01. El maldito rubio

2171 Words
Helen. Todo el mundo suele creer que mi vida es muy intensa y entretenida, pero no lo es. Muchas veces las personas tienen altas expectativas sobre mí y es algo que nunca lograré entender del todo. Mi vida se resumía en mis amigas, ser estudiante de segundo año en la carrera de Psicología y algunas aventuras con uno que otro tipo que conocía casualmente cuando salía a beber y bailar. Nunca había tenido algún novio serio y de solo pensarlo me ahogaba ante la idea, ¿qué pasaba con esas parejas que duraban años?, ¿no se aburrían que siempre sea lo mismo?, ¿su amor era sin fin? Me causaba mucha curiosidad el cómo funcionaban las relaciones sexo afectivas monógamas y formales, pero eso no significaba que yo estuviese interesada en mantener una, de eso ni hablar. Los noviazgos significaban más compromiso del que yo podía adquirir. Muchas veces sentía que mis únicas relaciones eran las que mantenía con Cristina y Georgia, mis mejores amigas de toda la vida. Siendo sincera, a mí parecer, yo no tenía un trauma o algo parecido, solo no me llamaba la atención tener relaciones amorosas serias. Era feliz siendo solo Helen Keim, la pelirroja loca y amante de su libertad. Había tenido noches de locura con chicos, pero eso no quería decir que fuera una zorra, solo practicaba el sexo libre sin compromisos y eso no tenía nada de malo, yo era libre de hacer lo que quisiera con mi cuerpo, siempre y cuando fuera responsable con las enfermedades de transmisión s****l, eso sí, siempre guardaba cuidado con utilizar condones. Ahora, mientras caminaba por los extensos pasillos de la Universidad me tomé el tiempo de reflexionar un poco sobre mi estilo de vida, y me sentí conforme con lo que era y en lo que me estaba convirtiendo. Solo quedaban tres años de Universidad y sería libre de poder ejercer como psicóloga. La Universidad era enorme, por lo que ir de un lugar a otro tomaba un tiempo relativamente considerable. Suspiro con alivio cuando por fin avisto la biblioteca cerca de mí. “¿Por qué Georgia tenía que haberme citado en la biblioteca? ¡No había sitio más aburrido que ese!”, pienso. Apuro el paso cuando siento enormes ganas de orinar y desvio el camino hasta el baño de mujeres. Entro a un cubículo desocupado y hago el típico procedimiento de cuándo alguien libera su vejiga, nada fuera de lo común. Al salir y querer lavar mis manos, pego un salto cuando por el espejo veo a un chico rubio de pie sobre el inodoro continuo al que yo había usado segundos atrás. —¿Los pelos de tu zona baja son igual de rojos que tu cabeza? —pregunta casualmente. Abro los ojos con asombro y sin darme vuelta aún asiento hacia él—. ¿Eres muda? ¡Sabía que ir a ese curso de lengua de señas sería útil! Intento formular alguna frase coherente, pero antes de poder hacerlo, el rubio a mis espaldas comienza a mover sus manos comunicándose en lengua de señas conmigo. Me quedo atónita ante su comportamiento y finalmente logro responder: —Si hablo, solo que tu pregunta es tan ridícula que no quería gastar mi tiempo en responderte —me encojo de hombros y termino de lavar mis manos en el lavabo. Me giro sobre mis pies y le guiño un ojo para luego intentar salir del baño y acabar con ese encuentro tan extraño. —¡Hey, espera! —exclama él con diversión y detengo mi rumbo para atender a su llamado con una ceja alzada—. ¿De verdad son rojitos? —con su dedo índice señaló mi parte más íntima y giro los ojos con fastidio. —¿Los tuyos son rubiecitos? —cuestiono con una media sonrisa hacia él. El chico abre la boca con asombro y hace una mueca de incredulidad—. ¿Ya no hablas? Lástima que no he ido a un curso de lengua de señas para poder seguir esta agradable conversación. Doy media vuelta y salgo del lugar con una divertida sonrisa en el rostro. —¿Por qué no me has enviado a la mierda? —pregunta tras de mí, mientras abandono el lugar. —Por si no lo notaste, eso hice —murmuro en respuesta. —¡Ya veo! Me he topado con un ego disfrazado de chica ardiente —habla con la