Capítulo 1
Las casas desfilan ante mis ojos y calco los cables de electricidad con una ojeada. El maletero del auto se encuentra vacío y un colchón se sostiene sobre el techo. Observo a mi Hermano conducir por la autopista en nuestro viejo coche. El olor a gasolina abunda, y el frio es ameno. Intento ocultar las lágrimas que corren por mis mejillas removiéndolas con la manga de mi chamarra. Mi móvil permanece sin una sola notificación, aunque no esperaba el recado de nadie.
Desanudo mis audífonos y los planto entre mis orejas; balbuceo una que otra canción. El extenso viaje casi concluía, llegaríamos en unos minutos. El frio se desvanecía mientras nos estacionábamos en una cafetería camino a nuestro destino. Caminamos hasta el establecimiento e inmediatamente tomamos asiento en una mesa cercana a un ventanal.
—Llegaremos muy pronto, nos detendremos en la ciudad por un paquete y luego continuaremos hasta los suburbios. Me desalienta que algunas estructuras se estén desboronando, probare arreglarlo con algo de yeso y cemento— su mirada permaneció clavada en mí. No había escuchado ni una palabra de lo discutido, mi mente se mantuvo en otro lugar. — ¿Estas bien?, Ana, ¿Estas bien? — roza mi rostro con sus nudillos para captar mi atención. Retorno a la realidad y ladeo la cabeza sin entender lo que ha expresado. —Desde que subimos al coche no has comentado ni una sola palabra, me preocupa tu estado de animo.
—No te preocupes—sonreí con suficiencia. —Está helando allá afuera, cuando vivíamos aquí ¿El clima estaba igual?— pregunte para desviar la conversación.
Íbamos camino de regreso a la única casa que nos pertenecía. Mi padre murió sin dejarnos nada más que eso, ya que vivíamos en la casa de su mujer y ella termino por echarnos luego del funeral.
—Eso creo, no lo sé con precisión. Ha de ser por la época— se levantó de su asiento y camino hasta la barra. — ¿Ana, quieres tus panqueques con miel o con mermelada? — se apoya de la barra, rueda la cabeza y permanece esperando mi respuesta.
—Con miel—Nuevamente centra su mirada en la mesera y realiza nuestro pedido. No alcance a escuchar lo que iba a pedir para él además de los panqueques debido su bajo tono de voz.
—Listo. Nos traerán nuestro pedido velozmente— Repetidamente se amolda en la mesa.
—Quería platicar algo contigo sobre lo de la universidad y todo eso— acomodé mi cabello detrás de mis orejas permitiendo que una cortina de pelo permanezca sobre mi frente. —No lo necesito, ya se todo lo que debería. No aspiro a ir a una nueva institución. Quizás podría ayudarte a reparar algunos autos y surjamos con un mejor negocio—proveo una sonrisa de punta a punta buscando su aprobación.
—Anhelo que vayas a una universidad, y tienes que trabajar duro para lograr tus sueños. Si quieres reparar autos y demás, podrías ir a la universidad a estudiar algo sobre ello y luego hablaremos sobre esa asociación.
— ¿Por favor, para qué?, la universidad no tiene nada que yo ansíe. Tú puedes enseñarme. Paul, no eres mi padre, no necesitas cuidarme tanto del mundo.
—Lo voy a considerar—La mesera coloca dos platos con panqueques y malteadas de chocolate sobre la mesa. —Primero termina la universidad y lo voy a pensar seriamente.
Paul siempre me había cuidado como si fuera su hija y solo era dos años mayor que yo, eso me molestaba mucho, ya tenía diecinueve años, y aún no podía decidir por mi misma. El quería que yo tuviera lo que el jamás tuvo, un padre amoroso que se preocupará por él, por ello no discutía vorazmente con Paul.
—¿Pensar? Paul necesito una respuesta rápida. No puedo esperar por un año entero a que te decidas.
—Vamos, no seas tan dramática. Pronto lo sabrás— Le provee un sorbo a la malteada. Su barba pelirroja de candado mantenía un poco de espuma. —Esto esta delicioso. La mejor bebida que he probado en años.
—Paul— Carcajeo con goce. —Tienes espuma en la barba— Me redondeo el labio superior con el dedo índice para indicarle dónde está la espuma. —Suerte que deje el móvil en el auto, una fotografía no sería de mal gusto en este preciso instante.
