Ella me ignora y se va hasta donde estaba el viejo. —¿Qué rayos le ha pasado? Me aseguro de que la puerta quede bien cerrada. Pensaba en ir por algo de comer, ya que había comenzado a sentir hambre nuevamente cuando me detuve al escuchar gritos que provenían de arriba. No sabía si debía ir para asesorarme de que todo estaba en orden o simplemente ignorarlos, después de todo, son adultos y tienen la capacidad para solucionar sus problemas. Sin embargo, los gritos no se detenían. Al fin me rindo y camino en silencio y despacio para saber en qué consistía su discusión antes de entrar. Por una extraña razón, me causaba demasiada curiosidad el comportamiento de Doris y la pelea que estaban teniendo. —¡Señor! —Doris Duarte, baja la voz. —Es un mentiroso. Ambos se callan, ¿Acaso son amante

