Adriana se preparó mentalmente para lo que sería su primer desayuno en la finca como la esposa de Gabriel. Se supone que su estatus no alteraba en nada, lo que para ella era algo habitual. Creció en la finca y compartió la mesa con Agustín, Delia y Gabriel. ¿Qué había cambiado? Adriana se llevó los dedos para tocar sus labios. El beso de anoche lo había cambiado todo. Bajo las escaleras no quería hacer esperar a sus suegros, eso también había cambiado. Sonrió, esperaba que este año pasara con prisa y luego todo lo que ocurriera se convirtiera en un recuerdo simplemente.
—Adriana, querida —Delia estaba al final de las escaleras con una bandeja de café
—Buenos días Delia, deja te ayudo —Adriana cogió la bandeja de las manos de Delia, para caminar hacia el comedor, donde Agustín y Gabriel esperaban.
—Buenos días Padrino, buenos días Gabriel —saludó con una sonrisa. Tratando de olvidar lo sucedido con Gabriel, la noche anterior.
—Buenos días Adriana —Agustín saludó con una sonrisa.—¿Por qué saludas a Gabriel, cuando han pasado la noche juntos? —Adriana sintió, sus mejillas arder por el comentario de su Agustín.
—Salí a cabalgar muy temprano papá, Adriana aun dormía —la respuesta fue rápida por parte de Gabriel, quien evitó mirar a Adriana.
—Aun no comprendo porque se negaron a ir de luna de miel —Delia se sentó a la derecha de su esposo.
—Fue un acuerdo mutuo Delia, tengo algunos cuadros que terminar y tengo fecha exclusiva de entrega. Iremos después —Adriana mintió, no había cuadros que entregar, ni contratos.
—Cuando mi nieto llegue, deberás dejar de pintar al menos unos meses —Adriana sonrió, lo único que quería era levantarse y salir, buscar refugio en la soledad de su cabaña.
—Apenas nos hemos casado ayer mamá
—Bueno y quien asegura que no han encargado a mi nieto en su noche de bodas —Delia ignoró la molestia reflejada en el rostro de Gabriel.
—No hemos hablado de hijos Delia, llegarán el día que tengan que llegar —Adriana tomó un sorbo de café, incapaz de pasar bocado.
—Deja de incomodar a Adri mamá —Gabriel espero que Adriana lo viera, pero ella no se molestó en levantar la mirada.
Había sido él, quien se había equivocado la noche anterior. Aún no podía comprender que le había llevado a actuar de aquella manera. Adriana era su amiga, su mejor amiga, la única mujer que podía estar a su lado sin pensar en meterse a su cama. Era él quien pensó en ella de aquella manera, fueron sus manos quienes acariciaron la suavidad de su espalda, fueron sus labios quienes profanaron su boca.
—Tengo que marcharme, James llega al medio y le he prometido que ir por él, a la estación de autobuses en el pueblo
—¿James? —Gabriel no puedo evitar apretar los dientes ¿Era el mismo tipo del otro día?
—Sí, creo que escuchaste nuestra conversación el otro día, viene a pasar sus vacaciones —Adriana se puso de pie, quería salir de la finca y tomar aire fresco. La visita de James llegaba en el mejor momento. Justo cuando ella más lo necesitaba.
—Espera Adriana —Gabriel se puso de pie. —Te acompañare, quiero hablar contigo —Adriana no puedo negar, asintió y caminó fuera del comedor. No quería pasar tiempo a solas con Gabriel, no deseaba recordar lo ocurrido la noche anterior. Pero lo conocía mejor que nadie, y sabía que no dejaría pasar el momento para recordar que lo ocurrido solo había sido un error.
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Caminaron en silencio un largo tramo, hasta llegar al auto de Adriana.
—¿Necesitas algo? —Gabriel la miró a los ojos por primera vez esa mañana
—Yo… yo lo siento Adri, no sé qué me sucedió yo…
—No te preocupes Gabriel, estoy bien, no soy una mujer frágil —Adriana abrió la puerta del auto, quería marcharse cuanto antes.
—Aun así, siento que actué mal, somos amigos Adriana y no quiero perder lo que hay entre nosotros por un error —ahí estaba la palabras que Adriana no quería oír.
—Tú lo has dicho, es un error al que no debemos darle importancia, estoy bien, no te preocupes. Ahora tengo que marcharme, no quiero hacer esperar a James —subió a su auto, pero no llegó a cerrar la puerta, la mano de Gabriel se lo impidió.
—¿Qué ocurre? —Adriana preguntó con una ceja levantada, al ver el rostro serio de Gabriel.
—Iré contigo —cerró la puerta y rodeó el auto, para subir al lado del copiloto, dejando a Adriana sorprendida.
—¿Quien dijo que quiero llevarte? —bromeó, para apartar los pensamientos de su mente. Estaban en el auto, solos y el aroma de Gabriel golpeaba sus sentidos, por mucho que dijera, ese beso lo había cambiado todo ya no podía pensar en Gabriel solamente como su mejor amigo.