—Si, vamos, gózalo. Digas lo que digas, no me la voy a cortar. Es mi sello personal—Toma una servilleta y se remueve los rastros de malteada de la barba. —Si un caramelo que se adhirió aquella vez a él, no me lo impidió, en esta ocasión menos.
—Es indiscutible que amas más a ese vello de lo que te amas a ti mismo. Al menos no tuviste que ser aquella chica que halo de la golosina cuando se te quedo pegada, osea yo. Eso fue vergonzoso y omitiendo el hecho de que fue en pleno restaurant.
—Hacerte pasar vergüenza es lo que mejor hago. Además, eso fue estupendo, nunca me había reído tanto mientras sentía un piquete en mi barbilla. Valió la pena, los caramelos que si entraron a mi boca estaban muy ricos.
—Mi parte favorita fue cuando la chica del mostrador saco unas tijeras y saliste de volada. Yo también disfrute correr detrás de ti por media manzana.
—Había olvidado esa parte—carraspea y toca su cuello. Un trozo grueso de panqueque ha pasado por su garganta. Toma un poco de malteada para digerir bien aquella porción— Creo que es hora de que sigamos, nuestro nuevo viejo hogar nos espera con ansias.
—Estoy de acuerdo—Tomo una servilleta y guardo la tajada de panqueque que he apartado en el plato. —Dormiré profundamente al llegar. La bella durmiente estaría celosa de mi—
Una llovizna se aproximaba mientras caminábamos en el estacionamiento. Las puertas del coche permanecían trabadas, Paul las forcejeaba, pero su esfuerzo no daba resultado. Rasgo su camisa de cuadros y se la envolvió en la mano; un fuerte golpe fue suficiente para romper en pedacitos el vidrio del conductor. Removió rápidamente las migas y conseguimos subir al vehículo de inmediato. Contemplaba a mi hermano mientras nos encajábamos en la autopista, su mano se veía muy enrojecida, pero él no demostraba signos de dolor. La lluvia comenzó a descender y el vidrio delantero se empapaba. Presione el interruptor para activar los limpiaparabrisas, pero al parecer nada en este auto funcionaba.
A Paul se le dificultaba distinguir el camino, así que achiqué el vidrio de mi asiento y me quité la chamarra para sacudir las gotas. Pasados algunos minutos nos detuvimos en el correo.
—Espera en el auto, volveré lo más rápido posible— Coge las llaves conectadas a un lado del volante y las introduce en su bolsillo. —Me las llevo por si acaso se te viene la loca idea de conducir sin mi permiso. ah y Ana, si gustas puedes visitar el viejo lago, me tardaré un buen rato aquí, nos vemos en casa— Toma un impermeable y se aleja.
Yo solo asentí.
El aroma del ambiente era exquisito, la naturaleza estaba presente en todos los sentidos. Mi hermano estacionaba el auto en la cochera y yo concurrí a recorrer los alrededores de aquella morada. Era impresionantemente grande además de los metros de terreno baldío, y lo mejor es que no teniamos vecinos cercanos. Estaba entusiasmada por hacerle un corrido interno, pero antes quería ir a visitar el lago. Las hojas secas se desplomaban de los árboles, y los insectos se resguardaban bajo un pasto tan verde como el moho que abundaba en el tejado. Al acercarme a las lejanías del terreno, una pequeña casa rodante se encontraba establecida bajo la sombra de una enorme floresta. Un hombre que utilizaba un pasamontaña cortaba madera con un hacha en la parte trasera del alojamiento, no conseguí distinguirlo ya que no quise acercarme más. El hombre reconoció mi presencia en aquel prado y me saludaba agitando la mano desde la lejanía. Dispuse a apresurarme hasta Paul para contarle que al parecer un hombre se ha aprovechado de nuestra ausencia en la propiedad para establecer una residencia en él. Me gire por última vez, el hombre liberó el hacha clavada en la madera y permaneció inmóvil. Mi corazón se aceleraba e intentaba correr lo más rápido que se me hacía posible. Mi hermano sujetaba un gato entre manos, seguro que una de las llantas había colisionado.
—Ana, ¿Que sucede?– interpelo al ver mi extraña reacción.
Capítulo 2
—Hay un hombre. Vive en una casa rodante cerca del lago, vine lo más pronto posible. Cortaba madera y traía puesto un pasamontaña. Se ha beneficiado de nuestros terrenos, y no nos ayuda que siga talando los arboles —le avise entre mi aliento acelerado, casi sin saliva en la boca.
—Está bien, cálmate un poco. Mas tarde revisare y arreglaremos este asunto. Creo saber quién es—inculca en la caja de herramientas sin darle importancia al visitante. —Acércate, ¿Qué te parece este espacio?