voz un poco más grave. —Y yo con un bad boy barato que no sabe coquetear —respondo con diversión. Aumento el ritmo de mis pasos yendo hacia la biblioteca, donde mi amiga está esperándome. Estando a escasos metros de abrir la puerta siento un toque en mi hombro. Me giro con rapidez y le gruño al rubio que me observa con una sexy sonrisa en el rostro. —Soy más de acción y menos de hablar, belleza —susurra con coquetería y me guiña un ojo. Voy a responder algo cuando de pronto sus labios se pegan a los míos y comienza a besarme. Por puro instinto mis manos suben por su pecho y tiro de su cabello, él me toma de la cintura y me afirma contra la pared más cercana. Se pega a mi cuerpo y sus manos me recorren por completo, subiendo por mi torso hasta llegar a mis pechos, calentando el fuego de mi interior. Un gemido se me escapa cuando sus dedos juguetean con mis senos y no doy crédito a las ganas que tengo de que este desconocido me devore en ese mismo lugar. El maldito rubio presiona su pelvis contra mi cuerpo y puedo sentir su erección contra mi abdomen. Sus labios bajan por mi cuello y se detiene en mi clavícula, para luego succionar con fuerza la zona. Mi cuerpo reacciona y comienzo a frotarme contra él, queriendo satisfacer mis necesidades más primitivas. Es en ese momento cuando el chico frente a mí se aleja y me observa con una enorme sonrisa en el rostro, para luego darse media vuelta y dejarme de pie, muy confundida. Me quedo sin palabras y observo cómo se marcha lentamente, dejándome muy mojada y con ganas de tenerlo dentro de mí. —¡Esto no se va a quedar así! —grito con fuerza hacia el maldito rubio. Me quedo unos segundos de piedra, pensando en lo que había sucedido y en la evidente química que había entre ambos. Estaba confundida, porque lo que hace unos segundos tuvo lugar me había gustado mucho y estaba ansiosa por volver a repetirlo, aunque prácticamente era un desconocido que probablemente no volvería a ver. (…) Resultaba que los exámenes finales habían terminado para mí y las merecidas vacaciones estaban entre mis manos. Para la noche tenía pronosticado ir a un bar con mis mejores amigas y un chico que asistía a la misma Universidad que Georgia y yo, y que por cierto, estaba intentando ligar con Georgia, quien recientemente estaba soltera. Este chico, Benjamín, tenía un par de amigos muy guapos que siempre andaban con él en la Universidad y pretendía acercarme a uno en específico que según mis fuentes se llamaba Matías. Moreno, ojos verdes, cuerpo de infarto y me sacaba dos cabezas de altura. Estaba bastante guapo y esperaba que se dieran las condiciones para hablar con él y quizás algo más que simples palabras, porque siendo sincera el encuentro con ese maldito rubio me había dejado bastante encendida. Mientras Cristina, mi otra amiga, terminaba de tomar sus cosas para ir de camino al bar, Georgia seguía insistiendo en que esperemos que Benjamín nos llevase en su automóvil, pero no queríamos hacer mal tercio, por lo que junto a Cristina decidimos ir por nuestra cuenta y dejar que nuestra amiga y su ligue se vayan solos. —¿Crees que estará bien? —pregunta Cristina una vez que salimos de casa de Georgia. —Sí, nuestro deber es hacer que despeje la mente —me encojo de hombros y le sonrío para relajarla—. Benjamín no tiene mala fama, le tengo fe. Cristina me observa reacia, porque en realidad era solo mi palabra la prueba, ya que ella no conocía al sujeto, porque no asistía a la Universidad con nosotras. —Sí, lo mismo pasó con Adam y mira cómo es que terminó todo, con Georgia llorando a mares y con el corazón roto. La verdad no era un secreto que ese maldito saco de mierda había roto el corazón de nuestra amiga, pero gracias a Dios él ya no estaba dentro del panorama. Habían terminado hace un par de días y me enorgullecía decir que Georgia ya estaba mejor sin él. La relación que Georgia había tenido con Adam siempre fue tormentosa, debido a que él la manipulaba y siempre la engañaba con otras chicas. —Tranquila, es solo una