—Eres mi esposa, no quiero que se hagan una idea equivocada de ti, si llegan a verte con otro hombre que no sea yo —Adriana no había pensado en eso, debía darle un punto por eso.
—No me preocupa lo que la gente pueda pensar de mí. Pero si lo que verdaderamente te preocupa es que tu orgullo de esposo se vea herido, puedes venir. Solo te advierto James es un hombre de ciudad, sensible, no lo trates de mal —la advertencia de Adriana no le sentó nada bien.
—¿Lo quieres? —Gabriel se mordió la lengua, para no preguntar más
—Lo quiero y mucho —Adriana encendió el auto, prendió la radio y condujo fuera de la finca. Rezaba porque Gabriel no dijera una sola palabra más.
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—¿Qué harás? —Ágata, camino de un lado a otro.
—No lo sé Carmina, pero quedarme no puedo, ¡Están buscándome! —gritó desesperada.
—Tú te lo has buscado, no tenías por qué robarte ese vestido y las ¡Joyas! Era evidente que se darán cuenta, no fue una ni dos Ágata, ¡te llevaste un lote completo! No sé cómo has sido capaz de tanto —Carmina se sentó sobre el viejo catre, cuando recibió la llamada de Ágata para pedirle ayuda, no tenía idea de la magnitud del problema.
—Deja de echarme en cara el error que cometí, no necesito esto Carmina, necesito que me ayudes a pensar. Debo escapar, no puedo dejar que me atrapen, Gabriel se enteraría de la verdad y no puedo permitirlo.
—Vete con Gabriel al pueblo —Ágata detuvo su caminar.
—¡Se supone que estoy en el extranjero!, no puedo simplemente llegar así como si nada —Carmina se puso de pie.
—Si no quieres ir a prisión, no tienes otra opción Ágata ¿Qué hiciste con las joyas? —Carmina no quería verse involucrada pero indirectamente era cómplice y podría incluso ir a prisión.
—Las vendí y el precio fue casi nada — se pasó la mano sobre sus rubios cabellos.
—¿Las regalaste? —Carmina no podía con la estupidez de su amiga.
—No tenía manera de comprobar que eran mías, fue lo mejor que pude conseguir —Ágata había cometido un error que podría bien arruinar sus planes o hacer que fueran un poco más de prisa.
—Le daré una sorpresa a Gabriel —sonrió ya con la cabeza más fría. Después de todo solo tenía que convencer a los padres de Gabriel, de ser la mujer perfecta para él.
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—No sé porque presiento que nos hemos equivocado Agustín, no quiero que Adriana sufra por culpa de nuestro hijo — Delia, observó a través del ventanal, hacía dos horas que se habían marchado y aun no estaban de regreso.
—Tampoco quiero que Adriana sufra, es una mujer fuerte y muy capaz de meter en cintura a nuestro hijo, no tengo dudas que Gabriel está enamorado de ella y solo está deslumbrado por Ágata. Solo espero que se dé cuenta a tiempo y no cometa un error.
—Yo lo estoy deseando tanto como tú —Delia se alejó del ventanal.
—¿A dónde fue Simón? —Delia, casi olvido que su sobrino, no estuvo presente en el desayuno.
—Lo envié a la ciudad Capital, necesito algunas cosas, es todo —Delia asintió.
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—¿Cuánto tiempo más durará tu amigo en llegar? —Adriana rodó los ojos, era la vigesimoquinta vez que Gabriel preguntaba lo mismo.
—No lo sé, el autobús tuvo un desperfecto mecánico por Mazatenango, si estas aburrido de esperar puedes irte —Gabriel la miró como si tuviera dos cabezas
—¿Irme? —Adriana sintió
—No estamos de luna de miel Gabriel, debes trabajar, dentro de un año espero tener la mitad de una finca próspera, pero si continuamos, como hasta ahora, dudo mucho que tenga algo —Gabriel entrecerró los ojos.
—Sólo tomé un pequeño descanso Adriana, no es como si estuviese de vago todos los días —Adriana se encogió de hombros.
—¡James! —Adriana gritó, al ver a su rubio amigo, bajar del autobús, por discutir con Gabriel, no se había dado cuenta que había llegado.
—¡Preciosa! —James sonrió apenas Adriana llegó a su lado. La estrechó entre sus brazos, bajo la atenta mirada asesina de Gabriel.
—¡Dios, estás hermoso! —Adriana exclamó feliz, hacía meses que no se veían.
—Gracias cariño, tú no te quedas atrás, eres la mujer perfecta —sonrió, hasta que Gabriel carraspeo detrás de ellos.
—Perdón, James te presento a Gabriel Esquivel, mi a…
—Su marido —Gabriel tomó la cintura de Adriana, en un abrazo posesivo
—¿Tu marido?...