SANTIAGO
Siento que voy a explotar, este es el primer encuentro íntimamente cercano. Ya no quiero esperar más, quiero sentirme en su interior. Sé que le dije que no me gustan los doms que piden sexo en las primeras citas, pero ella es la excepción. Deseo hacerla mía, aunque será al revés. Yo no puedo tener el control. Es mi deber esperar a que ella desee tener un contacto interno, de otra manera, será desacato al contrato.
Trato de guardar la calma al momento de salir de la sala de descanso, todavía no estoy al cien. Me tiemblan las piernas y tengo el corazón acelerado.
Suelto una carcajada mientras me sostengo de la pared. ¡Esto no es posible! Parezco un puberto que ha tenido su primera vez.
—¿Qué es tan gracioso, cariño?
Aurora me sorprende y borra de mi rostro la sonrisa pícara que esbocé con emoción.
—¿No estabas ocupada? Te pedí que no vinieras a molestarme.
—Tengo hambre, vamos a comer algo. Vi un buen restaurante cuando venía para acá.
—Tienes dos piernas y no veo ninguna discapacidad externa que te impida ir tú sola.
—Cecilia nos está esperando.
¡Maldición!
Pongo los ojos en blanco, odio que esa mujer se meta en mi vida. Iré para decirle que se lleve a está loca de aquí, ya no lo soporto. Quiero dejarle claro que no me voy a casar con ella. Si me quiere despedir, entonces que lo haga, ya no me importa. Puedo vivir del cereal que Sahara me ofrece de su mano. Firmo un contrato de por vida con ella y ya está, no tendré que preocuparme por nada más.
Aurora me toma del brazo y caminamos juntos hacia el elevador.
—¿Por qué él está aquí? —le pregunto a la fastidiosa al momento de ver la estúpida sonrisa del pendejo de su primo.
—Cecilia lo contrató para que haga las decoraciones.
—Mi gente ya se está haciendo cargo de eso.
—Santiago, ha pasado un buen tiempo sin vernos.
—No el suficiente —murmuro.
—Me alegra ver que te encuentras bien —extiende la mano para saludarme.
Aprovecho la oportunidad para zafarme de Aurora, jalo mi brazo con fuerza y me suelto. Muy por la fuerza estrecho la mano con este imbécil.
—¿Por qué hay tanta tensión entre ustedes? —inquiere Aurora.
—Malos entendidos, prima. No te preocupes, pienso solucionar esto con un par de copas. ¿Por la noche está bien?
—No voy a salir contigo como si fuéramos grandes amigos.
—El pasado está en el pasado, amigo.
Subimos al ascensor.
Adrián Cornejo, un mujeriego imbécil que se aprovecha bastante bien de su rostro, cuerpo y posición social. Además de que es gran amigo de Ricardo y algo me dice que el tarado de Adrián sabe muy bien lo que le sucedió a Anna.
Subo a mi auto sin tener la cortesía de invitar a Aurora a subir. Hace un pequeño berrinche y decide irse en el auto de su primo.
Bajo primero del auto al llegar al restaurante. Entro y busco a la directora. No la veo por ningún lado.
Poco después entran Adrián y Aurora.
—¿Dónde está la directora?
—Ceci me envió un texto, tuvo un inconveniente, pero no tarda.
Eso me parece sospechoso, la directora no suele acudir a restaurantes de baja categoría y menos si tiene algún "inconveniente".
—Ya me voy.
—¿No piensas esperar a tu madre? Tenía algo que hablar con ambos.
—¿Y por qué lo traes a este? Si es una charla tan importante, no veo el motivo de la presencia de Adrián.
—No es personal, tiene que ver con la editorial.
—Me doy cuenta de que tú sabes más que yo de los movimientos de la directora conforme a la editorial, felicidades, lo estás haciendo genial.
—Soy tu futura esposa y futura directora de la editorial.
Nos acomodamos en una mesa para cuatro.
—Insisto que él no debe de estar aquí.
—¿Cuál es su problema?
—Una mujer —respondo con frialdad.
—¿Una mujer? ¿Ambos salieron con ella?
—No precisamente, prima. Ella era novia de Ricardo y mi querido Santiago estaba enamorado de ella.
—¿Quién es esa mujer?
—Está muerta.
Aurora se asusta.
—¿Muerta?
—Tristemente falleció en un accidente.
—O eso es lo que se dice, la verdad no estoy seguro de ello.
Adrián entorna los ojos, seguramente correrá a decirle a Ricardo acerca de mis sospechas.
—Fue un suceso lamentable, pero la vida sigue, hermano.
—Hablemos de otra cosa, no me gusta hablar de muertes. Todavía estoy sensible.
—La decoración va a quedar espectacular, la escritora Sahara tiene mucho talento. El mural es una gran idea.
—Por eso insisto que no necesitamos de ti, la decoración está a cargo de Sahara y estoy totalmente seguro de que va a quedar de maravilla.
—¿Por qué una escritora hace la decoración? No es su rama, además de que parece que le tienes mucha estima.
—¿Estás celosa? —piensa un momento su respuesta.
Suelta una carcajada.
