres increíble Halim!—vociferó la pequeña. —No pierdas tu tiempo mirándome—dijo Halim, entonces le regresó la mirada y se tensó—Vé y disfruta con tu hermana. Desvió la mirada hacia Sussy brevemente, y jadeó cuándo no encontró a Halim sentado allí. Lo buscó por todos lados y no encontró ningún rastro. Se había ido. .°•°.°•°. —Una habilidad que solo posee un Aureum, pero cada Aureum tiene distintas habilidades, ninguno es igual al anterior, ¿no es así, Su majestad—se jactó una voz masculina y presuntuosa detrás de Halim. —Nos volvemos a ver, Bodhan—el característico tono débil y dulce de Halim fue sustituido por la mordacidad y seguridad típica del Emperador. Bodhan no se perdió ningún detalle de cada movimiento que él hacía. El Emperador finalmente se dignó a verlo y lentamente volteó, y mientras lo hacía, el color de su cabello cambiaba, transicionado dl n***o a su color blanco característico, desde la raíz hasta la punta. sus orbes avellanas tampoco quedaron atrás y dieron un fuerte refulgor dorado, iguales a los de Bodhan. Frente a él solo estaba un tierno e inocente niño de entre seis y siete años, pelo rubio plateado y grandes ojos ámbar. A diferencia del emperador, no tenían pupilas felinas, lo que indicaba que Bodhan no había tomado por completo el control del niño Smaragdo, por ende, estaba vivo. Bodhan tenía la habilidad de controlar a cualquier ser vivo, pero usualmente cuándo tomaba completo control de ello, morían ya que no podían soportar el abrumador poder de un Aureum. —Debo admitir, su majestad...—alegó su título con ironía—que cada día me sorprende, ¿quién diría que el gran Emperador Aureum cumple los deseos de una niña, humana nada menos? ¿Cuán bajo puede caer? —¡Ve directo al grano!—masculló Halim—¿Qué es lo que quieres? Halim jamás ha logrado comprender por completo al Aureum frente a él, nunca pudo comprender. No sabía sus verdaderos motivos. Se supone que él debería desafiarlo y matarlo, reclamar el trono y convertirse en el siguiente emperador hasta que un nuevo aureum nazca, lo desafíe, asesine y se cumpla nuevamente el ciclo. Bodhan dejó en claro muchas veces, que odiaba la idea de ser emperador. No, él no deseaba tomar el trono, pero no sabía si era su enemigo o aliado, por obvias razones nunca confío en él. Él mató a muchos Generis, pero también salvó a muchos humanos a manos de los smaragdos. No lograba comprenderlo del todo y su paciencia se estaba agotando. Bodhan era realmente impredecible. El niño bajo el control, caminó lentamente hasta él y se formó una gran sonrisa totalmente infantil y dulce que lo abordaba cómo un bello aura de calidez a su alrededor. —Quiero pelear contra usted, Su majestad. • • • • • • • • • •
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