Permaneció sentada durante mucho tiempo, mucho más de los dos minutos que Mike le había asignado, pero no le importó. Ya la había llevado al límite; unos azotes ya no podían asustarla. Además, estaba bastante entumecida. De todos modos, unos azotes no le dolerían mucho. Todavía no. Desplomada en el cubículo, la excitación que había sentido ante su inminente castigo le parecía tan lejana, prácticamente irreal. Levantó la cabeza, se secó los ojos y se apoyó en la pared. ¿Cómo iba a volver a salir ahora? La puerta crujió cuando alguien la abrió de un empujón. - ¿Carly?, - dijo una voz vagamente familiar. - Soy Tessa. ¿Estás bien? Tessa. ¿Por qué enviarían a Tessa? Pasaba parte de su tiempo en la estación vecina, pero apenas se conocían. Aunque, ahora que lo pienso, ella apenas conocía a n

