Capítulo 1

841 Words
21 de agosto de 2013 Ámsterdam, Holanda.     Lena   —¡Mamá, hay alguien en la puerta! —grito desde el patio con todas mis fuerzas al escuchar el timbre de nuestra casa sonar—. No me lo puedo creer.   Mi diminuto grupo de amigos ya estaba en casa para celebrar mis quince años y se suponía que mis padres y yo habíamos hecho un trato para que solo mis amigos estuvieran presentes, ya que no soy santo de devoción en mi familia, debido a mis pensamientos y creencias. Soy muy "liberal" según ellos.   —¿Quien más viene, L? —me pregunta Mikky curiosa.    Mikky Jansen, mi mejor amiga desde el jardín de infantes. También estaban Sophie Molenaar y mi vecino, Liam de Ligt. Los últimos dos son dos años menores que nosotras, pero la diferencia nunca se notaba. Todos vivimos en la misma urbanización desde pequeños y por eso siempre estamos juntos.   Somos el grupo más popular del colegio privado al que vamos, pero de populares de esos de películas no tenemos ni una pizca. Estamos un poco locos y adoramos hacer nuevas amistades. Eso sí, siempre somos los cuatro y siempre lo seremos.   Desde pequeños tuvimos esta extraña conexión y creo que Liam nos gustó a todas en algún momento. Ahora es casi novio de Sophie, pero así de unidos llegamos a ser a veces. La verdad no me imagino una vida sin ellos, sin mis tres mosqueteros acompañándome.   —Iré a ver, porque no escucho nada —les informo rodando los ojos. Deslizo el ventanal que separa el interior de la casa con el patio y entro a la sala de estar.   Mis padres, Crystal y Arjen Vanderwaal, estaban hablando animadamente con dos señores que no conocía. Además, dos chicos estaban observando todo a su alrededor, complemente desorientados.   —¡Nana, ven! —mi madre me llama al darse cuenta de mi presencia y me acerco dudosa a donde estaban los demás—. Te queremos presentar a nuestros amigos.   —Ella es Marjon Bakker, mi socia —la hermosa señora extiende su mano hacia mi y la tomo sonriente—. Él es John, su esposo y sus dos hijos, Noah y Luuk. Creo que Noah tiene tu edad.   El rubio más alto mira a su hermano castaño y luego me observa a mí, permitiéndome ver el hermoso color azul que se posa en sus ojos. Que ojazos que tiene el tal Noah, pienso.    El chico rompe el contacto visual de una y me doy cuenta de lo nervioso que está cuando se pasa la mano por su cabellera. Mis padres se llevan a los suyos a recorrer la casa y el pequeño Luuk se va con ellos, mientras Noah se queda frente a mí, sin saber muy bien que hacer o decir.   —¿Quieres venir al patio? Están mis amigos, así los conoces —le pregunto y este asiente tímido—. Ven, no mordemos, mira.   Tomo el brazo del holandés, que se sobresalta por lo confianzuda que soy, pero no pone ninguna excusa y se deja llevar hasta el jardín de césped artificial. No sé de donde saqué lo extrovertida, porque mis padres no llegan a mis pasaderas, pero me gusta ser así. Nunca estoy cerrada a conocer a nadie.   —Ella es Mikky Jansen, mi mejor amiga —señalo a la petisa rubia y esta alza su mano para saludar a Frenkie. Noto como lo observa detenidamente y ruedo los ojos por lo poco disimulada que puede llegar a ser—. Ella es Sophie Molenaar, mi otra mejor amiga y él es...   —¿Liam? Hola, hermano, ¿qué tal? —el par de chicos se unen en un abrazo de esos extraños que suelen darse los hombres y los observamos confundidas. ¿Y estos de dónde se conocen?   —No nos miren así, jugamos fútbol juntos, estúpidas —explica Liam sonriente.    Observo el dúo de futbolistas reírse sobre algo y una sonrisa se me escapa, imaginando en que, quizás, algún día se convertirán en ídolos mundiales en lo que practican y yo los tengo sentados en el patio de mi casa. Miro detenidamente al chico que acabo de conocer y noto que Noah parece un crío y no un adolescente por esa aura tierna y serena que tiene. ¿Que hago pensando en él?   Sacudo la cabeza alejando mis alocados pensamientos y descubro a Noah mirándome de reojo. Siento mis mejillas ruborizarse, pero no le presto mucha atención para que no me descubran ninguno de los presentes.   —¡Son las 11:11, pidan un deseo, rápido! —chilla Sophie emocionada y cruzando sus dedos.   Cierro los ojos e inhalo y exhalo repetidamente, pidiendo que mis siguientes cumpleaños fueran iguales a este.       — Mi cumpleaños número quince ha sido, probablemente, el mejor cumpleaños que he tenido y no es sólo por la cantidad indescriptible de regalos que recibí de parte de mis padres y amigos, sino por aquella dulce sonrisa y ojos azules que conocí y me cautivaron sin querer queriendo.    
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