Los rayos de sol se filtraban por la ventana, Adriana, se tapó el rostro con las sábanas. Los recuerdos de la noche anterior llegaron a su mente, las palabras de amor de Gabriel, le hicieron sentir poderosa. Su corazón latía tan fuerte que temía que se le saliera del pecho. No quería abrir los ojos y darse cuenta de que solo había sido un sueño. —Abre los ojos, bonita —Gabriel susurró muy cerca de su oído, un susurro que envió un nuevo escalofrío por toda su columna vertebral. Cielos parecía no quedar satisfecha nunca, ¿Era adicta al cuerpo de su marido? Tenía la seguridad de que era así. —Quiero dormir un poco más —mintió, tenía deseos de abrir los ojos y entregarse de nuevo la pasión que solo Gabriel era capaz de despertar en ella. No es que tuviese otras experiencias, en realida

