Abro la boca recibiendo su lengua, misma que danza con la mía, el calor me avasalla tempestuoso cuando su mano no deja de masajear mis pechos y procede a romper las tiras de mi vestido como una fuerza brutal que me saca un jadeo de impresión. Se separa de mi boca dejándome respirar y pasa su lengua por mi mejilla hasta mi cuello bajándola a las montañas de mis pechos que se mueven por mi respiración acelerada. Mis manos se alzan a sus brazos y mis uñas se encajan en su piel por la tensión que explota en mi cuerpo y que no puedo controlar. «No te puedes entregar al monstruo, eres más valiosa que esto» pasa mi mente el pensamiento de detenerle o siquiera intentarlo. Su ebriedad es la que lanza alarmas a mi cabeza, porque su falta de control solo podría hacerme más daño del que ya me ha hec

