Capítulo 7: El mundo es pequeño
Luego de un placer inigualable, hace presencia la vergüenza. Y es que, técnicamente Carlos era un completo desconocido. Lo había conocido el día anterior, y al siguiente, ya habíamos intimado. No es como que nunca antes hubiese hecho algo similar, pero, luego del acto, había dejado de ver a mis ligues anteriores.
A Carlos, sin embargo, lo iba a tener que ver casi todos los días en el trabajo. Me quité de encima de él y me vestí rápido. Él hizo lo mismo, tras amarrar y botar el preservativo.
—¿Si nos veremos el lunes? —preguntó tomando mi mano.
—Sí. Ahora si quieres puedes llevarme a alguna parada de taxis. Temo que te pierdas camino a mi casa.
—Tengo GPS —respondió señalando su celular —con respecto a eso, por favor dame tu número.
Le indiqué los dígitos de mi teléfono y él pareció satisfecho.
Guié a Carlos hasta mi casa. Él llevaba la radio encendida, así que la melodía mitigaba el silencio. Solo hablaba para indicarle dónde debía girar y todo eso, pero del resto me sentía cohibida. La razón de aquello era porque a pesar de que el sexo había estado divino, sentía que quería más. Y sí, sonará estúpido que haya tenido aquellos pensamientos cuando solo se trataba de algo casual. Pero, él me gustaba y mucho.
A pesar de aquello, me contuve y evité hacer comentarios estúpidos. Solo el tiempo diría qué tipo de relación tendríamos. Una vez llegamos a mi casa, le di un rápido beso en la mejilla dispuesta a marcharme, pero él me tomó de la mano y me besó en los labios.
—Gracias por dejar que te buscara —dijo contra mi boca.
—Gracias por buscarme —respondí besándolo con fuerza. —Duerme bien Alcántara. —dije al salir.
—Carlos —replicó él bajando el vidrio una vez salí del carro.
—Carlos —repetí para mí misma. ¿Por qué se sentía tan bien decir aquel nombre?
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
El domingo, se suponía que tenía que ser un día de descanso, pero, como todos los domingos, mi familia acostumbraba a reunirse en casa de mi abuela. Ese día, se suponía que era especial porque tendríamos (palabras textuales de mi mamá) “un nuevo m*****o en la familia”.
Mi amiga Rocío, casi nunca se perdía esas reuniones y llegó temprano a la casa para acompañarnos. Mi mamá, se había ido de madrugada a casa de mi abuela para ayudar a preparar la comida. Así que mi amiga y yo, teníamos la cancha libre para conversar.
Ella me contó lo que había pasado en la disco con Michael. Al parecer habían terminado en el baño dándose placer, pero luego él recibió una llamada y se marchó rápido. Por su parte, Teresa, estaba bailando con un rubio y este la llevó a otro lugar. Rocío me dijo que supuestamente Teresa le dijo que el rubio la había llevado a un restaurante caché, pero mi pelirroja asegura que la llevó fue a comer perros calientes.
—¿Por qué estás segura de eso? —le pregunté intrigada.
—Porque la boca le olía a que se comió un perro con todo. Por eso luego le dio dolor de barriga.
Mi amiga y yo comenzamos a reír. Luego fue mi turno. Le conté todo lo que había pasado con Carlos y cómo habíamos pasado de ser dos témpanos de hielo a dos conejos fogosos y saltarines.
—Oh my God —canturreó mi amiga giñándome un ojo. —¿Del uno al diez con cuánto lo calificas?
—Con 10 por supuesto. Pero, igual hay que ver su desempeño en otras posiciones —dije pellizcándola.
—Deja de joder Marisela, sabes que odio que me pellizques.
—Por eso me gusta hacerlo —repliqué pellizcándola de nuevo y logrando que se enrojeciera. Rocío siempre que se molestaba terminaba roja. Más roja de lo que era.
—En fin, aprovechando que andas liada con el chef, deberías decirle que me pase el contacto de Michael.
Le sonreí con suficiencia.
—Eso si te portas bien.
Y sí, a pesar de que era domingo, me sentía plena y feliz. Mi amiga y yo nos alistamos para ir a casa de mi abuela. Tomamos un taxi porque eran cerca del mediodía y el sol iba a matarnos. Además, en carro particular el tramo era de 20 minutos.
Seguíamos comentando mi aventura con Carlos durante el viaje, lo que hizo que el chofer nos dedicara miradas incomodas cada tanto. Sin embargo, saber que lo molestábamos solo nos causaba gracia así que continuábamos hablando con más ganas.
