Después de pasar la mejor semana de sus vidas en la cabaña, rodeados por la naturaleza, emprendieron el viaje de regreso a la finca, de regreso a la realidad. Adriana afortunadamente estaba viviendo un embarazo sin molestia, podía comer de todo y nada le provocaba náuseas, algo que de alguna manera le había hecho ganar un poco de peso. Gabriel se abstuvo de hacer comentario alguno al respecto, no deseaba enojar a Adriana con un tema sin importancia, él estaba enamorado de ella, de su alma, de su carácter, lo demás era adicional. —Bienvenidos —Delia salió al encuentro de la pareja, totalmente feliz de haber apartado a Ágata del camino de su hijo. —Gracias mamá —Gabriel besó la frente de su madre, antes de volverse, bajo las maletas y la hielera con peces frescos para su madre.

