Repetí la pizza que Aaron se había encargado de hacer, pues mi hambre era peor que la buena honestidad de Daniel al darme papitas fritas y Seven-Up. Jay me comentaba lo mucho que había estudiado en la gran universidad de Nueva York, y que su familia pertenecía a Florida. Intrigada por saber de sus historias, también les conté la poca relación que tenía con mi madre. Por una fortuna obvia, era una buena mujer y ejemplo de vida. A pesar de que jamás hablaba de ella, ni con Lisa, aquella noche les conté todos mis recuerdos inoportunos. Cómo mis cicatrices que no podían sanar hasta los peores golpes de mi vida. Aquella noche vi a Aaron reír ante mi locura y sinceridad, me había dado cuenta que su sonrisa era dominada por una profunda tristeza que me hubiera gustado descubrir, pero lo único qu

