— ¿A donde me llevas ojitos de aceituna? — dice él mientras busco donde estacionar el auto. Aunque no vivo muy lejos de aquí, ya es algo tarde para andar caminando solos. — Amor, ya te he dicho que no son de color aceituna — digo divertida cuando termino de estacionarme. — ¡Si lo son! Y son los más hermosos que he visto jamás, con esos matices en verde y café, tan únicos, como tú. — me mira de una forma tan hermosa, esa mirada llena de amor y ternura que siempre hace mi corazón enloquecer. — ¡Ugggghh! ¡Te amo tanto mi monumento Inca! — me lanzó a sus labios exigiendo un beso tierno que corresponde con todo el amor del mundo, acaricia mi mejilla mientras me ve a los ojos. — No se que hechizo hiciste en mi, pero estoy loco por ti. — siempre sabe como derrumbar las barreras de mi cora

