Habíamos pasado la mañana recogiendo nuestras cosas con ese aire de nostalgia que a veces deja lo perfecto. El hotel había sido nuestro refugio, nuestra burbuja, y cada rincón parecía guardar una memoria. La cama deshecha, el aroma tenue de su colonia aún flotando en el aire, el espejo empañado del baño… todo hablaba de él. De nosotros. Dastan había bajado al estacionamiento para coordinar con el chofer, mientras yo tomaba el ascensor con mi valija en mano. Vestía un vestido n***o sencillo, pero elegante, y sentía todavía en mi piel los rastros de la última ducha compartida, el roce de sus labios, la calidez de su voz en mi oído mientras decía lo importante que era en su vida. Bajé al vestíbulo y me dirigí hacia la recepción para dejar la tarjeta magnética cuando lo escuché. Esa voz. E

