Capítulo 5

2629 Words
Días después, Khojin se enteró de que el kagan se estaba preparando para entrar en la montaña Mongke ese día en compañía de toda su familia. En un principio el hombre le había negado el permiso para ir con él, pues alegaba de que la comandante Yuezhi todavía estaba enferma, pero tras la insistencia de Khojin, el kagan no pudo seguir negándose y finalmente accedió a dejarla ir también. Ni el kagan, ni el clan Eljigin, ni Khojin se imaginaron lo que sucedería en el interior de la residencia de Bore Tseren. La montaña Mongke no solo recibió la visita de un clan mongol, sino de muchos mercenarios y asesinos que buscaban la protección de un nuevo líder. La impresión que Khojin se llevó de la liga Changhaan fue inesperada. Internamente reconocía que estaba muy bien administrada y que era equivalente a una tropa élite de soldados. Su conocimiento sobre la liga era muy generalizado. Ella sabía lo que todo el mundo sabía; que la liga era poderosa y que su líder era pragmático, que los mejores hombres ocupaban los primeros diez lugares de la orden Changhaan y que la lista de talentos se actualizaba mediante intensos combates. Khojin nunca imaginó entrar al lugar en el que se escondía Bore Tseren, ni tampoco esperó entretenerse con los combates que allí se realizaban. El lugar de alguna forma le parecía acogedor. No era ni una pizca como se lo había imaginado. No era una cueva oscura, llena de rufianes, que se peleaban a cada hora, todos los días, sin distinción. A Khojin le fue difícil aceptar que aquella liga era fantástica y que no tenía nada que envidiar a un regimiento entero del ejército. En compañía de su asistente de armas, Khojin recorrió las construcciones ubicadas en el corazón de la montaña. Y mientras recorría el lugar no paraba de sorprenderse y suspirar por la belleza rustica que tenía. Era algo que Khojin no podía explicar a ciencia cierta, pero aquel lugar parecía perfecto para vivir. —Comandante, ¿por donde empezaremos a revisar? Khojin estaba un poco desubicada. Ya no estaba al lado de la caravana de hombres mongoles de su abuelo, que habían subido la montaña Mongke. —No lo sé, tal vez lo mejor que haremos es buscar al gran khan —sugirió débilmente—. No comprendo mucho este lugar, pero me gusta. —Es magnífico, comandante. Khojin observó por encima de su cabeza para observar las montañas de color verde que se extendían hasta el rozar el cielo. «¿Cómo Bore Tseren hizo este lugar?» pensó «¿Cómo se hizo a sí mismo?» —Vamos a buscar al gran khan —ordenó mientras le daba una ultima mirada al lugar. Khojin logró ubicar a su abuelo y pronto siguió caminando tras la caravana, estando pendiente esa vez de no perderse y no de observar las construcciones de Bore Tseren. Finalmente, la caravana se detuvo. Khojin observó intrigada lo que sucedía en la cabecera de la incursión, allí donde iba el gran khan montado en su caballo. Luego supo que se trataba del señor Silun, un hombre raro y de personalidad extrovertida… Un personaje inquietante. —¿Quién es ese hombre? —preguntó a su Gerel—. Nunca lo he visto por aquí, en la estepa mongola. —¿No lo conoce? —inquirió Gerel con sorpresa—. Tal vez si lo conoce, comandante. —Si lo conociera lo reconocería. —Comandante, él también es conocido como la mano derecha de Bore Tseren. Su hija… Bueno, ella se suicidó en una fecha cercana a la muerte de su prometido, el joven Nekhii. Khojin recordó el rostro del hombre. Le sorprendió verlo más viejo y acabado. Los años habían pasado sobre él sin haberlo tratado bien. —Se decía que eran conocidos. Ese hombre incluso acudió a ver al gran khan para pedir una audiencia, pero le fue negada. Eso fue lo que alguna vez escuché. —¿Ese hombre es el padre de la señorita Bulga? —Sí, es él. Khojin siguió observando en silencio, como queriendo conocer al hombre a través de su mirada indiferente. De repente, el hombre retrocedió y sus miradas se cruzaron. Khojin percibió una especie de templanza en su mirada, tal vez algo más parecido al rencor… ¿Por qué presentía que nada era coincidencia en ese punto? —Señorita Bulga —susurró débilmente. Las sospechas tomaban más fuerzas en contra de Bore Tseren o los miembros de su liga—. Ese hombre es sospechoso de la muerte de Neckii. —Sí, yo también lo creería. Khojin observó al señor Silun en silencio. Luego, regresó la mirada a Gerel. —¿Qué más sabes respecto a ese hombre? —No se sabe mucho de él desde que su hija murió. Pero sé que estuvo al lado de Bore Tseren antes de la muerte de la señorita Bulga. Khojin asintió. También llegó a escuchar aquel rumor. Si todo tenía sentido, entonces la señorita Bulga se suicidó al saberse deshornada por su primer amor. Había mucha tela por cortar. La comandante Yuezhi estaba segura de que debajo de la apariencia tranquila y extraña del señor Silun se escondía algo misterioso. Ella pretendía saber qué