Víctor
El día había comenzado de la manera más inusual posible, porque por error ingresé al baño de mujeres de la Universidad mientras escapaba de las quejas de uno de mis profesores y dentro de aquel baño me topé de frente con una linda pelirroja que llamó mi atención de inmediato.
Debía reconocer que no esperé que me hablara, mucho menos todo lo que vino después, incluyendo ese beso que me derribó por completo y me quitó el aliento.
Me había cuestionado toda la tarde si es que había tomado la decisión correcta al robarle un beso a aquella pelirroja, pero me convencí a mí mismo que su reacción fue suficiente como para hacerme saber que lo disfrutó tanto como yo.
Luego de esa situación un tanto extraña e imprevista, por obras del destino, mi mejor amigo, había invitado a salir a una chica que llamaba su atención, quien resultó ser amiga de esta ardiente pelirroja. Entonces aquí estaba yo, en un bar, sentado al lado de Helen y esperando poder revivir el beso que hace unas horas le había robado fuera de la biblioteca.
De reojo podía ver como Benjamín intentaba coquetear con la amiga de Helen, una pequeña castaña llamada Georgia, que también estudiaba psicología junto a la pelirroja que ahora estaba en mi radar.
Ahora que nos encontrábamos sentados en una mesa y bebiendo, mis miradas coquetas hacia Helen eran imposibles de ocultar. La deseaba demasiado como para aguantarme las ganas y ocultarlo al mundo.
Quería besarla, follarla y muchas cosas más si era posible.
Helen me había demostrado ser una chica ardiente, atrevida, excéntrica y muy pelirroja. Me encantaban las chicas con el cabello color rojo, era una fantasía que tenía desde siempre y nunca había logrado conocer alguna que me quitara el aliento, como lo hacía Helen.
Observo cómo Benjamín se lleva a Georgia a la pista de baile y no pierdo mi oportunidad para hacer un movimiento con la chica a mi lado.
—¿Quieres otro trago? —le pregunto a Helen, mostrándome amable. Ella alza la vista y me observa con una sonrisa de lado, que se me hace muy coqueta.
—Vodka, por favor —susurra finalmente y me guiña un ojo. Observo su boca con tantas ansias, que estoy seguro que me veo como un baboso.
Pido el trago al bartender y mientras esperamos que él se lo entregue, le guiño un ojo. Al parecer, esta chica es muy experta en ignorar mi presencia, por lo que intento llamar su atención.
—¿Y no quieres un beso, tal vez? —pregunto con falsa inocencia, mientras me acerco a su oído, invadiendo un poco su espacio personal e intentando provocarla—. Podrían ser dos, tres, cuatro… los que tú necesites.
Helen suelta una carcajada y ladea su cabeza, viéndose afectada por mi cercanía y por la propuesta.
—¿Sabes qué? Dos estarían bien —susurra con la voz grave.
Le sonrío y ella se acerca a mi rostro con lentitud, lo que me hace sentir desesperado por tener su boca sobre la mía otra vez. Helen deja un beso suave sobre mi mejilla y yo corro mi cara para poder devorar su boca de una vez.
Quedamos frente a frente y tan cerca que puedo sentir cómo su perfume invade mis fosas nasales. Cierro los ojos preparado para la acción, pero su risa me saca de balance al darme cuenta que se está burlando de mí.
—¿Qué fue eso? —pregunto abriendo mis ojos y frunciendo las cejas con confusión ante su actitud.
—No sé, pero tienes que esforzarte un poquito más si quieres algo de mi, rubiecito —ella se encoge de hombros y me guiña un ojo.
Esta chica era un reto, totalmente, y yo amaba las cosas complejas.
“Allá voy”, pienso con decisión.
—¿Vamos a bailar, rojita? —propongo con una sonrisa coqueta. Ella se encoge de hombros y toma el último sorbo de su vaso de vodka, para luego dejarlo vacío sobre la mesa.
—No soy mucho de bailar, pero haré un intento —responde con una sexy mueca en los labios. La observo con intensidad y me coloco de pie frente a ella.