—¡Por supuesto que no! ¿Cómo podría ponerme celosa de alguien como ella?
—¿Por qué no?
—Basta con ver a la pobre chica, ella no es... no es tu tipo, cariño.
—¿Según quién?
—Te conozco bien, querido. Te gustan las chicas bonitas, esbeltas y con buen gusto. Me preocuparía si ella fuera una modelo.
—Eso ha sido muy inapropiado de tu parte, prima. La escritora Sahara es muy guapa. Me gusta su sonrisa.
—No siempre tienes que ser amable, primo. Estamos en confianza. Esa chica no es rival para mí.
—Y no tiene que ser tu rival, concuerdo contigo. Dudo que Santiago ponga su atención en ella.
—Hablas con tanta seguridad, ¿qué sabes tú de mis gustos y preferencias?
—Ya pregunté por ahí y Sahara no sale con nadie, así que la invité a salir.
Me dejó sin palabras, es obvio que las cosas son al revés. Adrián es un narcisista y jamás se fijaría en serio en alguien como Sahara. Yo la encuentro particularmente suculenta, pero él no. Algo raro ocurre. Debo tener cuidado.
—¿Te ha molestado lo que dije?
—Es muy tu problema si quieres salir con Sahara, mientras no afecte a la editorial, puedes hacer lo que te plazca.
—¿Aceptó salir contigo, primo?
—Lo hizo, vamos a ir a tomar un café mañana por la tarde.
—¿Estás de broma?
—No. Es verdad, no te estoy vacilando.
—¿Cómo por? Ella tampoco es tu tipo.
—Ya me cansé de las chicas flacas y superficiales. Ella tiene cierto encanto en sus curvas y en sus caderas, sin mencionar el gran atributo que porta en...
—¡Cállate, qué asco! Si es una de tus perversiones, entonces hazlo y acaba con eso lo más rápido posible.
—Ya veremos, tal vez no sea solo una perversión. Uno nunca sabe, quizás el día de mañana se pueda convertir en tu prima.
—Ni loco harías eso.
—Ya no soy un jovencito como antes, ya va siendo hora de que busque algo estable y formal.
—¡¿Dónde está la directora?! —golpeo con fuerza la mesa.
—¿Qué te pasa, cariño?
—Esto es una pérdida de tiempo, me voy —me levanto y salgo del restaurante.
Estoy más que furioso, ese imbécil me las va a pagar.
Saco el celular y comienzo a escribir un texto:
Sahara_16:33.
¿Dónde estás? Necesito hablar contigo, deja lo que sea que estés haciendo y búscame afuera de la cafetería.
No puedo con la idea de que aceptó su invitación para ir a tomar un café. Sahara es mi ama y pienso hacer un berrinche como un perro celoso. No puede adquirir otra mascota sin mi consentimiento.
Enciendo el auto y voy directo a la cafetería "Mango".
Sahara tarda diez minutos en llegar, lo cual hace que me enfurezca todavía más.
—¿Pasó algo? —pregunta preocupada después de subir al auto.
—Ponte el cinturón.
—Bien, pero qué pasa.
Guardo silencio y conduzco velozmente hasta llegar a un hotel.
—¿Por qué venimos a un hotel? No es hora de cita, no lo he solicitado.
Me bajo y le abro la puerta. Le hago señas para que me siga.
—Ah, ya veo. No fue suficiente lo que pasó en la sala de descanso y ahora quieres más, ¿verdad?
Camina atrás de mí. Solicito una Master suite, la más cara de todas.
Subimos por el elevador hasta la habitación.
—Maldito malcriado, te voy a castigar por tu osadía. Me hiciste preocupar por nada —suelta su bolso y me acaricia las mejillas—. Perro travieso.
Me giro para evitar que me acaricie.
—¿Qué demonios te pasa? ¿Quieres que te castigue otra vez?
La ignoro, no pienso ceder hasta que me de una explicación. Es muy inteligente y puede descubrir por sí sola el motivo de mi furia.
Me sostiene con fuerza del cabello para obligarme a mirarla. Me abofetea con fuerza.
Bajo la mirada y aprieto los puños.
Me vuelve a pegar con más fuerza.
Sus golpes apagan la furia que llevaba dentro, me obligan a entender mi papel en su vida. Los celos no entran en nuestra relación, ella es mi Dom, pero es libre y puede hacer lo que le plazca en su vida privada.
—Otra vez, por favor.
—No te escucho, ¿qué dices?
—Golpee con más fuerza, por favor. ¡Se lo suplico! —le ruego.
—Desabrocha tu cinturón.
Hago lo que me pide.
Extrae el cinturón de un solo tiro. Me ordena con ademanes que me ponga contra la pared.
El primer azote es suave, parece que está calculado hacia donde golpear. Una lluvia de azotes me ayuda a controlar mis impulsos tontos y egoístas.
—¡Stop!
Se detiene.
—¿Te hice daño?
—No. Es suficiente por hoy.
—¿Te ocurre algo?
—Nuestras vidas privadas no deben mezclarse con nuestros juegos, ¿está claro?
—Eso ya lo sé, no entiendo por qué me lo quieres recordar.
—Solo quería que estuviera claro.