Mi abuela vivía en una bonita casa de dos plantas. Cuando llegamos, me percaté de la fila de carros estacionada afuera y supe que ya habían llegado mis familiares. Como mencioné, éramos una familia grande y todos los domingos tratábamos de reunirnos.
—Hoy como que vino todo el combo —dije cuando llegamos.
—Wow mira ese carrazo —canturreó Rocío al fijarse en un Mustang n***o.
Sonreí con suficiencia.
—Así tiene uno mi chef.
—Suertuda —se quejó tomándome del brazo. —Espero que haya venido al menos el primito tuyo ese para tener algo de colirio.
—Es un vago Rocío.
A pesar de que la puerta estaba cerrada, no le habían pasado llave, así que solo giré la perilla y entramos. En el interior de la vivienda todo era un alboroto. Lourdes, mi abuela, al fijarse en nosotras, se acercó tan rápido como pudo.
—Pero que alegría ver a mi nieta más coqueta y a la hermosa Rocío —dijo dándonos un abrazo y un beso sonoro en la mejilla a ambas.
—Coqueta y hermosa abuela —repliqué correspondiéndole a su abrazo.
—Ya te llegó la competencia, mi otra nieta bonita.
Abrí la boca sorprendida, esa solo podía ser…
—¿Shana? —inquirí con asombro. Mi prima llevaba varios años en la capital. Habíamos perdido el contacto a pesar de que de pequeñas éramos muy unidas. Digamos que luego ambas cambiamos y nuestras personalidades chocaban.
Mi abuela no necesitó asentir, porque como si la hubiese invocado mi prima apareció en el umbral. Se acomodó su deslumbrante cabello n***o y se movió de forma elegante hasta nosotras. ¿Había bajado de peso? Aquel vestido blanco sin duda le quedaba precioso, resaltaba su piel canela.
—¡Mary! —canturreó al verme dándome un abrazo. —Tiempo sin verte. ¿Has subido de peso?
Bufé.
—Solo he sido feliz —repliqué riéndome al ver su cara —tu tan nice como siempre Shana.
Mi prima se entretuvo saludando a mi amiga y justo en ese instante, fue cuando sucedió lo peor. A escasos metros de nosotras, nos miraba un hombre. Pero a ese caballero, ya lo conocía y cuando notó mi mirada pareció tan perturbado como yo.
—Carlos, ven a conocer a mi prima —lo llamó Shana haciendo que yo me paralizara. ¿Qué hacían juntos? Recé en mi interior para que fueran amigos o compañeros de negocios, pero la vida definitivamente daba muchos giros —Mary conoce a mi novio y quizá en algún momento futuro esposo.
Inhalé hondo y me preparé para el apretón de manos más incómodo de mi existencia. ¿Cómo fingir que no lo conocía si habíamos tenido sexo la noche anterior?
—Hola —carraspeé tendiendo la mano.
—¿No eres la del restaurante? —inquirió él luego de darme un fugaz apretón de manos.
Incliné la cabeza hacia la derecha y entrecerré los ojos.
—¿Qué? ¡Ah!... Sí, sí, ¿eres el nuevo chef no? —él asintió —Ah… Bueno, con razón me parecías conocido… Digo, pensé que…
—Sí —comentó Rocío para salvarme de meter la pata —el nuevo chef de tu trabajo.
Asentí y los cinco mantuvimos un incómodo silencio.
—Bueno, veo que se conocen —dijo mi prima con una sonrisa que no le llegó a los ojos. —Ven conmigo Mary, cuéntame qué has estado haciendo antes de que empiece el almuerzo.
Seguí a mi prima deseando que me tragara la tierra.
Ese domingo técnicamente fue uno de los días más incómodos de mi vida. Traté de pasar bajo perfil y evité hablar en todo momento. Mis familiares estaban concentrados en Shana y en su inesperado regreso. Por otro lado, estaban maravillados con Carlos y todos sus logros.
Apenas terminamos de almorzar, me encerré de forma disimulada en el cuarto de mi abuela. Aquello no podía estar pasando. La vida no podía ser tan cruel e injusta conmigo. ¿Por qué nadie me había comentado que Shana había regresado? ¿Por qué a nadie se le había ocurrido decir que tenía un novio medio famoso y guapetón?
¿Por qué me había acostado con aquel hombre la noche anterior?
—Demonios, demonios, demonios… —dije con ganas de lanzar todo lo que había en aquella habitación. Sin quererlo terminé sintiéndome un poco herida. ¿Por qué él no había dicho que tenía novia? —yo no me hubiese acostado contigo, si me hubieses dicho que tenías novia puto…
Mientras estaba en medio de mi ataque de ira y pánico recibí un mensaje de Rocío.
Rocío: Creo que es mejor que nos vayamos amiga. Sal discretamente! Te espero afuera :P