Esperaba la repuesta de mi pequeño hijo. —Sí. —Me miró por el espejo y sus ojos brillaron, sonrió. —Samuel, ¿no has regado nada en tu uniforme? —¡Nooo mami!, ya me polto bien, pala que papi vuelva. Habíamos llegado al jardín y lo dicho estrujó el pecho. Bajé y lo saqué del carro, me agaché. —¿Qué dijiste, cielo? —Sus ojitos se humedecieron, me dio la bendición. —Si me polto bien papi va a volver. —Lo abracé. Al darle el beso, sonreía—. Va a volvel, ¿cielto mami? —Dame un poquito más de tiempo, hijo. —puso sus pequeñas, manitos en mis mejillas y me dio un beso en la frente. —Papi dijo que te diela muchos besos pol palte de él. —¿Eso te lo dijo tu padre? —Sí. No me miró y salió corriendo en dirección a la puerta del jardín. Me estaba mintiendo, lo vi ingresar, saludé a la profe

