Tenía un nuevo hogar, pero me sentía un poco extraña, pues no estaba familiarizada a la vida que el viejo suele llevar. El hecho de que estén personas desconocidas haciendo todo por mí era un poco incómodo, lo que hace difícil acoplarme. Sin embargo, lo intento. Un mes... Ya había pasado un mes de estar aquí. Mi rutina se había convertido en caminar por la playa en las mañanas antes de desayunar. Al volver, suelo desayunar y después sentarme en el balcón con un libro en las manos y una taza de té a mi lado. Al medio día, después de almorzar, contemplaba las fotografías que había en aquella casa y muchas eran del viejo siendo niño, de sus padres y fotos de cuando iba creciendo. Después de la cena, salgo a caminar en la playa para refrescar mis pies con el agua hasta mis tobillos y sentir