salida y no va sola, estaremos ahí mismo por si algo se descontrola —le aseguro. Continuamos el trayecto entre conversaciones triviales y chistes malos por parte de Cristina. Al llegar al lugar nos ubicamos en la barra de licores mientras esperamos por Georgia y Benjamín. Iba a pedir un vaso de Vodka cuando inesperadamente unas grandes manos opacaron mi campo visual. Fruncí las cejas e intenté moverme, pero no lo logré. —Quién quiera que seas, quita tus manos de mi rostro o lo siguiente que pasará no será muy lindo para ti —digo con dureza y siento una vibración a mis espaldas. Cuando vuelvo a ver la luz de la noche, me giro para descubrir al culpable y hago una mueca al ver al maldito rubio frente a mí mirándome con una linda sonrisa en el rostro. Al verlo un cosquilleo se instala en mi estómago y odio ese sentimiento. —¿Siempre eres así de ruda? —cuestiona él con una sonrisa de lado. Ignoro su pregunta y vuelvo a lo que quería: Un vaso de Vodka. —Hola, chicas. Mi nombre es Jaime —escucho cómo otro chico habla y me limito a mover mi mano en forma de saludo mientras Cristina besa su mejilla. —Soy Cristina y ella es Helen —nos presenta mi amiga con amabilidad. “¿Por qué mis amigas eran tan amables? ¿O yo era muy maldita?”, me cuestiono. —Que lindo nombre, rojita —susurra el rubio a mis espaldas. Giro los ojos y hago mi pedido al barman. —¿Cómo te llamas? —le pregunto al chico bajito que estaba sentado al lado de mi amiga. —Carlos, un gusto —me sonríe y extiende su mano hacia mí con amabilidad. —Lo mismo digo —le sonrío de vuelta. Se veía a simple vista que era un chico muy tierno—. No quiero ser pesada, pero estamos esperando a unos amigos. El maldito rubio bufa y se sienta a mi lado con toda la confianza del mundo. Arrugo mi nariz hacia él e intento ignorar que el perfume que trae encima es muy s****l, es decir, olía a “Soy bueno en la cama y te voy a devorar”. —¿Alguien te dijo que te sentaras? —le pregunto un poco menos desagradable, pero solo un poco, porque nunca hay que bajar la guardia por completo con este tipo de sujetos. —No, pero tampoco estaba esperando una invitación de tu parte —responde él con una sonrisa ladeada. Lo observo fijamente y detallo su rostro con mis ojos, deleitándome con la vista. Maldición, sí, es muy atractivo. Quería besarlo, sí ¿Quién no? —Veo que ya se conocieron. La voz de Benjamín resuena en mis oídos, sacándome de ese trance en el que estaba delirando con probar nuevamente los labios del rubio pervertido. —Por desgracia…—respondo con una mueca en el rostro. Estaba cabreada por querer besar a este chico, me tenía frustrada. —Eso es lo que dices ahora, espera un poco más y seré yo quién te pida distancia —el tonto me guiña un ojo y escucho la sutil risa de Cristina. —Sí, me pedirás que acorte la distancia, pero déjame decirte que no será posible —sonrío con malicia y luego lo observo con intensidad—. No me vienen bien los chicos… Carlos y Jaime me observan con asombro, mientras Benjamín a mi lado ríe con burla hacia el que ahora sé que es amigo suyo. —¿Eres gay? —me pregunta el rubio con asombro. —Para ti, sí. —No te podrás resistir a mis encantos —me observa desafiante. Le devuelvo la mirada y muerdo mi labio inferior para reprimir una carcajada. Escucho de manera lejana cómo todos comenzaban a presentarse, pero solo puedo pensar en que el rubio frente a mí se llamaba Víctor. Me cuestiono cómo había pasado desapercibido a este rubiecito, si era bastante guapo para mi gusto. Solo tenía certeza de una cosa, que quizá había venido esta noche con la intención de conectar con Matías, pero Víctor no se me hacía una mala opción. De hecho, era una opción muy buena y una opción que por, por cierto, besaba muy bien y tenía unas manos grandes que deseaba me recorrieran por completo. Próximo capítulo disponible el 01 de Abril del 2021. PD: Recuerden que esta es la secuela de "Cómo sobrevivir a un mal amor" y va en la misma línea temporal de esa historia.
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