LUKAS SLADE

1188 Words
Cuando Harold regresó a su casa ya era de noche. Mientras encendía las luces sintió un ligero escalofrío. Ahora le parecía que la casa no estaba sola y aquello le producía un extraño desasosiego. Por eso estaba optimista con la llegada de su cuñada y Jessica. La pequeña Jessica y sus respuestas siempre exactas y punzantes. De pronto, le perdía el miedo a la ponzoña de las abejas y empezaba el negocio de la miel. Ya, de las aplicaciones que se encuentran en internet no quería saber más nada en su vida. El sábado iba a ser bastante ocupado. Como persona mayor, Harold se despertaba temprano. Quería ir muy de mañana a organizar el garaje, pero ahí había cosas que producían ruido: rines, herramientas y latas. Y por ser sábado no era bueno despertar a los vecinos que ese día podían dormir un poco más. Cuando Jhonny llegó, notó que a pesar del frío Harold tenía sudor en la frente. —Primera vez que lo veo trabajando de verdad, viejo Anderson. —Mi amigo, es increíble cuánta mugre he tenido que sacar de aquí. Sin embargo, creo que hay una maldición gitana: que lo que uno bota al otro día lo necesita. —Asere, esa es una verdad enorme —dijo el cubano. —Bueno, mi amigo, le confieso que no veía la hora de que usted llegara. Quiero que le ponga fin a ese problema que tengo —dijo Harold tomando por el brazo al cubano. —Eso está hecho —dijo Jhonny muy seguro. —Mire lo que compré ayer para que celebre —dijo Harold mostrando la botella de Havana Club. —Ya vamos a celebrar, aquí no me demoro mucho. —Yo lo dejo trabajar tranquilo —dijo Anderson—. Aún tengo bastante trabajo en el garaje. Jhonny inició la limpieza de la laptop por lo básico. Entró por Windows + R y colocó mrt y presionó Enter. Iba a seleccionar análisis completo y la computadora dio dos beep, beep y se apagó. Después de esperar unos minutos la laptop volvió a encender sin ningún problema. Para intentar otro camino, el cubano fue directo a la aplicación de fotos e intentó desinstalarla. No se sorprendió cuando recibió la misma respuesta que había visto Harold. Los virus maliciosos más rebeldes invaden parte de los sistemas operativos para evitar ser borrados. Eso lo sabía Jhonny. Entonces instaló un antivirus que hacía muy poco tiempo estaba siendo usado en casos extremos, se trataba del Kaspersky Virus Removal Tool. Pero volvieron los beep, beep y la pantalla se llenó de letras y números. Cuando las letras y los números se borraron, apareció en rojo una información que preocupó al cubano: SYSTEM WARNING CRITICAL ERROR: Project Shadow OX Alpha_ Omega TOTAL DEVICE FAILURE IMMINENT DO NOT PROCEED. Afuera los minutos se le hacían eternos a Harold. Quería ir a preguntar cómo iba el trabajo, pero sabía que a veces es mejor dejar tranquilo a quien trabaja. Jhonny agotó sus mejores recursos antes de darse por vencido. No hubo nada que celebrar, por eso la botella quedó intacta. Cuando fue a buscar a Harold la decepción era evidente. —Por la cara que trae, creo que no hubo nada que celebrar, ¿verdad mi amigo? El cubano se rascó la cabeza con la mano derecha y llamó a Harold hasta la acera. —Me tiene asustado, Jhonny. Cuénteme qué encontró en mi computadora. —Encontré ahí adentro de su laptop cosas inexplicables. En mi vida solamente una vez ví algo parecido —dijo el cubano, mostrando en el teléfono una fotografía que tomó de las advertencias que salían en la pantalla. —Bueno Jhonny, pero dígame de una vez qué significa todo eso —dijo Harold con algo de impaciencia. El cubano no ocultaba su preocupación. —Harold, una vez me llevaron unos contratistas de la NSA a la base Warren. Ahí vi por primera vez un aviso como ese que le mostré en el teléfono. —¿Usted estuvo dentro de la base, Jhonny? —Si, mi amigo. Ahí vi un código como ese en una aplicación de uso militar. —Y ¿cómo diablos llegó algo como eso a mi computadora? —No tengo todas las respuestas, Harold. —Entonces, ahora me toca lanzar mi laptop a un lago. Yo no puedo vivir asustado en mi casa. —No vaya a cometer ese error, por favor. Algo que pude ver es que el GPS de la computadora está activado. Es una manera de saber si la cambian de lugar. Harold se puso las dos manos en la cabeza y miró al cubano antes de preguntarle: ¿ y entonces, tengo que abandonar mi casa y mudarme para un hotel? Jhonny habló, buscando tranquilizar a su amigo. —Todo tiene solución. ¿Recuerda a Lukas Slade? —¿Y qué tiene que ver ese señor en todo esto? –preguntó Harold. —Ya le voy a explicar —contestó Jhonny calmadamente—. Lukas Slade era la superestrella de la ciberseguridad. ¿Se acuerda de que fue al banco a blindarnos contra ataques cibernéticos? El problema fue que se volvió un hacker que empezó a robar a sus clientes. —¿Y cómo se dieron cuenta si era tan bueno? —El cuento es algo largo, Harold. Existe una práctica llamada Smurfing, que consiste en mover pequeñas cantidades de dinero para no llamar la atención del FBI. Después de muchas investigaciones y seguimientos lo descubrieron y lo condenaron a catorce años de cárcel. —Y entonces, ¿en qué me sirve el señor Slade a mi? —El señor Slade ha estado metido en todas las aplicaciones militares que el gobierno ha desarrollado. Por eso le conmutaron la pena por detención domiciliaria —contestó Jhonny. —No puedo sacar la laptop de la casa por lo del GPS que usted me dice y el señor Slade no puede venir porque está preso, ¿entonces qué hago, Jhonny? —Muy sencillo, Harold. Usted va a ir a su casa y le va a mostrar el código que anoté en este papel. Ahí también está la dirección. Y le explica todo. Jhonny le puso en el bolsillo de la camisa a su amigo un pedazo de papel amarillo. Antes de encender su automóvil Lexus blanco, dijo: —Harold, en caso de que Lukas no quiera abrir la puerta, dígale que yo lo mandé. Con eso lo atiende. Después de que Jhonny se fue, Harold se quedó unos minutos en la acera. Por un momento se olvidó del frío y la nieve que caía. Ir a buscar a un delincuente era una idea que no le gustaba para nada. Pero ahora que iba a compartir su techo con Audri y su hija, no podía tener en su casa algo que fuera una amenaza para su seguridad. Con muchas ideas pesimistas dando vueltas en la cabeza, terminó de hacer aseo en el garaje. Cuando cerró la puerta de su casa, se quitó los guantes y se tomó un trago largo de Havana Club. Al fin y al cabo, era sábado y hacía frío.
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