Gabriel aseguro el área para evitar visitantes. Los habitantes de la montaña no eran peligrosos; pero una vez lograban olfatear la comida, difícilmente marcharían y estarían rondando todo el tiempo. —Ven a comer se enfría el pescado —Adriana llamó, Gabriel había salido de pesca al río y había logrado una buena ración, guardó unos cuantos en la hilera para cocinarlos al amanecer, esperaba alargar su estadía en el lugar. —Enseguida cariño —subió a la pequeña cabaña, totalmente feliz de tener a Adriana para sí, no iba a compartirla con ningún amigo o modelo. Era muy consciente de la estrategia empleada por su madre; pero eso no evitaba el malestar de ver a Rafael prestarse al juego, ser amenazado por un hombre, no había sido nunca un problema porque la mujer no era Adriana. Ahora era