Lo mire con arrogancia por querer desviar el tema, pero él me sonrío como si de un perrito se tratase y termine por ceder.
—Es enorme. ¿Qué vas a hacer aquí? – Toqueteo los delgados muros. —La pintura se está cayendo, hay moho en cada rincón y las telarañas en el techado abundan. Este domicilio pide a gritos una pulida. Tendremos que trabajar con mucho esfuerzo para hacer de este nuestro hogar.
—Tenía pensado instalar mi taller aquí. No es tan grande como el que teníamos en la otra casa, pero voy a hacer que funcione. No nos queda más opción que hacer una limpieza profunda en cada comisura. Tengo que embarcarme en esto para disponer a que funcione lo más pronto posible si es que no nos queremos morir del hambre.
—Todo estará bien— acaricie su melena y el río. —Tú necesitas de mi ayuda, somos un equipo. Si frecuento constantemente la universidad no me va a quedar nada de tiempo para ayudarte con los autos. Por una y mil razones quiero ofrecerle el cien por ciento de mi tiempo a nuestros proyectos. Este es mi sueño y el tuyo también, aun no puedo comprender la razón por la que no me quieres aquí contigo. Necesitas de un compañero, no puedes hacer este trabajo solo.
—Ana, te ruego que no me insistas. Este no es un sueño, estás siendo demasiado idealista, lo hago por necesidad y si hablamos de sueños, seguro tampoco es el tuyo. Toda tu vida me has dicho que quieres ir a la universidad y entiendo que te has resignado a abandonar ese sueño por nuestra situación, pero yo soy el mayor aquí y puedo arreglarlo solo, no quiero que te preocupes , no tienes que tomarte molestias por mi—Toma un paño y se retira la grasa de los dedos. —Por cierto, el hermano de un conocido va a venir a ayudarme con el taller, no tarda en llegar. Dice que es muy bueno con las soldaduras.
— ¿Por qué no me habías dicho que alguien más trabajaría aquí?, no digo que sea malo un poco de ayuda, pero comprendo que es raro que no me lo comentaras– refunfuñe, de nuevo Paul me excluía de todos los planes. Eso hacia que mi sangre hirviera.
—Esto sucedió de improviso. Ana, ya deja de cuestionar todo.
—No puedo dejar de cuestionar, tu solo no estás metido en este lío, yo igual ¿Acaso cómo vas a hacer para pagarle a su hermano? – recogí mi melena con una coleta. —Me imagino que no te va a trabajar de gratis, todos tenemos gastos y en estos tiempos tan duros, dudo mucho que no quiera dinero.
—Lo voy a resolver, tengo algo guardado en la cartera. He ahorrado un poco de aquel trabajo que tenía en la lavandería.
—Bien Paul, no me entrometo más, pero cuando necesites mi ayuda, no te la daré—Mi móvil comenzó a vibrar, lo saqué de mi bolsillo y me aísle del lado de mi hermano.
— ¿Quién es?– preguntó curioseando la pantalla de mi celular.
—Solo es April, quiere que le llame.
April era una vieja amiga de la antigua ciudad. Nos escribíamos a diario y luego de emprender nuestro viaje, se volvió más común llamarnos. En realidad, ella no había sido mi amiga, ella era mi exnovia.
—Aquí ha empezado a calentar, si quieres puedes llamarla en el interior del domicilio y mientras tanto aprovechas para darle un recorrido. Por cierto, tu mochila y la mía han quedado dentro del coche, cuando puedas lo recoges, no quiero ver tus cosas tiradas por ahí– advirtió con indiferencia.
—Concuerdo contigo, voy de inmediato sucia alimaña– Paul solo torno los ojos en blanco y suspiro.
Me marché directo hasta el coche y recogí ambas mochilas. Abandoné aquella carga sobre el pavimento para abrir la puerta principal. La enorme puerta de madera con espejos se abrió de un rechinido que incomodó mi audición; conseguí captar ese nauseabundo olor a polvo, alcanzaron a ingresar algunas partículas hasta mi nariz y me sacudí con mi camiseta. Recogí las mochilas y las reacomode nuevamente sobre mi hombro. Mi mirada recorre las paredes, unos magníficos retratos cuelgan de finos clavos. Una chimenea yace céntrica a la sala y un par de alcobas se presentan muy amuebladas. Me eleve hasta el segundo piso por aquellas principescas escaleras.
