Un mes después la policía no consiguió dar con mi psicótico acosador. Las cartas habían desaparecido por completo y a pesar de que debía estar satisfecha por eso yo no me encontraba de ese modo, traté de permanecer tranquila pero se me hacía imposible. Mi malhumor había crecido al punto de que había terminado por decirle al policía que estaba cuidándome que no lo necesitaba ya. El acosador de las cartas había desaparecido sin dejar rastro y estaba muy segura que no volvería a saber de él. Y aunque no lo admitiría ante nadie le echaría de menos, de una forma enfermiza, bien lo sabía. Mi vida volvió a la rutina que conocía pero sentía una opresión en el pecho que me decía que algo me faltaba. Ese día me vestí de una manera provocadora que hacía voltear a todos los hombres en la calle oc

