Bebimos hasta quedarnos dormidas y al llegar la mañana, me desperté y miré que Colette estaba siendo cargada por Finn para ponerla en la silla de ruedas. — Buenos días — acomodé mi cabello — no te he sentido a la hora que despertaste. — Y no era para menos, parecías comatosa — Colette, rio bajito — por suerte dejaste la puerta de tu habitación sin seguro porque de no ser así, Finn, no hubiese podido entrar. — Lo siento, supongo que lo de la fiesta me cansó. Tengo que empezar con los preparativos de mi boda con tu hermano, hoy pienso ir a la boutique y tú me vas a acompañar. — Lo supuse, por eso le pedí a Finn que me viniera a ayudar para ducharme. Espero que tu regadera sea lo suficientemente grande para que los dos quepamos. — ¿Acaso Finn te baña? — ¿Qué esperabas? Necesito ayuda y

