Georgina llegó al hospital y fue directo a la tienda. Compró lo que ella llamaba el kit especial de los niños enfermos: un par de almohadas porque todos sus hijos dormían con más de dos y en el hospital les daban solo una, sus confites favoritos (en el caso de Atlas, Skittles y gomitas ácidas), y un pijama cómodo, cobijas y medias porque no le gustaba que se expusieran a la corriente del aire acondicionado con los pies descubiertos. La mujer buscó información con respecto a su hija, pero no parecía estar internada en ningún lugar. Fue cuando vio al suegro de su hijo que logró obtener información. —Atlas está bien, solo tiene una muñeca un poco golpeada, pero sanará. Y Ralph... bueno, le están realizando unas pruebas. —¿Está herido? Ligeramente, tiene una contusión y ha perdido la memoria

