Controlé la sensación de agradecimiento y ese dejo de encerrarme a derrumbarme. —Gracias, pensé que me odiaban. —Jamás, señor. No era agradable verlo tan indiferente para con la señora y ahora que sabemos todo lo comprendemos, me pareció algo tonto su arcaico punto de vista, sin embargo, su padre es de otra cultura, fue criado bajo esos estandartes de machismo y no puedo sacar libre a la señora Maju, ella no debió callar. Necesito las llaves, señor. —afirmé. Me dirigí a la biblioteca para sacar el llavero donde tenía cada una de las llaves del apartamento, se las entregué. Dichas mujeres eran muy rápidas, Yamile apoderada de la cocina, tenía siete años a nuestro lado, Carmen iba para seis y la más nueva era Socorro, con tres años, era una joven morena. —¡Señora, Carmen! Llamó Socorr