—Vamos, no puedes ser tan mala bailarina —extiendo mi mano hacia ella y espero a que se ponga de pie junto a mí. Helen camina con elegancia por entre las personas y no paso por alto que muchos se voltean a verla—. Eres una chica muy llamativa ¿Lo sabías?
Helen suelta una carcajada y se acerca más a mi cuerpo para comenzar a moverse al ritmo de la música.
—Quizás lo sea —responde en un susurro y mueve sus cabellos con sensualidad.
Engancho uno de mis brazos en su cintura y la pego a mi cuerpo, mientras recorro su cuello con la punta de mi nariz, absorbiendo su perfume y guardando esa fragancia en mi memoria.
Siento como ella acaricia mis hombros con sus delicadas manos y esa es la señal completa que necesitaba para arriesgarme una vez más.
Pongo mi rostro frente a ella y le guiño un ojo, dándole una sonrisa traviesa.
—Voy a darte el mejor beso de tu vida, rojita —murmuro cerca de sus labios.
Ella sonríe y rompe todos mis esquemas cuando saca su lengua y recorre mis labios con ella. Suspiro y con mis dientes atrapo su labio inferior, dejándola sin escapatoria.
Helen deja salir un pequeño gemido y traslada ambas manos hasta mi abdomen mientras envuelve sus labios sobre los míos. Ella lleva el control del beso, cosa que me sorprende un poco, pero lo disfruto.
El contacto se vuelve cada vez más intenso, profundo y excitante. Ella se presiona más a mi cuerpo mientras devora mis labios con desesperación, llevándome rápidamente a la excitación.
Comienza a formarse mi erección y cómo no, si esta chica es totalmente ardiente y la deseaba demasiado.
Su lengua recorre toda mi boca y el sabor a alcohol sólo hace que la situación se vuelva más erótica. Presiono levemente mi erección contra su estómago y la sonrisa en el rostro de Helen se hace presente.
—Creo que alguien ya quiere conocerme —dice con diversión y una sonrisa coqueta.
—¿Y tú qué es lo que quieres? —pregunto. Ella muerde su labio inferior y me da una mirada traviesa que me hace entender una aprobación de su parte.
Tomo su mano y la llevo hacia los baños del bar, me aseguro que no haya nadie viéndonos y segundos después la acorralo contra la pared mientras nuestras manos exploran nuestros cuerpos y nuestras bocas continúan devorándose la una a la otra.
—¿Te gusta esto? —pregunto y llevo mi mano hasta su zona más íntima. Presiono duro mis dedos contra ella, por sobre sus jeans. Ella cierra los ojos y sonríe, por lo que froto y acaricio con ganas esa zona que la vuelve loca.
—Está bien... —susurra Helen entre gemidos. Aún tengo mis manos sobre ella, por lo que las mantengo ahí.
—¿Solo bien? —cuestiono con una sonrisa.
—Sí, no te creas mucho —dice con diversión y corre mis manos, para tomar distancia de mi, lo que me hace sentir un poco rechazado.
La observo fijamente y su aspecto alocado me provocan ganas de no dejarla ir más.
—¿Aún quieres saber si allá abajo los pelos son rubiecitos? —cuestiono con una clara propuesta entre líneas.
—Uhm… sería interesante eso —responde ella con una clara disposición.
“¡Luz verde!”, pienso.
Luego de unos segundos caminamos nuevamente hacia la pista de baile, para abandonar el bar juntos. Miro por el lugar y mi vista se enfoca en Benjamín, quién está besando a la pequeña Georgia. Sonrío hacia ellos y le doy una mirada de reojo a Helen, quien también presencia la escena con claro interés, de todos modos estamos viendo a nuestros mejores amigos besarse en nuestras narices.
—¿A tu amigo le interesa de verdad o solo está jugando? —cuestiona Helen cerca de mi rostro, para llamar mi atención.
Me giro levemente hacia ella y asiento con la cabeza.
—No está jugando —aseguro. Benjamín no era de los que jugaban con las chicas, por lo que si podía poner mis manos al fuego por él.
