14. No quise herirte Giselle —Deja de morderte las uñas. —Stella se acerca y me da un manotazo suave en la mano, mirándome con reproche. La verdad es que si no hubiera mandado a Matteo por mí, no sé qué hubiera pasado. Quizá habría terminado diciéndole todo, o peor… quedándome paralizada, dándole la razón en su desprecio. —Pero me reconoció, Stella… estoy segura. —La angustia aprieta mi pecho, siento la voz quebrarse en mi garganta. Todo lo que dijo Justin, cada palabra, cada gesto, me hizo darme cuenta de que estuve a un paso de ser descubierta. —¿No le dijiste del embarazo? —pregunta con cautela. Niego despacio, mientras mis manos, de manera instintiva, se posan sobre mi vientre. Una caricia, como si pudiera protegerlos no solo del mundo, sino también de la tormenta que llevo dentr

