Abigail sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo ¿en qué momento ese hombre llegó a creer que podría retenerla en contra de su voluntad?
Él se veía bastante fuerte, intimidante y atractivo, aunque eso último era algo no tan importante, se veía por encima que era malo, que no tenía piedad de nada, la manera en la que hablaba, la forma en la que se encargó de acabar con esos hombres… todo eso dejaba ver lo posiblemente peligroso que podía ser.
Abigail comenzó a reír y luego lo miró fijamente tratando de colocar su cuerpo un poco hacia adelante. No le tenía miedo, no le iba a mostrar miedo.
—¿Quién te crees para decir que ahora soy de tu propiedad?
—Yo no me creo nadie, yo lo soy. Soy tu dueño y ahora tú me perteneces, al menos hasta que recupere lo que es mío. Hasta ese momento, no antes.
—¿Entonces estás asegurando que yo te quité algo tuyo? ¡No seas ridículo!
—Cuida esa boca porque no suelo tener paciencia cuando salen malas palabras de niñitas como tú… y creo que hasta ahora no nos conocemos como para darte una lección, me conviene tenerte viva.
—¿Me estás amenazando? Ni siquiera me conoces —ella gritó—. Primero aseguras que tengo algo que te pertenece y después me amenazas, que poco hombre eres, más te vale que me sueltes porque no sabes con quien te estás metiendo.
Él comenzó a reír, sacó de su bolsillo un pequeño cuchillo y lo puso en el pecho de Abigail que de inmediato comenzó a subir y a bajar. Él pasó aquel objeto a lo largo del pecho de ella haciendo que se alterara por completo. A Vladimir le gustaba jugar y en ningún juego él era la presa.
—Tienes razón en algo, tú no tienes nada que sea mío, pero el maldito Lombardo si lo tiene, y da la casualidad que en estos momentos eres el interés amoroso de él, entonces bien dicen que ojo por ojo se cobran las cosas. Yo estoy dispuesto a tenerte en mi poder hasta recuperar lo que me pertenece y él tiene que ceder ante mí si quiere volver a tener este cuerpecito entre sus manos.
—Yo no soy el interés amoroso de ese hombre, así que si la solución para recuperar lo que supuestamente te pertenece es tenerme aquí en contra de mi voluntad, estás cometiendo un gran error.
—Yo nunca me equivoco —él aseveró con intensidad—. Y haremos las cosas de la mejor manera y eso es a mi modo, por el momento disfruta del lugar y más te vale que te sepas comportar.
—¿Me quedaré aquí amarrada? ¡Eso es inhumano!
—¿Quién te dijo a ti que esto es inhumano? no creo que en tu vida conozcas la definición de esa palabra y por tu bien espero que no tengas que ver con tus propios ojos la manera inhumana en la que trato a los demás.
Vladimir se puso de pie y sin decir algo más salió de allí. Abigail intentó moverse, necesitaba soltarse… ahora su hermano estaba en grave peligro.
Mientras tanto, Boris estaba terminando de firmar unas actas para poder salir de la empresa. Él termina de guardar eso y agarra sus cosas, sin embargo, se sobresalta cuando la puerta se abre abruptamente.
—Señor Lombardo —Boris dice agachando su cabeza—. ¿Qué lo trae por aquí?
—¿Me engañaste pedazo de imbécil? —Boris abre sus ojos—. Me engañaste —Derek repite y tira una silla a su paso.
—No, le aseguro que no es así. Yo nunca he querido engañarlo, es más… gracias a usted mi hermana y yo no perdimos la empresa el semestre pasado.
—¿Tu hermana? te dije muy claro que estaba interesado en ella ¿te lo dije o no? —él grita, Boris mueve su cabeza completamente asustado—. ¿Entonces por qué no está aquí? no mejor… ¿por qué se fue con mi peor enemigo?
—¿Cómo que mi hermana se fue con alguien? ¿Con quién se fue?
—¿Eres idiota o qué? ¿no escuchaste? se fue con el infeliz de Volkob, ¿por qué? —Boris comienza a respirar con rapidez, nada malo le puede pasar a su hermana, eso no puede pasar.
—Estoy seguro que mi hermana no se iría por su propia voluntad, la conozco muy bien. Ella no conoce a nadie así. Por favor ayudeme a saber de ella, por favor señor Lombardo, se lo suplico, se lo ruego.
—No sé porque confié en ti. Si tu hermana no aparece en veinticuatro horas para estar a mi lado, te aseguro que serás hombre muerto. Y antes de matarte, me pagarás todo lo que te he dado, todo lo que te he prestado y todo lo que me debes al perder cada una de esas veces en el juego.
Boris y Derek se giraron cuando escucharon que alguien entró a la oficina. Vladimir estaba con un par de hombres detrás de él y a su lado, la secretaria de Boris completamente asustada.
—Señor, le indiqué que no podía pasar, pero… —Uno de ellos tapa la boca de la mujer mientras que Vladimir da unos cuantos pasos hacia ellos.
—¿Quién es usted? —tartamudea Boris.
Vladimir lo ignora por completo y pone su mirada en Derek, las armas se alzan por si cualquiera comienza a disparar.
—Por lo que alcancé a escuchar, me están buscando. Aquí estoy.
—¿En dónde está ella? —Derek cuestiona.
—Ella está en un mejor lugar —dice, Boris tapa su boca en completo pánico imaginando lo peor—. Tienes un día para que los contenedores vuelvan a su sitio Lombardo, porque de lo contrario la próxima vez que veas a Abigail será tres metros bajo tierra. ¿Te queda claro?