Descanse en un dormitorio tipo estudio con una hermosa vista al lago; me arroje en aquella suave cama e intenté dormir.
El resplandor del sol que ingresaba a la alcoba por las ventanas surtió irritación a mis ojos y me forre con una mantilla. Me senté en la cama al no lograr reconciliar el sueño y unos cuantos bostezos me asistieron. Me levanté al recordar que tenía que llamar a April y lo había olvidado por completo. Adquirí el móvil de mi bolsillo y comencé a marcarle hasta que conseguí contactarla.
— ¿Hola?, ¿April, estas ahí?.
— ¿¡Ana!? Por fin consigo localizarte, te he marcado toda la mañana para saber cómo te fue en el viaje. Mi Madre ha preguntado mucho por ti– respondió ella animosa.
—Todo está en orden. El domicilio es enorme, tiene como seis dormitorios y los alrededores son hermosas faunas y floras, solo que le falta algo de limpieza y mano de obra. No hay nada de que preocuparse, los vecinos están bien alejados y no se entrometeran en nuestras vidas. Dile a tu madre que la extraño muchísimo y que pronto sabrá de mí. El viaje fue muy incómodo y el coche no fue de mucha ayuda; se descomponía constantemente, pero no nos costó arreglarlo gracias a que somos unos Aces reparando.
—Me alegra escuchar eso. ¿Ya te inscribieron en la universidad? Se que me dijiste que eso no te interesaba, pero me preguntaba por si ya habías cambiado de opinión. Las clases aquí, serán muy aburridas sin ti, no sabes cuánto necesitamos verte, sobre todo yo.
—Lo del instituto está en veremos y entiendo, en cuanto esté preparada le llamare. Y... April, no deberíamos llamarnos tan a menudo, estaré muy ocupada, y tú debes reacer tu vida.
Escuchar la voz de April me concedió mucha nostalgia, fui fuerte, sino comenzaría a llorar como magdalena. No quería que ella sintiera que yo estaba mal, empeoraría la situación y eso es lo que menos quería. Necesitaba que me olvidará de cualquier manera posible. Yo me aguantaría mi dolor, solo que quería que ella fuera feliz.
No era justo lo que había pasado, ella y yo nos queríamos muchísimo. Mi padre y mi madrastra nunca la quisieron, cuando se enteraron me prohibieron verla. Un mes después, mi padre enfermó, y luego murió. Su mujer se apropió de todo, solo pudimos salir de la casa con nuestras pertenencias personales y el auto de Paul. No tuve tiempo ni de despedirme de April, ella solo se enteró porque la llame de camino aquí.
—A ver Ana, ¿No crees que me estas pidiendo demasiado? Yo no quiero rehacer mi vida con nadie más. ¿Eso quieres? ¿Que me enamore de un chico?– me grito furiosa, con una voz seca.
Siempre había sido el tipo de persona que es más terca que un tronco. Me gustaba mucho por eso, ella era una mujer hermosa y d*******e, pero también tenía un lado sensible.
—¿De que estas hablando? Además de despistada, mal intencionada ¿No?, Lo que quería decir con eso es que debes dejar de pensar en mí, ya hemos terminado y podríamos sufrir más.
—Lo sé, solo era una broma—se oye una carcajada entrecortada. –Ya ha pasado más de un mes y entiendo Ana, igual estaré pendiente de ti.
April podría reírse a carcajadas, pero yo sabía que solo decía eso para parecer más fuerte y desinteresada. En el fondo sufría tanto como yo, ella se había clavado fuerte en mi corazón, pero solo quedaba un recuerdo que pronto se perdería entre la niebla.
—Espera un momento—Me asomé por la ventana al escuchar un fuerte chirrido prominente de la cochera.
— ¿Que, que ocurre? — curioseo April.
—April, hablamos luego. Creo que mi hermano ha comenzado a trabajar en el taller sin mí. Acabo de escuchar algunos ruidos, es mejor que baje a ver que sucede.
—Está bien. Cuídate mucho Ana, ven a visitarnos pronto.
Lo último que me dijo fue algo doloroso, ni siquiera tenía dinero para tomar un bus, en realidad, no tenía ni un centavo en el bolsillo. Mi hermano y yo estábamos solos contra el mundo, y ni siquiera podíamos vender la propiedad por el mal estado en el que se encontraba, o al menos eso había dicho el de la inmobiliaria. Seguro que cuando la arreglaramos, podríamos venderla a un buen precio y largarnos a otra parte o volver a la ciudad.