Capítulo 2

1209 Words
14 de febrero de 2014 Ámsterdam, Holanda     Lena   Me levanto bufando como un toro al escuchar la alarma y al recordar que día era hoy, mi mal humor se incrementa. Cómo te odio, catorce de Febrero. Me baño rápidamente y hago todas mis cosas antes de ponerme el tedioso uniforme de la escuela. Ni siquiera me molesto en maquillarme o peinarme y bajo las escaleras a todo velocidad, encontrándome con la imagen de siempre, a mis papás desayunando.   —Lena, hija, quita esa cara, hay un día hermoso afuera —dice mi madre besando mi mejilla y ruedo los ojos—. Te hice panqueques con forma de…   —¿Corazones? ¿Es en serio, mamá? —Crystal asiente emocionada y decido no arruinarle su fiesta mental, porque a mi no me gustaría que me lo hicieran, así que solo finjo una muy linda sonrisa.    —¿Tienes planes para hoy con algún chico? —cuestiona mi padre y lo miro de mala manera—. O con una, no discriminamos.   —Oh por dios —murmuro con la boca llena—. No tengo planes, no tengo a nadie, me voy a morir sola, mejor me voy. ¡Los quiero, cuídense!   Agarro mi mochila del sofá donde la dejé tirada ayer y salgo con un panqueque en la mano y guardando mi agua en el bolso, causando que mi chófer se riera ante la escena. Seguro él sí que tiene planes para hoy.   Buscamos primero a Mikky que en dos segundos me cuenta lo emocionada que estaba por el día de hoy, mi cerebro me decía que era porque iba a pasar el rato con Frenkie. Al rubio lo buscamos de segundo, pero este ni siquiera se dignó a regalarme más que una sonrisa amistosa. Luego, Sophie y luego Liam, así completamos la travesía dentro de la urbanización y salimos con dirección a la escuela.   Hoy compartía la última clase con Frenkie y lo peor de todo es que somos compañeros de mesa, por pedidos exhaustivos del futbolista que terminaron convenciendo a la profesora. Ella suele dejarme sola siempre, porque soy la más avanzada del grupo.   El día se pasa volando y decido almorzar sola, en medio del jardín, sabiendo que así me evitaba ser dejada de lado por mis amigos y sus amores. Esperaba que por lo menos Frenkie me hablara en Química, pero se sentó a mi lado sin decir una palabra, ni siquiera me preguntó donde estaba. Mi molesta creció muchísimo más y le dije a la profesora que me sentía mal, que si podía ir a la enfermería, pero la verdad es que me fui a la biblioteca a esperar que sonara el timbre y pudiera ir de aquí.   —¡Nos vamos, chicos! —grito para que Sophie y Liam se apure y dejen de estar besuqueándose. Quería llegar a mi casa ahora mismo—. Caminen rápido, dale, dale, dale..   Me acomodo la falda del uniforme, molesta por su lentitud, mientras abro la puerta de la limusina que mis papás siempre mandan para buscarnos. Los pequeñitos del grupo entran rápidamente y entrecierro los ojos buscando al par faltante con la poca vista de lejos que me queda.   Veo venir a Noah y Mikky hablando animadamente y un dolor punzante se posa en mi pechos, ya empezaron los celos. Habían pasado casi seis meses desde el día que conocí a los Bakker y sin mentirles, los considero más mi familia que aquella con la que comparto la sangre que corre por mis venas.   Noah se ha convertido en mi confidente y tengo sentimientos encontrados por él. Por ejemplo, cada vez que lo veo hablando con Mikky o Soph, me pongo muy celosa, pero no creo poder decirle que quiero ser más que su amiga, porque sé muy bien que él no siente lo mismo que yo y eso me pone peor.   Jansen y Bakker entran al coche y los sigo inmediatamente, cerrando la puerta con mucha fuerza y ganándome las miraditas de todos. Me disculpo en voz baja y me acomodo en la ventana para observar el paisaje durante los diez minutos de viaje hasta nuestras casas.    Odio este día con todas mis fuerzas, odio tener clases en el día de los enamorados, odio los chocolates, odio los peluches, odio todo. ¿Se nota que soy una solterona que necesita un novio urgente? Por dios, soy una niña aún. ¿Que hago pensando en esto?   Suelto un quejido y ruedo los ojos recordando el calendario familiar y que mis padres no estarán en casa por una reunión de trabajo. Que lindo que es todo a veces, ¿a qué no?. Sophie pasará la tarde con Liam y de seguro, Mikky estará con Noah. Genial, estaré sola una vez más en un catorce de febrero.   Llegamos a la urbanización y como siempre, llegamos a la casa de Soph primero, donde Liam se queda por ser el día del amor. Ahora seguía la casa de Mikky y ya tenía preparada mi sonrisa falsa para cuando Bakker se bajara junto a ella y pasaran un feliz día, luego se casaran y tuvieran muchos hijos en un futuro y yo fuera la madrina. Blah, blah, blah.   —Nos vemos luego, Noah. Te amo mucho, L —dice la rubia y se baja en frente de su hermoso hogar.   La observo entrar y siento la mirada de mi acompañante en mí. Toso disimuladamente y abro mi mochila en busca de las llaves de la casa, mientras Noah le decía algo al chofer en susurros. Alzo la mirada y descubro que vamos a mi casa una vez que no cruzamos en la calle de la casa del rubio, pero no digo nada, porque quizás no tenga que pasar el día sola.    Abro el garaje con el control y me bajo corriendo del coche cuando estamos dentro, no quiero hablar con nadie. Le agradezco al chofer con un gesto y entro a mi dulce hogar, desesperada por ir a mi habitación a ahogarme en un envase de helado de vainilla y mirar todos los capítulos de Glee que tengo grabados por horas y horas.   Por un segundo me olvido de que Noah se había quedado en mi casa y es por eso que cuando lo busco en la cocina y no lo veo en ningún lado, decido ignorar ese detalle de que estaba aquí. Alzo los hombros y saco el helado y una cuchara gigante. Que comience el festín.   Subo las escaleras tartamudeando la nueva canción de One Direction y disfrutando de mi soledad en plenitud. Paso por el pasillo de habitaciones, me detengo en la mía, abro la puerta y mis ojos se van directamente al gigante arreglo de rosas que estaba en mi cama. Noah estaba parado al lado de semejante regalo.   —Gelukkige valentijnsdag, blondie (feliz día de San Valentín, rubia)       — Ese día, Bakker se quedó a dormir en casa (lo hice dormir en el sofá, claro está) y pasamos toda la madrugada hablando sobre nosotros y nuestras vidas, lo que le pedíamos al universo y lo que queríamos justo en ese momento. Éramos tan jóvenes y tontos que no nos dimos cuenta de que lo único que siempre íbamos a necesitar era estar juntos.
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