era. […] La mañana era hermosa. Khojin se despertó rápidamente del lecho, observó el lugar queriendo adaptarse. Sonrió levemente. En poco tiempo, la comandante Yuezhi se vistió con sus pantalones anchos y albornoz n***o. El día anterior no había tenido la oportunidad de conocer a Bore Tseren, tampoco de dejar que la señorita Gerel investigara en la residencia principal ubicada en el centro de la montaña Mongke. Al rato, Gerel entró a la habitación y le sonrió levemente. —Comandante, debe apurarse. Bore Tseren por fin se presentará. Khojin terminó de enjuagarse el rostro y salió apresurada del lugar mientras la mujer la seguía. Ambas caminaron por las instalaciones hasta llegar a la sala principal de la residencia. Allí se encontraba el abuelo de Khojin, sus tíos y sus primos, a excepción de Khutulun, que debía estarse recuperando de su herida. —Presento mis saludos, kagan —saludó Khojin en cuanto ingresó a la sala y vio a su abuelo sentado. El kagan le sonrió en respuesta. Khojin regresó en silencio y se dedicó a esperar la entrada de Bore Tseren a la sala. Esperó durante un rato, que le pareció la misma eternidad. Cuando se trataba de tener paciencia, Khojin no era la mejor, pero hacía su mayor esfuerzo. Finalmente, Bore Tseren entró a la sala. Khojin puso sus ojos en el hombre desde el momento en que puso un pie en la sala. De alguna manera, aquel hombre le rodeaba el misterio, y ella era curiosa por naturaleza. Bore Tseren caminó con elegancia y firmeza. Tenía el andar de un príncipe… y mientras andaba hacia ellos, Khojin no dejaba de pensar que era una lastima que no tuviera un estatus verdaderamente alto. El hombre iba vestido completamente de n***o. Además, en su rostro llevaba una mascara que tenía grabada la cabeza de un león. Khojin no entendió la razón por la que él escondía su rostro. Todos querían recibir un reconocimiento, ser famosos por sus heroicas acciones. —¡Saludo al gran khan! —saludó el hombre con respeto—. Soy Bore Tseren, y estoy agradecido de que haya venido a mi humilde hogar. El gran khan sonrió complacido. —¡Este lugar es muy fascinante, Bore Tseren! —exclamó el kagan—. Pero tienes puesta una máscara con tal de esconder tu rostro… ¿Cómo podría yo reconocerte? —Gran khan, no quería ofenderle usando esta mascara en su presencia, pero tampoco quería que usted viera la fealdad de mi rostro —explicó con voz ronca y rasposa—. Sufrí un accidente hace muchos años y mi la mitad de mi rostro se ha desfigurado. En la estepa, el honor se debe conservar y yo lo hago al no avergonzarlos con mi defecto. —Es entendible que un hombre tan famoso como Bore Tesen quiera mantener su honor, ¿es así? Khojin le observó fijamente. Aquella afirmación había sido una clara incitación, pero ella no se amedrantó. Al contrario, incluso le sonrió entre dientes, retándolo a responder. —Usted tiene razón —se limitó a decir él. Ambos se miraron. Khojin alcanzó a ver un brillo extraño en sus ojos grises y por un momento se sintió dentro de un déjà vu. El resplandor de las nubes perdió color, ella misma había perdido el color. Asustada por sus pensamientos, dejó de observarlo. Hubo silencio. A Altai tegim no le gustaban los silencios incómodos así que se propuso a eliminarlo. Empezó a hablar otra vez, llamando la atención otra vez de la líder de la fortaleza Yuezhi. —He oído que la comandante Yuezhi ha estado peleando contra los c h i n o s, ¿no es así? Khojin dejó de mirar el suelo y observó al hombre. En su mente, trataba de encontrarle un orden a los pensamientos que la atormentaban, trataba de regañarse a sí misma. Pero, esa voz… —Así es —respondió con seriedad—. Defiendo la fortaleza Yuezhi… —Su labor es heroica, comandante —dijo con voz suave, como la caricia de una pluma. Khojin se estremeció. Le observó a los ojos y en ellos pudo notar un toque de picardía. Su corazón latió acelerado. Una mirada antigua volvía a reproducirse en su cabeza… ¿Podía ser...? De repente, se obligó a dejar esa lógica absurda. Su cabeza simplemente estaba divagando. —Sé que me salvó cuando fui atacada, así que quiero agradecerle —dijo tras el silencio, que permitió su escrutinio—. Muchas gracias, Bore Tseren. Él sonrió. —Fue un placer, comandante. Khojin volvió a bajar la mirada… ¿qué le sucedía? Era la comandante de un numeroso ejército, pero de repente se encontraba siendo intimidada por un simple plebeyo. Sin poder aceptar el poder de Bore Tseren, volvió a enfrentarlo con su mirada. Hubo un largo e incómodo silencio. Ambos se observaron fijamente, como si de una competencia se tratara, y el que bajara o desviara la mirada era el perdedor. Khojin nunca perdía. Y no perdió. Finalmente, él desvió la mirada tras percibir que todos los estaban observando. —¿Qué opinan de los talentos de la liga? —preguntó Altai tegim tras el silencio—. Dentro de poco iniciará la competencia del numero dos