—Más le vale —murmura la pelirroja a mi lado. Le doy una sonrisa divertida al ver su rostro.
—Es muy excitante cuando te pones en modo de chica mala —le susurro en voz baja.
Miro hacia la salida y le hago un gesto, ella asiente hacia mí y abandonamos el bar. Antes de salir puedo ver a Benjamín y Georgia aún besándose y solo pido que las cosas vayan bien, mi amigo es un buen chico y Georgia se ve interesada en él.
Helen toma su celular y pide un taxi, mientras yo la tomo de la cintura por la espalda y pego su cuerpo al mío. Beso su cuello y doy una mordida juguetona en su clavícula.
—Uy, ¿qué pasó? —pregunta coqueta. Se gira hacia mi, quedando frente a frente y yo llevo mi boca a la suya, para luego susurrar con atrevimiento:
—Toda la tarde he alucinado con tenerte en mi cama gimiendo mi nombre, Helen.
Los ojos de Helen se encienden y me sonríe, para luego permitir que mis labios devoren los suyos.
(…)
El constante sonido de mi teléfono resuena en mi cabeza, logrando sacarme del sueño profundo en que me encontraba.
Sonrío al sentir unos brazos alrededor de mi torso. Abro los ojos y tomo el aparato para cancelar la alarma que por desgracia no había dejado suspendida la noche anterior.
—¡Apaga esa mierda! —gruñe la pelirroja a mi lado. Tiene los ojos aun cerrados y arruga sus cejas al hablar.
—¿Estás cómoda? —cuestiono con un toque de diversión en la voz. Ella sonríe como acto involuntario.
—Sí, pero tengo frío —hace un puchero y se le ve adorable.
—Buena excusa para abrazarme, rojita —la molesto. Ella deja salir una pequeña carcajada y aparta sus brazos de mi cuerpo, haciéndome sentir frío inmediatamente.
—No te creas tanto, rubiecito.
Quiero responder algo, pero de pronto la puerta de mi habitación se abre de golpe y mamá entra al lugar hecha una furia.
—¡Por Dios, Víctor Andrés! ¿No podrías ir a tener sexo a otro lugar? ¿¡Hasta cuándo!? —Helen abre los ojos de par en par y se envuelve más con las sábanas de la cama, para cubrir su cuerpo expuesto.
Miro a mi madre con horror y vergüenza. Ella se cruza de brazos y me observa con reproche.
—¿No que te ibas a un viaje de negocios? —pregunto confundido.
—¡Iba a ir, pero no fui! ¿Acaso no me estás viendo aquí? —ella niega con la cabeza y suspira agobiada—. Por favor, sean decentes y solo vístanse —dicho esto, sale de la habitación.
Helen suelta una carcajada y luego se levanta para tomar su ropa y comenzar a vestirse.
—Lo siento, pensé que estábamos solos —me excuso con timidez y mucha vergüenza.
—Da igual —se encoge de hombros y se viste rápidamente.
—¿Crees que podríamos vernos otro día? —pregunto con la leve esperanza de que acepte mi propuesta.
—No suelo hacer eso, la verdad —se encoge de hombros y sale de la habitación sin decir nada más.
Paso ambas manos por mi rostro y sonrío inconscientemente al recordar todos los momentos de anoche, nosotros en el bar, luego llegando a mi casa un poco ebrios y bastante calientes.
Helen tenía que ser mía otra vez, necesitaba sentir su cuerpo junto al mío. Tenía que encontrar la forma de poder volver a verla, aunque no sería muy difícil.
COMENZAMOSSSSS
Les cuento (nuevamente), que por motivos personales esta novela NO se actualizará a diario, de momento tengo previsto subir capítulos los días MARTES Y VIERNES. Muchas saben que tengo otros trabajos fuera de aquí y además estudio en la Universidad, lo que me impide mucho el darles contenido de calidad y diario, así que me tomará un poquito más en subir esta novela, pero no teman que sí o sí se las terminaré
PD: Puede que hayan semanas más libres para mí, en donde pueda darles más de dos capítulos, así que no se alarmen y que todo fluya jiji LAS QUIEROOOOOO