de la lista, ¿quieren ver? Khojin carraspeó, logrando llamar la atención de todos. —¿Quién es el numero uno? —preguntó—. ¿es usted? —Es un secreto —respondió con una sonrisa socarrona—. Y no, no soy yo. Khojin desvió la mirada y se esforzó por no volverlo a mirar. Poco después, dos hombres entraron al lugar para rendir saludos al Kagan. Luego, Altai tegim instó a sus invitados a salir hacia el patio, un lugar impresionante e infinito. Khojin había estado por ahí junto a Gerel. Mientras todos salían de la sala la señorita Gerel se perdió sin que nadie más la viera. Debía encontrar algo que vinculara a Bore Tseren con la muerte del prometido de la comandante Yuezhi. Al otro lado de la residencia construida en medio de la montaña, una batalla estaba por empezar. Khojin estaba muy intrigada así que no pretendía perderse aquel legendario combate. Khojin se hizo junto a la multitud que se agrupaba alrededor de los dos hombres para ver mejor la escena. Tenía muchas expectativas y definitivamente fueron superadas. El combatiente numero dos era excepcionalmente fuerte y preciso en cada uno de sus movimientos, y su retador a pesar de ser mucho más chico podía complicarle la pelea en cualquier momento. —¿Quién es el retador? —preguntó a la persona que estaba a su lado. Era el líder de la liga. —No lo sé, es un retador —respondió con simpleza y sin mirarla. Khojin se sobresaltó al saber que era él quien estaba al lado suyo. No lo miró, porque él tampoco la estaba mirando. Optó por quedarse callada y observar en silencio como se desarrollaba el combate. Finalmente, el retador cayó al suelo. No volvió a levantarse, lo que indicó la victoria del número dos de la liga. A Khojin no le sorprendió el resultado. Para ella había sido obvio el ganador desde que había visto las habilidades de cada uno. Sonrió al notar la algarabía que habían formado los demás integrantes de la liga de Bore Tseren. —¡Este es el ganador! —gritó Bore Tseren. Khojin sonrió. Se vio de repente sonriéndole a Bore Tseren. —¿Qué premio hay para el ganador? —preguntó Khojin con voz fuerte—. He de imaginarme que será recompensado. —El premio es pertenecer a mi liga, comandante Yuezhi —le respondió el hombre mientras le sonría con picardía. Khojin rio levemente. «¡Qué modestia, Bore Tseren!» Khojin regresó a la sala principal de la residencia para estar un momento a solas y calmar el latir de su corazón. Pero se encontró con el señor Silun en el interior de la sala. Khojin se detuvo y lo observó en silencio. no supo que decir o hacer frente a el hombre. Decidió que lo mejor era sentarse y ni siquiera mirarlo. —Comandante, espero que esté bien Khojin alzó los ojos para mirarlo. —Lo estoy. El hombre asintió mientras salía de la sala en silencio y con una expresión extraña en su rostro. Khojin no entendía por qué el señor Silun actuaba de esa manera tan misteriosa. Poco después, su abuelo y toda la caravana real mongola ingresó nuevamente a la salita. En sus rostros se veía la emoción que les generaba ver el poderío de la liga Changhaan. En ese instante, Khojin comprendió que Bore Tseren estaba tratando de despertar el interés del kagan Eljigin, se estaba autopromocionando para que el líder mongol se viera envuelto en la puja que varios lideres hacían por la liga. Supo que el líder de la liga la estaba utilizando para su propio objetivo. Khojin apretó los puños. Se enojó con él por haberla creído de tan poca intuición como para darse cuenta de que la estaba utilizando. —Comandante, es usted conocida en toda la estepa por la ferocidad con la que defiende la fortaleza Yuezhi del ataque c h i n o, ¿qué dice de mis talentos? ¿Cree que pueden pertenecer a un ejército? —preguntó Bore Tseren llamando su atención—. Es usted una maestra en las artes del combate, quiero saber su opinión. Khojin lo observó enojada. —¿Maestra del combate? —siseó entre dientes—. Tú eres el líder de la liga más poderosa de toda la estepa. Tus capacidades son excepcionales. Los aprendices bajo tu mando son expertos en el marcial. Pero yo solo soy una pobre oficial mongola, que lucha por sobresalir. Altai tegim alzó una de sus oscuras cejas y la observó con intensidad. A simple juicio, aquello podía ser un halago, pero él sabía que no lo era. De hecho, era un reproche sutilmente camuflado. Altai tegim sonrió complacido. Pensaba llevarla al límite. —¿Cree que usted pude derrotar a alguno de mis hombres? —preguntó de repente. El rostro de Khojin cambió de inmediato. Aquel hombre había puesto sobre la mesa la dignidad del kagan mongol, quien confiaba parte de su ejército a la comandante Yuezhi. Khojin hizo rechinar sus dientes. Estaba entre la espada y la pared gracias a ese bribón de Bore Tseren. —Por supuesto que puedo —advirtió con seriedad. Altai tegim la observó con intensidad. —¿Incluso a mí?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD